martes, 22 de noviembre de 2016

Ghost Blog: The Way of the Samurai.


Un samurái no piensa en términos de victoria o derrota, combate siempre hasta la muerte
Y.T.


Siento que no escribo hace mucho, mi labor de bardo y cronista cyberpunk se reblandece, me estoy volviendo paulatinamente más débil, a lo mejor el tiempo lo va tornando más y más mínimo a uno, como si con el tiempo uno se transformara en la síntesis de lo que alguna vez fue, la versión resumida, el abstract de uno mismo o a lo mejor es que he tenido menos tiempo de escribir porque he estado haciendo otras mierdas o quizá me encuentro en la etapa más cínica y pesimista de mi carrera, quién sabe. Yo trabajo de copero, copero freelance para ser riguroso, lo que implica que tengo que acomodar loza en aparatos plásticos donde va dicha loza, eso es todo el trabajo, no pagan mal y además hay ciertos eventos en que hay alcohol, como en los matrimonios o cenas institucionales, así que como mi labor es tan anónima, tan detrás del telón, es perfectamente realizable medio borracho e incluso hasta medio drogado, qué mejor. De cualquier forma, el rubro de los coperos es duro, yo siempre trato de interactuar lo menos posible con mis compañeros, lo mínimo humanamente posible, lo más cercano a que crean que soy mudo o que podría tener alguna leve deficiencia mental que me impide hablar fluido o algo parecido, pero incluso así me veo obligado a entablar conversación con mis colegas, tampoco es tan malo, sólo que a mí no me gusta, quiero conversar de otras cosas, además no quiero conocer gente nueva y aprenderme sus nombres y las mierdas que estudian, mi overol de copero es sólo un disfraz, adentro hay un corazón sensible, yo quiero hablar de películas de Pasolini y de poemas de Ezra Pound o de ovnis y razas de extraterrestres o del episodio de Los Soprano que más me gusta o sobre policías que son androides, de cosas que en verdad importan, ustedes saben. Extenuante es la labor del copero, así que luego de terminar mi trabajo me voy lo más rápido posible a mi casa, me baño y luego veo algo o sencillamente duermo. 

Una de esas veces, en alguno de esos regreso a mi casa después del trabajo, extenuado por la bota de la patronal, me puse a revisar la internet en busca de esperanza y empatía, fue en medio de eso que me topé con las palabras de una tuitera, ella decía que la peor parte de ser adulto era tener que saludar gente que uno no deseaba saludar, yo cuando lo leí me quedé pasmado, me dije a mí mismo: cómo es posible que de entre el infinito conjunto de actos que forjan la miseria de la adultez ella haya elegido el más nimio, el menos verdaderamente terrible. Habían tantas opciones peores, como trabajar para no morir de hambre e infamia, el siempre posible fracaso profesional, el entender que todo lo que creíste bueno y bello y a lo que te aferraste se desmorona para siempre sin posibilidad alguna de que puedas hacer algo para subsanarlo, el apremio del pasar de los años que nos acorrala progresivamente a la muerte, la natural decadencia, el tedio que debe ser trabajar realizando una actividad que te chupa el alma, la paternidad no deseada, la paternidad planificada, la imposibilidad de volver a ser niño, la tristeza cierta que te va a provocar la muerte de tus seres queridos, la angustia de la soledad mal entendida, la enfermedad, los sueños rotos. Habían tantas opciones, pero ella decía que saludar un par de idiotas en la calle era lo peor parte de abandonar la juventud, y saben, creo que quizá tenga razón, finalmente ella intentaba señalar algo más profundo, más intenso. Yo la verdad es que no saludo mucho a nadie en la calle, esencialmente porque soy un hueón de mierda y me da un poco de lata, es que en ese tipo de interacciones sociales todos dicen cosas súper fomes, sólo palabras de buena crianza, sólo vacío superpuesto con más vacío, cómo quieren que tenga el detalle de saludarlos si son tan execrablemente aburridos, nadie me detiene en la calle y me dice "Buenos días, Enzo, qué te pareció la progresión del conflicto en Prisoners, no consideras que tiene una cadencia parecida al desarrollo final de The wrestler o El cisne negro" y yo  de buena gana respondería ‘’Hola. Sí, muy buena observación, es que yo creo que las tres tiene mucho de Duel in the sun, las tres tienen alma de western”. Nada de eso pasa en la vida real, nadie tiene un mínimo gesto de sensibilidad con uno que está preocupado de los grandes temas y eso es lo que estaba tratando de decir la tuitera Pizarro, intentaba restablecer una premisa sartreana, porque el infiernos son los otros y saludar a tus compañeros de trabajo, saludar a tus compañeros de universidad, saludar a la interminable lista de congéneres de los que no te importa si están vivos o muertos, y no tener la libertad de mirar el piso, es el infierno, significa que la tierra se ha convertido en un loop infinito de "buenos días" y "cómo estás", significa que era verdad que el delicado arte de conversar está en extinción y que los blogueros somos guerrilla, soldados de una guerra ya terminada y en la que salimos perdedores hace mucho tiempo, somos como esos japoneses que a veces pillan en medio de alguna isla de Micronesia porque nunca se rindieron o porque nunca se enteraron que había terminado la segunda guerra mundial. Los tipos como uno, los blogueros de a pie, vamos transitando un camino más y más estrecho, los últimos ronin de un Japón imaginario, inexistente y perfecto, sin tiempo para saludos, sin espacio para detalles intrascendentes que el delicado silencio puede reemplazar. Cuando camino por las calles de esta ciudad sucia y desprovista de virtud voy con la actitud de guerrero bushin, con el orgullo de un miembro del grupo Shinsen, un lobo de Mibú, con la paciencia de un árbol espero la próxima conversación sobre películas de extraterrestres o algún animé cyberpunk.

sábado, 8 de octubre de 2016

42

He soñado con lobos
otra vez, en una nueva noche.
Cierro los ojos y aparecen.
Abro los ojos y aparecen.
Tres machos
me observan,
me enseñan sus dientes de color amarillo,            
me hablan, me llaman por mi nombre,
me dan órdenes, me apuntan con la nariz.
Yo los sigo, les obedezco, les converso.
Avanzamos por el bosque a una aldea.
Los lobos se vuelven locos,
lo salpican todo, incluso a los niños,
hasta que sólo quedan lobos.

