lunes, 30 de noviembre de 2020

Ayer fui a votar y sentí que todo fue muy breve. Voté por una galla medio amiga de mi familia que se presentaba a Gobernadora por el Frente Amplio. Sé que quizá esto que voy a decir no tenga una conexión evidente, pero a partir de eso me acordé de una escena de Suspiria, esa cuando las tipas votan entre Markos y Blanc. Me gusta harto esa secuencia, igual la del final, pero esta de la que hablo me gusta más. No es que pretenda escribir una tesis sobre el supuesto naturalismo presente en la obra de Guadagnino, pero la escena es tremendamente ejemplar. O sea, cualquiera hubiese sencillamente recreado la escena tal cual como se supone que pasó para el narrador, convengamos que la película no le tiene ningún temor a lo explícito, pero el tipo compone una secuencia donde lo subjetivo y lo objetivo es muy difícil de discriminar, lo que genera una sensación basculante en uno, un intersticio entre dos polos; que es más o menos como funciona la memoria, a fin de cuentas. Hay un cuento de Jules Barbey que se llama El secreto de una partida de Whist donde se presenta un ejercicio similar de evocación narrativa del pasado y pienso que todo este montón de cosas que he escrito me hubiese encantado decírtelas sentados en el banco de una plaza mientras tomamos coca-cola.

jueves, 12 de noviembre de 2020

cosas que te diría.

Me gustó mucho el final de la serie es que a mí me gustan mucho las historias de amor e imagino que a ti igual te gustó—. Cuando terminó el episodio, desde luego, pensé en eso; pensé en el amor: todo ese amor que guardaban los personajes como a un ónfalo, pero pensé especialmente en el amor que siento, en lo enamorado que siempre he estado de ti. Luego, fue inevitable sentir la vulnerabilidad que nace de eso. Dejé que el video se apagara solo y me puse a escuchar el soundtrack. No recuerdo bien si lloré, no creo.

03 de noviembre.

 

Los días han estado bonitos, así que puedo salir a la terraza y leer allí. Ahora estoy revisando un libro de Vintila Horia sobre literatura del siglo XX. Siéndote sincero, a veces me caen pesados los juicios que hace el gallo sobre algunas cosas. A lo mejor me gusta el libro porque puedo rescatar lo que no dice; en definitiva, creo que eso es lo más valioso: lo omitido.

Hay un grupo importante de personas que se acercan al arte por lo que dice, literalmente, por lo que decreta e invoca la literatura en ellos y los demás o lo demás. Creo que no me interesa en lo más mínimo lo que tenga que decir un autor o un libro determinado, sino todo aquello que deja de decir e incluso sería más radical, porque ya ni siquiera me interesa tanto lo, voluntaria o inconscientemente, omitido o guardado, como todo aquel espacio que se sugiere, pero que jamás llega a concretarse. La novela de Mariana Enríquez o ese cuento de La virgen de la tosquera tienen mucho de eso; Temporada de Huracanes y el libro de Yuri Herrera que leí también tienen mucho de eso. 

Creo que el amor tiene bastante de eso de lo que hablo.

09 de noviembre.

 

El amor es una cuestión absolutamente experiencial, todos dicen haber amado, pero eso no tiene ningún sentido, porque del amor solo quedamos sobrevivientes; solo quedamos los dos. Por eso es una corriente continua. El amor es real, sí, pero más que real, el amor es un sentimiento que habita en lo posible.

Mira, resulta complejo explicarme, pero me gustaría darte algo, escribir unas cuantas líneas que puedas atesorar para siempre, un país propio donde sentir o quizás simplemente regalarte una joya que se acercase, aunque sea tibiamente, a la belleza de tu rostro.  A veces creo que, si te tuviese en frente, no sería capaz de reconocerte, quiero decir, que me quedaría paralizado como un tonto. Otras veces, lo que siento es tan inmenso, vacío y completo como lo es el movimiento de los planetas; que nadie percibe nunca, pero que jamás concluye ni se detiene.

12 de noviembre.

 

martes, 6 de octubre de 2020

un listado: aquí y ahora.

