lunes, 18 de febrero de 2019

Will god forgive us?


En algunos años, cuando ya te haya olvidado y vengan, por la fuerza de la costumbre, otras historias como esta, te recordaré como el olvido del amor mismo. Pensaré esta historia como el horror del olvido.
M. D.


Está nublado y eso es raro. Hoy hay luna llena, cosa que si uno lo piensa también es rara, porque la luna llena-llena sólo dura un momento para después naturalmente menguar. Como sea, cosas raras pasan en Iquique, pero nada puede opacar a la luna, ni la delgada película de nubes que funciona como la pantalla de una lámpara ni menos la luz y el oropel de la ciudad. La gente ha adquirido un temor destemplado a los días nublados, se esconden y llenan sacos con arena, hace poco llovió fuerte y se inundó todo, así que la gente está traumatizada, pero yo he estado en demasiados días lluviosos como para tenerle miedo a la lluvia, en mi corazón llueve constantemente, mi alma es algo así como Valdivia en el mes de julio. El día que llovió no pasó casi nada en mi casa ni en la de ningún conocido, pero se abrieron zanjas muy profundas en la tierra y en las mentes de las personas, ahora es imposible erradicar la percepción de que la lluvia, el agua del cielo, es un castigo, lo que naturalmente genera cierto silencio tenso en los habitantes, porque parece que algo le hicimos a Dios. Yo soy musulmán, así que no creo que Allah nos odie ni nada, porque solamente los humanos odian a otros humanos y los lugares donde colapsa la tierra nos entregan la oportunidad para contemplar directamente el abismo y no es que intente transmitir una visión optimista, para nada, es que le he dado un par de vueltas al asunto, porque estoy muy inclinado a pensar de que no hay ninguna esperanza.

El día siguiente de la lluvia fui a la casa de mi amigo Moe, le comenté que en el trayecto a su casa me vino un fuerte recuerdo de Concepción, probablemente por el olor aún presente de tierra humedecida por la lluvia, eso pensaba yo, pero no era así, porque los libros fueron los que me produjeron la evocación, como siempre. Mi amigo me comentó que el Mall había quedado anegado, cuestión que sabía, así que lo único que agregué fue que guardaba cierta miserable esperanza de que la librería se hubiese inundado, así estarían obligados a hacer un remate o vender a muy bajo precio los saldos, se me pasó esa idea mientras caminaba por Playa Brava, le conté que una vez se había quemado el Mall de Talcahuano, que los libros se habían medio mojado por los rociadores y medio quemado por las llamas y que habían hecho un remate en su momento, le hablé de que fui contigo, le hablé de ti, no sé cuánto tiempo, poco, mucho, no estoy seguro. No podría asegurar en qué momento me vi a mí mismo hablando de ti, estaba tan encantado describiendo tus dientes y las cosas que te gustaban, me vino a la mente la imagen de ese Enzo de diez años que cuando le preguntaba cuál era su dinosaurio favorito se ponía a hablar un montón, porque los brontosaurios y los triceratops eran una válvula que abría un río de amor y felicidad para ese niño solitario y tímido; ahora era lo mismo.

¿Dios alguna vez nos perdonará? ¿Algún día Dios me expiará del pecado de haber transformado nuestros corazones en dos cazadores solitarios? Probablemente no.

A veces cierro los ojos y siento que veo lo que estás viendo tú en ese instante, como si cuando yo cerrara los ojos tú los abrieras, como si sólo tuviera ojos para mirarte a ti, perdón, como si mi visión existiese únicamente para encontrarte, me agrada en algún nivel esa idea, una visión compartida, cruzada, parpadeante. Probablemente piensen que es un tontería o, peor aun, una idea cursi, pero no lo es, tiene más que ver con lo que me hace sentir ese dialogo triste sobre el olvido en Hiroshima mon amour, esas palabras tan duras y angustiantes que escribió Marguerite Duras en su época, pero también tiene que ver con esos pasajes tan hermosos y pacíficos que uno puede leer en La tarde de M. Andesmas o simplemente todo se explique por el hecho de que he escuchado mucho Kate Bush.