Al final del sueño, uno me muerde el brazo,
la bestia muere y luego lloro,
entonces recuerdo que un lobo siempre es un lobo.
En esta parte, me levanto,
tomo agua y me lavo la cara.
Me acuesto a intentar seguir soñando con lobos,
retomarlos, pero no puedo,
se pierden para siempre en la nieve
y esa nieve parece una venda.
Yo quiero ver a los lobos,
que me muestren el camino
y no me dejen solo.

viernes, 7 de octubre de 2016

Cuatro Cuartetos.

1.- Yo nunca vi demasiadas telenovelas, igual tengo un buen compendio de escenas guardadas en mi corazón, siempre digo que mi favorita es Fuera de control, lo más Brian De Palma que se hará jamás en este sucio país. Como sea, me he fijado que todas las productoras como que transitan por los mismos procesos creativos, me refiero a una especie de estadios temáticos, por ejemplo, en el registro nacional llega a parecer irreal que se hayan realizado producciones casi como si los guionistas hubiesen escrito tomando en cuenta las ofertas de despegar.com, así que cuando bajan los precios para ir a Isla de Pascua sacan Iorana y cuando estaba barato ir a Chiloé se hizo La fiera y cuando, en el pick ya del éxito, se dieron cuenta que era buena idea ir a comprar cocaína directamente al norte aparece Pampa ilusión, obra que fue forjada gracias a los efectos de la falopa como todos sabemos. De cualquier manera, las producciones nacionales ya no tienen el brío ni la relevancia del pasado, fueron remplazadas en su momento por las telenovelas brasileñas y, saltándonos hasta la actualidad, son las teleseries turcas las que dominan el canon y solventan esa carencia. Cualquiera sea el origen de la serial, siempre se transita por estadios temáticos similares, lo que me hizo pensar que en el futuro probablemente sean las telenovelas coreanas las que dominen la programación, de hecho hay un grupo etario que actualmente ya las consume con entusiasmo, lo que torna todo muy surrealista es que como los estadios temáticos son casi siempre los mismos, voy a estar vivo para cuando se haga una versión japonesa o coreana de Romané, con gitanos con ojos rasgados, lo que me delira de sobremanera y espero con ansias.

2.- Vi los videos de una liceana que le pegaba a otras liceanas, no me informé mucho, pero la joven se llama Sigrid, lo que me parece sumamente curioso, porque es uno de los femeninos de Sigfrido. No me voy a extender contando el mito, es similar al de Aquiles, pero este héroe se baña en la sangre de un dragón y justo cae una hoja sobre su espalda, lugar donde va residir y resistir su mortalidad, de manera análoga al personaje griego. A lo que voy es que la niña es violenta y además pertinaz en su agresividad, ella retrata un poco la cólera de Aquiles, ella es la cólera misma, aparentemente indireccionada, pero yo lo dudo, ella tiene su Patroclo personal, la violencia no es tan innata como le gusta suponer a algunos. En fin, Sigrid, madre de los burgundios, estaba condenada a repetir la historia, porque los bárbaros doblegan a los romanos y Aquiles mata a Héctor, al buen soldado que se trasformaría en un arquetipo moral para pueblo latino. Me da la impresión de que toda la performance de la joven apunta a un lugar, nos muestra el contraste de la mortalidad contra el infinito, porque las patadas de Sigrid son patadas de resistencia a la muerte, ella busca su inmortalidad matando, como una especie de vampiresa espiritual, a su vez, devela la maldición en su ritual de sangre que le apareja inevitablemente sufrimiento, ella necesita de cíclica vehemencia y esto no le asegura absolutamente nada, sólo el infinito de la incertidumbre, que es la proyección del miedo propio y ajeno, en palabras sencillas: Sigrid va a morir igual, sólo que después de todos los demás, la última de la fila y no podía ser de otra forma, porque esa mujer ha sido colista durante toda su vida, nació y vivió entre los pobres y postergados, nació y vivió inmersa en la épica moderna, estaba predestinada a pisar sobre sus huellas.

3.- Ahora que todos se pusieron de acuerdo para amar a Fincher, es momento de hacer la contra  y de ponerse en la otra vereda, porque sin lugar a dudas Fincher se volvió moda, modita como hace no tanto era encontrar a la última Mad Max la quintaesencia del cyberpunk y que Miller había escrito el manual de corta-palos del género, así de moda modísima. Yo pienso que el director es un gran técnico y operador cinematográfico y audiovisual, además de un gran publicista, pero está muy alejado de ser un gran narrador o un autor integral. Creo que todo lo que ha hecho es un gesto de floración en el estiércol, su obra es como el cucumelo que saldría de la digestión de American graffiti y el cine de Hitchcock de los cincuenta. El hecho de adaptar un libro de ese charlatán pusilánime de Palahniuk evidencia su nula valoración del guion y la historia, porque el Club de la pelea no es más que un compilado de frases dizque nihilistas reconstruidas y anquilosadas chanchamente y luego yuxtapuestas con escenas visualmente muy llamativas, producto insigne de la onanística adolescente en búsqueda de aparente profundidad intelectual. Igual me gusta harto Se7en y Gone girl, pero leí el libro de la última  y lo encontré progresivamente más carente y naufrago, igual no dejaba de ser interesante, al igual que la obra de Fincher de la que no adjetivaría con algo superior a: simpático e interesante, a momentos sugerente. La experiencia Fincheriana es casi únicamente visual, en relato oscila entre lo torpemente pretencioso a lo derechamente vago y a veces hasta groseramente omisivo. Me reduciré a la crítica convulsa y no me referiré a que es el gran culpable del nacimiento de la tribu urbana de las Marlas y a la zozobra que le hizo pasar a Cate Blanchett que son las razones de donde brota mi recelo.