 1.- El Realismo —lo que denominamos realismo, en verdad—no es un movimiento artístico ni estético definido o estable, no es nada de lo que nos pensamos comúnmente, tampoco es un bloque fijo endosable a un período en particular; por el contrario, el Realismo es más bien una actitud filosófica, pero especialmente, una opción estilística que se dio de manera distinguible en un momento transicional de la historia humana de occidente.

2.- ¿Cuál momento? Posiblemente en alguno entre la Baja Edad Media y la reluciente Modernidad. Siendo preciso, lo que nos han enseñado como Realismo no es mucho más que un torpe compendio de textos, obras artísticas e ideas político-científicas que surgen a partir de la rápida y progresiva consolidación que tuvo la burguesía como clase influyente y luego dominante.

3.- Entonces, el Realismo habla de la burguesía.

4.- Eso es cierto, en alguna parcial dimensión, pero son fenómenos paralelos. Cuando se consolidan como clase dominante, los comerciantes, industriales y banqueros reniegan del antiguo estilo, desprecian este lenguaje y la arrinconan hasta su función más controlable: la prensa, el periodismo. Entonces, el realismo burgués pasa a ser positivista y el realismo antiburgués se transforma en lo que conocemos como Naturalismo.

5.- Del Naturalismo es mucho más fácil hablar, quizás porque las características de sus novelas son asfixiantes; saltan a la vista.

6.- Yo creo firmemente que el primer héroe naturalista fue Courbet; todo lo demás es distorsión o sencillamente Realismo.

7.- Por ejemplo, Emile Zola era marxista —o socialista, si se quiere— y ciertamente eso se nota, Germinal es prueba de ello. También es naturalista, no digo lo contrario, pero lo es por añadidura, casi que por método.

8.- Zola me trae a la mente a Eduardo Anguita. El primero falleció asfixiado junto a su esposa, dicen que le taparon el cañón de la chimenea. El segundo murió al caer sobre un brasero encendido, estaba absolutamente solo. Del primero nunca conoceremos la verdad, del segundo jamás dejaremos de saber ni de enterarnos.

9.- Anguita es absolutamente Real.

10.- Anguita una vez escribió: Porque los sonidos fermentan la tempestad/yo estudio los gestos de los otros/su mal hábito de irse acabando por los pies/e insectos cubren mi estrella de la frente. Eso es Naturalismo, al menos, mi definición.

11.- Ahora, volviendo al Realismo, reflexiono que lo que me complica de todo este asunto es lo que damos por hecho, aquello que suponemos sin más. Me niego a pensar así. Quisiera estar más alejado.

12.- Existe un conjuro de Realismo sobre todos, aún peor que eso, porque no habita en nosotros individualmente ese hechizo, está impregnado en el aire y en la luz. Estamos, de alguna manera, intoxicados con ese miasma y perfumados a la vez. 

13.- Suena como un plan o algo que haría la Recta Provincia.

14.- Aunque los conjuros no son para nada Realistas, de hecho, si uno le preguntara a una persona en la calle, probablemente respondería que la magia no es algo real. Más allá de lo supersticiosos que podamos ser, las supersticiones son algo sumamente material, de un Realismo retorcido. William Burroughs era una persona terriblemente supersticiosa y, convengamos, sus novelas de lo último que adolecen son de "falta" de realidad.

15.- Sea de cualquier manera, para librar un conjuro se necesita de alguna bruja y/o mago. Ninguna de estas palabras tiene un origen etimológico claro, hay variedad de teorías y sería complicado decidir cuál es más vaga que la otra.

16.- El hechizo fue lanzado por los románticos, sino Kardec y Victor Hugo nunca se hubiesen conocido. Qué decir de los románticos ingleses, aunque los románticos ingleses no san tan románticos como se cree.

17 a.- Wordsworth desde luego es romántico, casi de enciclopedia, quizás por eso le gustaba tanto a Harold Bloom y Eliot, por su parte, lo despreciaba. Keats y los Shelley son otro cuento; ellos son Realistas en mi opinión.

17 b.- Esto retorna una duda a mi mente. Sobre el Canon Occidental siempre afirman que contempla pocas mujeres, lo que es cierto, porque es casi que una antología de guatones blancos, pero he estado en charlas y siempre nombran a tres: Austen, Dickinson y Woolf. ¿Nadie reparó en que George Eliot era mujer?

