Un samurái no piensa en términos de victoria o derrota, combate siempre hasta la muerte
Y.T.
Siento que no escribo hace mucho,
mi labor de bardo y cronista cyberpunk se reblandece, me estoy volviendo
paulatinamente más débil, a lo mejor el tiempo lo va tornando más y más mínimo
a uno, como si con el tiempo uno se transformara en la síntesis de lo que alguna
vez fue, la versión resumida, el abstract de uno mismo o a lo mejor es que he
tenido menos tiempo de escribir porque he estado haciendo otras mierdas o quizá
me encuentro en la etapa más cínica y pesimista de mi carrera, quién sabe. Yo
trabajo de copero, copero freelance para ser riguroso, lo que implica que tengo
que acomodar loza en aparatos plásticos donde va dicha loza, eso es todo el
trabajo, no pagan mal y además hay ciertos eventos en que hay alcohol, como en
los matrimonios o cenas institucionales, así que como mi labor es tan anónima,
tan detrás del telón, es perfectamente realizable medio borracho e incluso
hasta medio drogado, qué mejor. De cualquier forma, el rubro de los coperos es
duro, yo siempre trato de interactuar lo menos posible con mis compañeros, lo
mínimo humanamente posible, lo más cercano a que crean que soy mudo o que
podría tener alguna leve deficiencia mental que me impide hablar fluido o algo
parecido, pero incluso así me veo obligado a entablar conversación con mis
colegas, tampoco es tan malo, sólo que a mí no me gusta, quiero conversar de
otras cosas, además no quiero conocer gente nueva y aprenderme sus nombres y
las mierdas que estudian, mi overol de copero es sólo un disfraz, adentro hay
un corazón sensible, yo quiero hablar de películas de Pasolini y de poemas de
Ezra Pound o de ovnis y razas de extraterrestres o del episodio de Los Soprano
que más me gusta o sobre policías que son androides, de cosas que en verdad
importan, ustedes saben. Extenuante es la labor del copero, así que luego de
terminar mi trabajo me voy lo más rápido posible a mi casa, me baño y luego veo
algo o sencillamente duermo.
Una de esas veces, en alguno de
esos regreso a mi casa después del trabajo, extenuado por la bota de la
patronal, me puse a revisar la internet en busca de esperanza y empatía, fue en
medio de eso que me topé con las palabras de una tuitera, ella decía que la
peor parte de ser adulto era tener que saludar gente que uno no deseaba
saludar, yo cuando lo leí me quedé pasmado, me dije a mí mismo: cómo es posible
que de entre el infinito conjunto de actos que forjan la miseria de la adultez ella
haya elegido el más nimio, el menos verdaderamente terrible. Habían tantas
opciones peores, como trabajar para no morir de hambre e infamia, el siempre
posible fracaso profesional, el entender que todo lo que creíste bueno y bello
y a lo que te aferraste se desmorona para siempre sin posibilidad alguna de que
puedas hacer algo para subsanarlo, el apremio del pasar de los años que nos
acorrala progresivamente a la muerte, la natural decadencia, el tedio que debe
ser trabajar realizando una actividad que te chupa el alma, la paternidad no
deseada, la paternidad planificada, la imposibilidad de volver a ser niño, la
tristeza cierta que te va a provocar la muerte de tus seres queridos, la
angustia de la soledad mal entendida, la enfermedad, los sueños rotos. Habían
tantas opciones, pero ella decía que saludar un par de idiotas en la calle era
lo peor parte de abandonar la juventud, y saben, creo que quizá tenga razón,
finalmente ella intentaba señalar algo más profundo, más intenso. Yo la verdad es
que no saludo mucho a nadie en la calle, esencialmente porque soy un hueón de
mierda y me da un poco de lata, es que en ese tipo de interacciones sociales todos
dicen cosas súper fomes, sólo palabras de buena crianza, sólo vacío superpuesto
con más vacío, cómo quieren que tenga el detalle de saludarlos si son tan execrablemente
aburridos, nadie me detiene en la calle y me dice "Buenos días, Enzo, qué te
pareció la progresión del conflicto en Prisoners, no consideras que tiene una
cadencia parecida al desarrollo final de The wrestler o El cisne negro" y yo de buena gana respondería ‘’Hola. Sí, muy buena
observación, es que yo creo que las tres tiene mucho de Duel in the sun, las
tres tienen alma de western”. Nada de eso pasa en la vida real, nadie tiene un
mínimo gesto de sensibilidad con uno que está preocupado de los grandes temas y
eso es lo que estaba tratando de decir la tuitera Pizarro, intentaba
restablecer una premisa sartreana, porque el infiernos son los otros y saludar
a tus compañeros de trabajo, saludar a tus compañeros de universidad, saludar a
la interminable lista de congéneres de los que no te importa si están vivos o
muertos, y no tener la libertad de mirar el piso, es el infierno, significa que
la tierra se ha convertido en un loop infinito de "buenos días" y "cómo
estás", significa que era verdad que el delicado arte de conversar está en
extinción y que los blogueros somos guerrilla, soldados de una guerra ya
terminada y en la que salimos perdedores hace mucho tiempo, somos como esos
japoneses que a veces pillan en medio de alguna isla de Micronesia porque nunca
se rindieron o porque nunca se enteraron que había terminado la segunda guerra
mundial. Los tipos como uno, los blogueros de a pie, vamos transitando un camino
más y más estrecho, los últimos ronin de un Japón imaginario, inexistente y
perfecto, sin tiempo para saludos, sin espacio para detalles intrascendentes
que el delicado silencio puede reemplazar. Cuando camino por las calles de esta
ciudad sucia y desprovista de virtud voy con la actitud de guerrero bushin, con
el orgullo de un miembro del grupo Shinsen, un lobo de Mibú, con la paciencia de
un árbol espero la próxima conversación sobre películas de extraterrestres o algún animé cyberpunk.