4.- No sé si conocerán la historia del Bello Marcelo, Panchito me la contó, o me esbozó la historia –es un don juan y estafador de adineradas mujeres maduras-. Me hizo pensar mucho, más allá de los paralelismos con Hors de Prix, que son evidentes, yo me acordé de uno de los escritores de Los detectives salvajes, el que se va a vivir con una mujer mayor a California, él era poeta, era un flaner de tomo y lomo, poco escribía y no trabajaba nada, no hacía un carajo, sólo estaba ahí, como testigo del tiempo, Bello Marcelo es un personaje muy similar, porque más allá de lo reprochable de su actuar, todo su comportamiento está dirigido a la supervivencia, no es que tenga una familia que alimentar o un amor real contrapuesto a sus astucias performáticas, no, él es todo el tiempo Bello Marcelo -100% real no fake, por decirlo de alguna manera-. Lo que trato de expresar es la complejidad de su situación, está ahí de testigo de una normalidad que conforma a los demás, pero que no es más que un juego ocioso para él. Quizá el Bello Marcelo es tan bello, tan hermoso, por su ambigüedad, se mueve como un funambulista entre la gente, entre los grupos más cachetones de nuestra sociedad, a fin de cuentas, Bello Marcelo es el testaferro de la fétida realidad que algunos se apuran por adjudicar como normal y correcta. Como dijo Rimbaud, la vida no es más que una farsa que todos debemos representar. Bello Marcelo es mala sangre, eso es cierto, pero por lo menos tiene sangre en el cuerpo, por lo menos no se rinde y eso es inspirador en tiempos como los nuestros, hueón.

viernes, 23 de septiembre de 2016

59

En el compacto mundo donde vivían todos ellos, resultaba difícil, a veces imposible, distinguir a un humano de otro humano. Todos se ven idénticos, predecibles, anodinos, hasta físicamente iguales, icónica igualdad es la que guardan, se decían entre ellos. Pues lo vano, lo pueril, su sosería infinita no era el problema, era otra cosa, el problema estaba en no poder encontrar a otro o a otros en ellos. Abominable situación la suya, la de los críptidos, la de los insepultos, por siglos, milenios, eones, vidas completas, inconmensurables flancos de tiempo, arrancando de un ameboide y despiadado enemigo, de una hostilidad informe y estúpida.


Vade retro noppera-bo. Vade retro homine. 

Rafael Garay, el último replicante.

De vez en cuando, un rayo de luz se materializa de la nada,
atravesando la pared como un fantasmal dedo exploratorio y se hunde nuevamente en la
nada.
S.P.

Llevo demasiado tiempo pensándolo, comentándolo con mis colegas blogueros, incluso antes de renunciar a la actividad coperil fui y se lo expuse a mis compañeros de labor, creo que le hablé una hora de eso a Pancho antes de desmayarnos de borrachos, cuando me llamó Pamela le di una lata eterna acerca del tema, pero es que a mí me deliran estas cosas. ¿Dónde está Rafael Garay? ¿En qué lugar perdido entre la frontera de Rumania y Hungría se encuentra? ¿Por qué necesitaba tanto dinero, por qué se paseó por la mitad de Viena con un abultado bolso color verde olivo? ¿Qué tenía ese bolso, por qué lucía tan pesado y a la vez tan frío, incluso inerte, sospechosamente estéril? ¿Es Rafael Garay una especie de Rimbaud, finalizará su viaje en alguna joven nación africana traficando marfil o como Dexter terminará en un aserradero después de ser absorbido por la tormenta? ¿Acaso Garay vio demasiadas veces Atrápame si puedes? ¿Es Rafael Garay la respuesta a nuestras plegarias por tratar de construir colectivamente una versión propia de Carmen Sandiego? ¿Este hombre canceroso, este hombre enfermo, nos genera fascinación a la vez que reproche por el hecho de que encumbra un relato al cual nuestras miserables y ramplonas vidas nunca podrán optar? ¿Qué es Rafael Garay, es economista de la Universidad de Desarrollo, es un vagabundo del dharma, un malhechor del oeste americano, es Billy the Kid o el antagonista de alguna película de Howard Hawks? Las respuestas se despliegan más deprisa que la mismas preguntas, porque el ex candidato es eventualmente un estafador y también, en algún universo paralelo donde Concepción posee la mayor concentración de ingenuos paletos progresistas, es el alcalde, el edil de una ciudad imaginaria, de un municipio infinito y ficticio, como una partida de SimCity o el ejercicio de despilfarro de tiempo que implica abrir un libro de ¿Dónde está Wally? ¿A dónde fue a parar el ingeniero oriundo de Concepción, fue un llamado numinoso al que atendió? A la mitad del mar negro, a la mitad de su vida y a la mitad exacta de su camino que en tierra se prolongaría por territorio soberano turco para posteriormente unirse a la resistencia kurda en Kobane y así acabar sus días fusilado por algún guardia fronterizo fiel a Erdogan, pero ese soldado notará la inverosimilitud de rasgos de la que Garay es dueño, el expresará primero en turco y luego en un prosaico inglés un quién eres y qué haces aquí, cómo fue a parar un hombre como él a este beligerante sitio, a esta crucial escena, pero de la boca de Rafael no saldrá ninguna palabra y en un torpe y poco veloz movimiento intentará meter su mano al bolsillo y en respuesta será fulminado por una ráfaga mortal de plomo, como una especie de San Sebastian futurista, caerá pesadamente en ese lugar donde el pavimento se une con la tierra, con la cara inundándose de arena, caerá, pero contrario a lo que el cabo creería, este chileno no iba a sacar un arma ni una granada de mano o detonar un explosivo, con su cuerpo en el suelo se develará abierto su certificado de soltero expedido por su embajada en Rumania, la última revelación, lo único que demostraba su calidad de poeta y bloguero, la única prueba de su performance se perderá en el desierto como lágrimas en la lluvia.


Abducido, perdido, muerto, maldito, refutado y desmentido hasta el asco, erigido como héroe y como villano por Martín Cárcamo, renovador del mito del judío errante, marcado como Caín, víctima de la yerra social. Sumergido en los mares dominados por las fuerza de autodefensa de Japón o la marina de Guam o la armada estadounidense, quién sabe, en un intento tan valiente como absurdo por hacer apnea en la fosa de la marianas, sumergiéndose más y más en la oscuridad. Los poetas, los blogueros, los artistas modernos y posmodernos somos Rafael Garay, escapistas y timadores obcecados por la belleza, nos hundimos en la fosa abisal como si cada vez fuésemos más y más pesados, hasta se siente la presión en el cerebro, con la sangre efervescente de nitrógeno, la lección que nos entrega el cyberpunk es que no es necesario matar a Dios ni siquiera parecérsele, porque finalmente no es necesario ser ubicuo, basta con estar en el lugar preciso y en el momento adecuado, tal cual está Rafael Garay.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La tragedia de Carl Sagan.

Después de un millón de años en el futuro, cuando la humanidad ya no exista, cuando el planeta tierra no sea más que una roca seca expectante de un sol moribundo. Ahí, en ese futuro incierto, en un futuro donde la humanidad no sea más que un mito, una ensoñación que los extraterrestres padres le cuentan a los extraterrestres hijos antes de dormir, un futuro donde los humanos seamos burdos y estereotipados personajes de fábulas infantiles, donde los hombres y las mujeres no tenga mayor existencia que los arimaspos, será en ese futuro que un xenomorfo obsesionado por nosotros, deseoso de encontrarnos, vendrá a esta tierra inerte, pero su búsqueda será infructífera, ya no quedará nada de nosotros, cual Atlántida estaremos vetados de los libros de historia alienígena, obligados a no ser más que la ridícula obcecación inconducente de un lirano o un gris, pero a este gris o pleyadiano le será generoso el destino y encontrará una de la miles de cápsulas del tiempo que nuestra raza blemita precariamente hizo, este joven y entusiasta anunnaki se verá sorprendido a la vez que decepcionado al darse cuenta que el contenido de la caja no sean más que algunas bolsas bellota mal dobladas, un juego de potes tupperware de color vistoso y una colección de monedas de diez pesos con la figura del ángel de la libertad. Qué fraude, dirá este pobre hijo de Xenu, mientras tanto el Pioneer 10 llegará a un planeta habitado por seres iguales a Turrón de Millenium Show y el Pioner 11 destruido al chocar con otra sonda enviada por los gungan. Fatídico destino el del hombre.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

40

Cuando volvieron los templarios no duraron ni un mes, los quemaron a todos, cada uno murió atrozmente ahogado en gritos y un dolor indescriptible. Durante mucho tiempo se creyó que se habían vuelto brujos, que adoraban un carnero que llamaban Baphomet. Llega a parecer gracioso pensar que en verdad eran imágenes de Mahoma, que sencillamente se habían vuelto musulmanes, es gracioso, digo, porque los hubieran quemado igual. Su destino era el fuego, el fuego del sagrado corazón de Jesús, el fuego del ejército de Muḥammad el último profeta, el fuego de un aquelarre, el fuego que terminó por transformar en polvo sus huesos y su piel en una maraña pustulosa de llagas.

No hay país para viejos.


Creo que tengo bloqueo creativo, a veces me pasa, como que tengo varias entradas a medio terminar, angustia bloguera.  A veces la literatura pierde el rumbo, a veces uno es como Pierrot y está conduciendo un auto que se dirige a un acantilado. De cualquier forma, hace algunos días me invitaron a la despedida del Hogarlex, el hogar de derecho. Obviamente acepté, fui muchas veces antes y encontré buen gesto de homenaje el emborracharme y jalar cocaína en ese espacio que me albergó tantas veces, hicieron un asado y había harta gente, se notaba un ambiente fraterno, claro que después todo decae naturalmente y la gente con alcohol se vuelve más tosca y errática, a las cinco de la mañana inevitablemente deviene la destrucción completa del ideario moral de la civilización occidental. No sé si quería contar eso, a lo mejor sí, está relacionado de alguna forma, en algún momento mientras me desvanecía en el sopor de los excesos me acordé que era septiembre o setiembre o etiembre. Me acordé cuando tenía que bailar cueca en el colegio y como cíclicamente rehuía de eso, yo creo que tengo una ausencia completa de patriotismo o arraigo patriótico, es como una enfermedad pienso, como que las celebraciones me parecen tan inocuas y vacías, o sea, me gustan las empanadas y tomar alcohol, pero porque me gusta tomar siempre y me gusta comer supongo, pero no me genera ningún entusiasmo real, me cargan las banderitas culias y la cueca después de un rato me parece tan agradable como escuchar el chirrido que hacen los cubiertos contra la loza, así que el ápice de alegría que me pudo haber producido el contexto de festividad nacional se desvanece rápido. Ahora bien, creo que es porque no le tengo ningún cariño a este país de mierda, como que nunca me he ido por demasiado tiempo, pero jamás sentí nostalgia las veces que viajaba, lo digo porque, por ejemplo, tampoco me produce nostalgia Iquique, lugar al que en ningún caso le poseo excesivo cariño, no lo odio ni lo encuentro groseramente feo, pero creo tenerle poco aprecio real, es como indiferencia a mi ubicación geográfica factual lo que siento. A lo que iba es que estaba en el Hogarlex, despidiendo la locación, pero pensándolo bien, por qué chucha estaba ahí, si siendo sincero nunca le he guardado afecto a ese lugar, un amigo se mató en la pieza de al lado y me echaron varias veces, algunas con mucha razón, como cuando le tiré piscola en el ojo a Zapata con una pistola de agua, y otras sin provocación alguna. Tomé mis cosas, me recompuse y partí decidido a enmendar el rumbo de mi vida, atravesé el pasillo y vi la puerta de la habitación de Juan, me detuve y toqué la manilla, abrí la puerta, puse la cabeza primero y luego el cuerpo completo, estuve harto rato ahí, hasta me metí dentro del closet, estuve un buen tiempo en el armario, lo que dura un vaso de cerveza. Habré estado una media hora en ese espacio frío y mohoso, ya ni me acordaba de la distribución de esa pieza, después recordé que me encontraba en plan de fuga. En fin, luego me fui, me despedí de Chicuelo y me fui a mi casa en Ainavillo, las calles estaban heladas, estaban húmedas, en esta ciudad es cosa de mirar un poco para encontrar musgo creciendo de las casas, musgo creciendo en la cara de sus habitantes, me daba la sensación de que Concepción era una versión grande de la habitación de Juan, era chistoso pensarlo, sería un poco como Synecdoche, New York. No recuerdo como andaba vestido, seguramente me veía bien, seguramente andaba de negro, así que encendí un cigarrillo y caminé con los brazos cruzados, de forma cautelosa dirigiéndome al abismo, interpretando en mi mente al personaje masculino de alguna película de Godard mientras me repetía en silencio: la vida es un país extranjero, Enzo; la vida es un país extranjero, Enzo; acuérdate de comprar pan cuando llegues a la esquina de Carrera, Enzo; la vida es un país extranjero.

miércoles, 24 de agosto de 2016

41

Hay una pareja en el bosque,

tomados de las manos se miran fijamente,

descubren que su amor es imperecedero,

perdonan sus antiguos pecados,

sus añejas culpas.

El uno es la filacteria del otro y podrán vivir eternamente,

pero los hombres son sus enemigos y jamás los dejarán vivir tranquilos,

están malditos,

lo notarían en sus ojos,

así que su única opción es invocar a Baphomet para no ser destruidos.

Hay una pareja en el bosque

y ahora hay sangre, la sangre de todos sus mortales conocidos.

domingo, 14 de agosto de 2016

Ghost in the Shell.



-Santísimo Padre -le dije-, yo no tengo necesidad de comida, sino que quisiera que me dieseis una lección espiritual: ¿Cómo he de obtener la salvación?
Un peregrino ruso


Ayer murió Kenny Baker que era el actor que interpretaba a R2-D2, o sea, era el enano que estaba dentro del disfraz del personaje de Star Wars y realizaba sus maniobras. En verdad, cuando supe no le tomé mayor asunto, la gente muere todos los días, además que tampoco digamos que el tipo era Marlon Brando, no requería de grandes habilidades para personificar a un robot que no tiene diálogos reales, sólo pitidos, y sus movimientos eran bastante simples, probablemente puras líneas rectas, así que en definitiva tampoco era una gran pérdida para el panteón de los actores. Ahora, yo quiero homenajear a este hombre, porque en él se encarna una situación que a mí me delira irremediablemente, creo que con justicia Kenny Baker fue llevado al descanso eterno, porque si uno se pone a pensarlo su vida debió ser terrible, era como una carmelita descalza del cyberpunk. Estar aprisionado en esa armadura, que debe ser como estar dentro de rollo de confort, atado a las ligaduras de un robot, ahí en medio de los desiertos de Tatooine, sofocado por el metal y el peso de su humanidad. Imagínense sólo por un segundo estar en su lugar, lo siniestro de su situación. Kenny Baker es un starets moderno, un custodio de la belleza futurista y de la ciencia ficción, es probablemente la principal víctima de nuestros placeres estéticos, relegado a habitar las entrañas de una máquina, confinado al eterno claustro y oscuridad, porque sabido es que no hay peor oscuridad que la del día que nunca llega y la de la noche que nunca termina, la oscuridad con certeza de la luz, la oscuridad de un prisionero. Kenny Baker es un héroe del cyberpunk y su sacrificio viene a forjar el ethos de esta realidad pos apocalíptica. El alma de este hombre fue deliberadamente incendiada, su anima se hizo más que carne, se transformó en acero, todo el débil y precario envoltorio que recubre nuestro espíritu fue depuesto y reducido a nada, dos veces. Dentro de R2-D2, Kenny Baker encontró a Dios. Todas estas divagaciones tienen por objeto agradecerle al hombre por su labor realizada, porque su ser albergará infinitamente el concepto del espíritu dentro de la máquina, porque la realidad kafkiana que vivía ese pequeño humano es el símbolo indeleble de que el cyberpunk vivirá por siempre como un futuro posible e incluso, a momentos, como un futuro deseable.

miércoles, 27 de julio de 2016

48

El vampiro le chupó la sangre por la cara, luego desapareció. Algunos piensan que a descansar, yo creo que a esperar las peleas sin sentido de mañana.

miércoles, 20 de julio de 2016

Nostalgia del futuro.

Llevo días aquí, parapetado en la inmovilidad y el vacío. Yo no asimilo bien este tipo de perdidas, si es que esto se considera una pérdida, pero el dolor es similar, punzante, deja un forado profundo en el corazón. Lo he pensado muchas veces, he tratado de verlo en perspectiva, intento sacar la foto más amplia posible, pero no resulta, la ausencia es demasiada, cala hasta muy hondo. Vengo sintiendo esta misma sensación desde hace mucho tiempo, ya no soy un novato al respecto, desde niño he visto cómo se apaga la vela y los vivos, los observadores, nos quedamos sin nada, con una pobre sensación de satisfacción y un inmenso sentimiento de haber apostado todo y sin embargo tener las manos vacías. Así son los finales de las series, los finales de las temporadas, las resoluciones de las películas, pero sobre todo los finales de las series. Quizá estoy más afectado porque terminé varias al mismo tiempo, terminé de ver Sons of Anarchy, Utena, Stranger Things, Orange is the New Black, además terminé de leer varios libros que tenía a medio leer hace tiempo como el de los sacerdotes cristianos de Shusaku Endo y uno cortito de cuentos de Bolaño, así que se me vino el mundo encima, se me puso cuesta arriba la cosa. Yo no sé lidiar con esto, me afecta mucho por mucho tiempo, entro en pánico y consecuencialmente me quedo inmóvil, no sé qué hacer, me siento vulnerable –y vulnerado también-. Como no sé la manera correcta de afrontar esta situación uno echa mano a los lugares comunes de la cultura popular, lo malo que el acervo colectivo tiene puras frases de mierda que no encuentran espacio en un alma sensible como la mía, pero qué da. Se supone que un clavo saca a otro clavo, así que lo razonable sería ponerse a ver otra serie, salir de la parálisis que provoca concluir, eso hace la gente para sacarse una pena de amor sin ir más lejos, pero yo soy un romántico, esa solución no me satisface nada, esa explicación me parece frívola, porque un clavo no saca a otro clavo, hasta los clavos tiene medidas, tipos, funciones, hasta los clavos saben que son únicos, hasta lo clavos son conscientes de que entrando en la madera ya no hay vuelta atrás, imposible salir derecho, porque ni el amor ni el arte se pueden encontrar en una vulgar ferretería y porque esta pena que siento no la voy a poder reparar en un homecenter. Entonces vuelvo a donde estaba, tal vez lo mejor sea seguir en la estasis en que me encontraba, tratar de resignificar cuesta mucho, quizás la cosa no se trata de clavos sino de loza quebrada, la sabiduría oriental puede que sea más apropiada y lo que debo hacer sea un kintsugi con los trozos de mi corazón roto y de esa forma abrirle la puerta a la nostalgia, finalmente soy un samurái. Ahora puedo sentir un poco más de paz, porque cuando de nostalgia se trata hay que volver a Tellier, el poeta de la nostalgia por excelencia, porque, sí, siento nostalgia, pero del futuro, pero no de cualquier futuro, de un futuro cyberpunk.

lunes, 11 de julio de 2016

Dancing in the dark.

te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
P.N.


Estoy mirando el techo fijamente, en dirección al techo más bien. Está todo oscuro, absolutamente oscuro, tener abierto o cerrados los ojos es una cuestión de fe, no puedo distinguir nada, ni mi mano aunque lo pusiera frente a mis narices. Pienso que no me molesta estar así, es como estar muerto de algún modo, de niño pensaba que morir debía ser algo similar a esto, porque estar así es casi como perder tu cuerpo a fin de cuentas. Me gusta estar de esta manera, en medio de la oscuridad sin poder ver nada, la oscuridad gusta, la misma profunda oscuridad de los ojos de la mujer que más amé en la vida, la misma oscuridad del espacio exterior, claro, eso soy, un viajero espacial, estoy atravesando hoyos negros, surcando nebulosas, cabalgando en dirección al infinito, catapultándome a la nada. Creo que en mi mente hasta suena de fondo ese tema del final de Evangelion cuando todos se revientan. Me parece maravilloso, todo es tan hermoso y perfecto, hasta puedo imaginar como la gente se va diluyendo, como se unen lentamente en el mar negro en que floto, pero sin sentirme acompañado en ningún momento. Vivo el apocalipsis desde la pieza de invitados de la casa de mis abuelos o lo vivía, porque de un instante a otro algo rompió el sello. Puedo captar un sonido –es como cuando en los programas de televisión le hacen resucitación al tipo que acaba de morir-. Hay un ruido molesto, me perturba, además desarma el cuadro que con tanto esfuerzo había creado.

(Cuando era niño, no podría indicar una fecha exacta, pero en algún momento de mi infancia empecé dormir con la tele encendida, eso se extendió hasta casi los diecisiete o dieciocho años, de hecho se extendió hasta que me vine a Concepción y ya no tuve un televisor que dejar encendido. Una parte importante de mi vida dormí con una suave cortina de sonido y rayos catódicos de fondo, está Videodrome eso ahora que lo pienso. Muy posiblemente fue eso, sumado a que en vigilia igualmente invertía una considerable parte de mi día viendo televisión, lo que debió provocar algún nivel de retardo o quizá encendió alguna vela de genialidad en mí, la línea es difusa todos ya lo sabemos. Horas derramadas viendo animé, mirando impávido películas, observando animado programas de concursos, semanas enteras esparcidas entre canales, boquiabierto, emocionado esperando el capítulo nuevo de la serie que fuese que viese. De alguna manera la televisión fue la hermana que nunca tuve y la amé, amé y abracé a esa mujer. Paseaba por los canales y sus shows cual explorador, como un vaquero o un samurái, como un boxeador de Filadelfia o un gladiador cristiano, a veces era un detective sin rostro, otras batman o el guasón, fui un condenado y un elegido y ambas a la vez. Ahora bien, la televisión fue mi primer amor, de hecho dormía conmigo, era mi pareja, es la mujer que más tiempo me ha soportado si uno se pone a pensarlo, pero cuando decidí radicarme en este sumidero para estudiar en la universidad todo acabó, quizá cambié un amor por otro, quién sabe, lo que trataba de exponer es que no tenía tan claro en términos cronológicos cuándo inicie el hábito de dormir con el televisor prendido, pero si recuerdo la razón, aún sigue grabado claro en mi cabeza, porque fue un día que vi un programa de secuestros extraterrestres. Desde niño me han gustado esas cosas, no podría explicarlo, pero me deliran sin par todo ese tipo de fenómenos fortianos, así que ese día me acosté en la cama de mis padres y de forma cómoda y voluntaria me generé un trauma de por vida. Se trataba del ya clásico caso de abducción de la familia McPherson en Lake County –lugar que en verdad no tengo ni siquiera la certeza de que exista-. Como sea, después de eso me fui a acostar, pero no me pude sacar de la cabeza a esos sujetos, a esos grises pequeños dirigiendo en fila india una familia completa, acarreándolos a las mismas puertas del infierno, a un lugar desconocido del todo, como a Zeta Reticuli por ejemplo. Esa misma noche dejé encendida la televisión, prendida para siempre, mis padres además siempre han sido muy comprensivos, así que asumieron el costo y el planeta tierra también asumió el costo de mis miedos, si finalmente era mi planeta el incapaz de brindarme la protección necesaria.  Fue avanzando el tiempo y nunca más esa bella mujer dejó de estar conmigo en las noches, tampoco el miedo a los extraterrestres, quizá se fue atenuando cuando empecé a leer comic de Linterna Verde, pero nunca se ha ido del todo, aun me atormenta la posibilidad incierta de que de forma subrepticia, cuales lechuzas color ceniza, se apersonen y me lleven, me torturen y no me dejen volver, todavía me coloca la piel hirsuta una eventual detención en los campos de concentración de las Pléyades, no quiero ser una cifra perdida, un hombre sin tumba más, desperdigado en el olvido del espacio, no quería ser otra Samantha Mulder. Bueno, una mañana me puse a pensar que hasta el día de hoy mi miedo más profundo sigue siendo el mismo, uno no se libra de eso así como así, pero en verdad, si uno lo piensa, es absurdo tenerle miedo a esa clase de cosas –cosas que no sean personas me refiero, como psicópatas y violadores-. Por ejemplo tenerle miedo a los fantasma siempre me ha parecido un poco ridículo, más allá de que existan o no, ese no es el punto. Pienso que, en lo particular, le tengo miedo a los extraterrestres –aunque me fascinan al mismo tiempo- porque ese temor encubre un miedo a los hombres, a la sociedad o no sé, eso creo o eso quiero creer. En definitiva, lo que hace aterrador una invasión extraterrestres o un secuestro alien es el hecho de que uno se encuentre tan vulnerable ante otro, porque uno supone que ese otro se comportaría como lo harían los humanos, como lo han hecho los hombres siempre, uno no se imagina que en una abducción los grises te van a servir tu plato de comida favorito y te van a dejar ver Seinfeld arriba de la nave, uno figura que le van a meter zondas por el culo y agujas por debajo de las uñas, lo que a fin de cuentas hace que el extraterrestre o reptiliano o anunnakis tenga un comportamiento extraña y profundamente similar al humano.  En fin, sean los extraterrestres una alegoría, o no, de nuestra propia situación como seres humanos, pienso que todos los miedos subyacen en los sueños –estrellita ahí para Wes Craven-, por eso la gente sueña con cuestiones más bien cotidianas que después se desvanecen totalmente en el atascadero de la memoria, yo a veces sueño con perros callejeros o vagabundos estólidos, gente común haciendo cosas comunes o sólo ruido blanco, siempre termina siendo excepcional soñar con Godzilla y despertar sudando frío).

Fue de a poco que distinguí el sonido que interrumpía mi oscuridad primigenia, era un zumbido, un aleteo errático pero reconocible. En el universo eleático en me encontraba resultaba imposible poder cazar un insecto siquiera. Me levanté de la cama e intenté convocar todos los poderes del mundo de los ciegos, fue así, decidido, cual Matt Murdock que emprendí cacería contra la polilla enemiga. Siendo honesto, dudo que estuviese cerca de matarla y eso que lo intenté un buen rato, dando aletazos aleatorios en la penumbra, no quise apretar el interruptor y desistí de mi empresa, el fin del mundo podía postergarse para otro día, no existe ninguna regla escatológica que diga lo contrario, así que encendí el televisor, estaban pasando Encuentro Cercano en el TCM, quién lo pensaría.  

domingo, 26 de junio de 2016

Dios da pan a quien no tiene dientes.

Ayer me levanté por la mañana y me encontraba intranquilo, tenso de alguna manera, sentía cierto peso en el pecho y no sabía por qué, comer carne asada a deshora, la mezcla de alcoholes destilados con fermentados, no lo tengo claro aun. Me lavé la cara, los dientes, me levanté en definitiva y procedí a escabear en esa maravilla a la que todos tenemos acceso, el más precioso licor: la internet. Así que revisé un par de datos, datos de crucial importancia, posiblemente, o de nula importancia, quién sabe, eran datos que creí transcendentales y luego perdieron su contingencia. De cualquier manera, en medio de eso, Juanpi me llamó, me invitó a comer a su casa, iba a preparar ñoquis y etcétera. Extendida la invitación, salí a tomar locomoción, Juanpi me dio unos datos súper malos que sumado a mi nula capacidad de orientación, resultó en un periplo insufrible de cuadras y cuadras. En algún momento de eso -a lo mejor pasaron años o meses, no podría asegurarlo- llegué al lugar preciso donde se encontraba el paradero de la micro -micro de la que me encuentro escéptico en cuanto a su existencia-, micro que teóricamente me llevaría al departamento de Juanpi. Como todo se dio mal, fue lógico que siguiera resultando mal, así que el recorrido que necesitaba nunca pasó por esa parte y me vi obligado a tomar otro bus totalmente diferente y del que desconocía su procedencia y al lugar donde se dirigía, esto agregándose al hecho de que jamás había ido antes a esa casa y que no tenía una dirección detallada ni precisa del lugar mismo. Finalmente, llegué por algún milagro a buen puerto y comí con Juanpi y tomamos negras cervezas en bellos vasos, a borbotones salía la espuma y nuestro placer por tal banquete de alcohol y carbohidratos, nos drogamos igual y todo resultó muy bien. Lo que quería contar no era eso, no tiene relación con mi amistad con Juan Pablo, sucede que, mientras preguntaba qué potencial micro me era útil, me posicioné en el paradero de Tucapel llegando a Rozas –zona de nómades de la periferia rural de concepción, negociantes al menudeo, travestis y sodomitas- y logrando visualizar una máquina que me servía, con miedo a no ser visto, estiro las piernas y mi brazos, me veía como un animal rampante, como el huemul del escudo nacional, a lo que le sumé señas, en ese mismo instante, por detrás de mi escena, un travesti muy similar al actor que interpreta a Don Ramon me ve y en una mágica ocurrencia pasa la palma abierta de su mano por mi culo y pronuncia una frase que llevo tatuada con fuego en el corazón ¡oh! me dio hambre. Ahora, ya arriba de la micro, metido en ese fanal, desde Kandor mismo, pude ver el rostro del hechor, la sonrisa que rajaba su rostro, debo admitir que me dio risa, luego me inquietó, luego me senté y no hice nada.


Yo en verdad tenía hambre, como señalé en un inicio, no había almorzado, ni siquiera desayunado, así que si tenía hambre, tenía mucha hambre, en efecto. El travesti no creo que haya tenido hambre, eso no era lo que trataba de decir, eso todos lo sabemos. Yo me hago la pregunta, de qué hambre hablaba ese sujeto, ese hombre-mujer, esa persona, tenía o no tenía hambre y si tuviese hambre, hambre de qué tendría. Yo desconozco la respuesta, pero como sabrán, estoy leyendo una antología de Emily Dickinson y entre sus poemas, todos numerados, está el 579. He pensado mucho en ese poema. Como sea, el zafio actuar del transexual se puede interpretar de muchas maneras, en lo personal, pienso que a veces la gente no tiene hambre, sólo tiene miedo de comer -no sé si se entienda lo que trato de decir-.


579

Tuve hambre, muchos años --
y el mediodía mío llegó - y su almuerzo --
temblando me acerqué a la mesa --
y toqué el extraño vino --

todo esto sobre mesas había visto --
cuando hambrienta, volvía a casa
miraba por las ventanas, el lujo
que no podía pretender -- para mi --

no reconocí el enorme pan --
tan diferente de las migajas
que mis pájaros y yo, compartíamos
en el comedor -- de la naturaleza --

la abundancia me dolió -- tan nueva --
yo misma me sentí enferma -- y extraña --
como una fresa -- de la montaña --
replantada -- en la ruta --

tampoco tenía hambre -- descubrí
que el hambre -- era el estado
que tiene la gente afuera de las ventanas --
y que al entrar -- lo pierde --



lunes, 6 de junio de 2016

El perdón (a modo de disculpas públicas).


Es noble pedir disculpas, es noble pedir perdón y lamentarse, es noble la penitencia y el arrepentimiento, pero yo no soy un sujeto noble, ni por cerca, ni por asomo, es que no se puede ser noble cuando uno está sumergido en el hedonismo, no se puede ser responsable ni disciplinado en un mundo habitado por lobos y hienas. En el cyberpunk no hay espacio para la nobleza ni para la samaritanería, porque en el universo en que habito se está en guerra todo el tiempo, una batalla infinita contra la página en blanco, en mi mundo no hay esquinas donde se trafique la bondad sino sólo como excepción, en la realidad de la poesía/literatura/blog la única muestra de debilidad es el amor fundante de todos los protagonistas heridos de éste panorama pos apocalíptico. Pero siempre hay excepciones y hoy es el día en que manifestaré mis disculpas públicas a la familia Walter Martin, en particular al hermano de mi amigo Nicolás, que era el que lucía más enojado.
Ante esta pudenda misión creo que debo señalar que me considero un humano proclive al exceso y al fuego, que le tengo poco respeto a los espacios públicos y al público mismo a veces inclusive. En fin, pido disculpas por, primeramente, llegar tarde a la celebración de la titulación de Nico, pero el día anterior había ido a ver Supernova con mi amiga Toña Meyer y ambos potenciamos la personalidad ya naturalmente propensa al consumo de drogas del otro, así que desperté tarde y con la cabeza abombada, además tuve horribles pesadillas sobre enormes serpientes que salían de los cielos y devoraban todo, lluvias de peces y relampagueantes mares de sangre, lo que me hizo despertar agitado y provocó el retardo en mi llegada. Luego, pido disculpas por molestar a los organizadores con peticiones ridículas e inverosímiles, diciendo que era vegano en medio de un asado, de cualquier forma la carne estaba estupenda y agradezco el detalle de la ensalada de apio, que en lo particular me gusta mucho. También pido disculpa por decir que consideraba a los scout una manga de idiotas sólo superados por los tunas en su nivel de idiotez frente al profesor Andrés Cruz, que es scout activo y además estaba de cumpleaños ese día. Por último, pido disculpas por, en medio del éxtasis del alcohol, haber tomado el extintor del quincho y rompiendo el seguro proceder a esparcir por la sala de eventos del condominio el contenido químico encima de todo y todos, también por facilitarle el extintor a Nicolás e incitarlo a atacar a su amigo Abatto y casi matarlo de asfixia y luego quitarle, ya para ese entonces, el arma y elevando el objeto, bramar groserías y frases sueltas del Marqués de Sade y, no siendo suficiente, finalmente arrojar el aparato a la laguna de San Pedro desde el lugar en que me encontraba.
Fueron mágico cada uno de los segundos que permanecí ahí y agradezco la invitación, sabido es que soy un hombre sensible, que llora cuando ve caer una flor y que se asusta con cosas como el dedo que aprieta el botón, pero busqué la belleza en cada momento, incluso cuando desperdigaba polvo químico seco. Brindo por eso y por todos.
Sin más que agregar y en mérito de mis palabras, y en mérito del resurrecto, espero que encuentren perdón en sus corazones.
Cariñosamente.
Enzo Ron Galaz.


martes, 31 de mayo de 2016

Homenaje a Charlie Kaufman y Andy Kaufman.


Qué hago aquí, en medio de la pista de baile, sosteniendo un vaso con un trago mal preparado. Qué hago aquí, en medio de la húmeda oscuridad que proyecta la multitud que a veces me observa, que a momentos me mira, por segundos con asco por otros con extrañeza. Cada alma que habita este lugar me resulta desconocida, o no tanto, o no completamente. Así que observo la inmensidad del mar, de este océano negro e informe de humanos contra humanos, unidos quizá sólo por sus pelvis, por una eventual genitalidad de jeans y calzas con y sin animalprint.

Mi pelvis no es ninguna excepción, vibra con el sonido de los clásicos del reggaetón, eso me dijeron que eran, clásicos del género. Ahora bien, yo dudo que existan clásicos en el reggaetón, creo que es un género muy poco pretencioso y por lo mismo desconoce la posibilidad de trascender, la opción de su propia trascendencia es anti-definitoria para el reggaetón, por lo mismo no hay clásicos, sólo reggaetón, sólo pasión atemporal. Ojalá alguien comparta esa apreciación, mi compañera de baile no sé si sepa lo que estoy pensando, no se ve muy sobria ni muy interesada en mis conclusiones, está muy concentrada en el contorneo y el ritmo, lo que a la larga enamora.

La verdad, yo estaba ahí por ella, todo pudo ser de otra forma, yo podría haber estado en la casa de mi amiga Toña Meyer tomándome una cerveza y fumando tranquilamente, pero decidí venir acá, a Residencia -que dista mucho del poemario de Neruda, aunque todo el tiempo sentí cierta emocionalidad cercana al Galope Muerto-, pero las cosas se dieron de tal manera que allí fui a parar, a ese antro, por la camandulera estrategia de todos y aquiescencia de mi personalidad disoluta. Como sea, en un minuto mi compañera desapareció, me fue arrebatada. Aquí inicia el relato real, cuando estaba yo solo observando a toda esta muchedumbre, en su mayoría hombres, seres repugnantes y mal vestidos, engendros cinocéfalos en busca del amor. Hay algo romántico, a fin de cuentas, en ir a la disco, hay algo profético también. Como la mujer que me acompañaba había ascendido a los cielos y yo me encontraba en medio de esa mierda, de esa tribulación horrible, la música dejó de parecerme agradable, se tornó en una gotera en la frente, entonces intenté emborracharme lo más rápido posible, porque, como diría Ralph Ineson en The Witch, mi naturaleza corrupta me hace proclive al pecado. Contra todo pronóstico, era sumamente trabajoso conseguir un trago, se requería una paciencia monacal, sortear dos filas e intentar comunicarse con el barman para que me dieran un vaso largo que contenía: hielo, pisco, detergente y cocacola. Me mantuve fuerte durante una hora, a lo mejor menos, hasta que el efecto de las drogas consumidas con anterioridad se desvaneció y mi estancia se hizo intolerable, dejé a mis amigos ahí, para ese entonces era lo más cercano a estar dentro de un cuadro de Pieter Brueghel. Fue de ésta manera que me fui, me encontraba sobrepasado, desfondado por esa gente, que era como un desfiladero y sabido es que cuando uno mira largo rato al abismo, el abismo te mira a ti. Tomé un taxi y me fui a mi casa de Ainavillo.

  Veintitrés de Abril, dos mil dieciséis.

    Querida, siento verte partir, pero lo entiendo. En verdad, no lo entiendo, pero lo acepto. Me alegra mucho haber tenido éste tiempo juntos, creo que nunca había sentido un amor como lo fue este. Quizá algún día nos volvamos a encontrar en mejores circunstancias.


   Con amor, Enzo.


    P.S. Busqué la palabra Enzo (Ensō) en mi diccionario de Japonés/Español y resulta que significa Circulo o Totalidad; simboliza la iluminación, la fuerza, la elegancia, el universo y el vacío. No es que piense en mí de esa manera, por supuesto. Es sólo interesante imaginarlo.