18.- Digo que no son románticos, pero lo son al mismo tiempo, lo que sucede es que, por una parte, encarnan al Romanticismo, y a sus héroes, pero los versos y frases que escriben son tan reales como lo es una taza rota o una media recién zurcida.

19.- En los créditos de Bright Star, Keats, recitando la Oda a un Ruiseñor, se pregunta: Was it a vision, or a waking dream?/Fled is that music:—Do I wake or sleep?

20.- Ningún romántico ortodoxo escribiría algo así, es como algo que un personaje, en alguna obra del Siglo de Oro, reflexionaría; no un buen hijo del Romanticismo. La historia de Keats y Fanny Brawne se podría decir que es Romántica —sin duda lo es—, pero también es terriblemente patética. Patético en su acepción más radical.

21.- Las novelas de Balzac están repletas de una capa de patetismo que las hace a momentos insufribles, pero eso se debe no a un afán de veracidad, por el contrario, pareciera más una indagación metafísica. Balzac trata de enseñarnos las cadenas invisibles.

22.- Balzac es, en una extraña proporción: romántico, realista y naturalista al mismo tiempo.

23.- We Are Who We Are es Naturalista, de un Naturalismo exquisito. No es por completo Realista, porque la puesta en escena es artificiosa, sobrestilizada a un nivel casi barroco. El Naturalismo que veo está en el montaje, el tiempo de Guadagnino es el tiempo de un cuadro de costumbres, pero plagado de partículas de patetismo. ¿Habla de cuicos? Sí, pero en buena medida para recordarnos que la miseria no está en ciernes. No nos desafía a nosotros, desafía a Ezra Pound, le dice: tu goce provenzal, poeta, es un goce miserable, a fin de cuentas.

24.- Flaubert escribió en una carta: L'art, la seule chose vraie et bonne de la vie. O sea, que el arte es la única cosa real y buena de la vida. Flaubert fue un sobreviviente del Romanticismo, ese es el motivo por el que lo desdeña tanto; lo enfermó, no lo mató.

25.- Keats es un mártir del Realismo, porque no existe nada más real que el amor y la muerte.

26.- Sin ir más lejos, a veces pienso que mi amor por ti es tan real como yo mismo, como si fueras parte de mí, pero en verdad yo soy parte tuya.

27.- Tan real que podrías pincharte con una aguja o cortarte con un cuchillo y yo sentiría cada milímetro de piel perforada, en cada segundo que dure nuestro dolor.    

viernes, 28 de agosto de 2020

"Había escrito otra cosa aquí. Estaba enojado esa vez porque leí algo que terminé odiando y me carga cuando me pasa eso, me pongo tan recursivo, como cuando me enojé con el Pancho por lo de Saer. Fue por un texto sobre por qué leer, eso fue lo que me enojó tanto. Ya no estoy enojado, daba lo mismo al final, además, concluí al menos un par de cosas. Por un lado, siento que no me gusta esa gente que se define a través de la lectura, aunque entiendo que es un aliciente muy necesario, pero es una posición muy cómoda para mi gusto, yo soy mucho más escéptico al respecto, al menos me gusta creer eso, probablemente sea igual de naif que todos estos sujetos atrincherados en los fondos del fomento a la lectura. También pensé en la ternura, en lo desprovisto de ternura que estaba esa posición que me enojaba tanto, porque la inocencia voluntaria no es ternura, la ternura se ubica en el momento inmediatamente anterior al amor y, desde luego, que se pueden denominar con mismos o distintos nombres a distintas o mismas cosas, pero yo estoy hablando de algo muy puntual; yo hablo de amor. Mientras hacía la monografía de literatura, por ejemplo, pensaba en el sentimiento que me evocaba el descubrimiento de la relación entre Samuel Antonio y Baldomero, había allí una belleza fraternal que me terminó derritiendo, de la misma forma que lo hacen los versos de La Manca, quizá por el despojo que avizora esa ronda de Gabriela Mistral. Pensaba, fundamentalmente, en la ternura como un hito que marcaba nuestra desgracia, ese pasillo justo antes del amor. Ahora claro, la ternura debe engendrar deseo, pero esto tampoco es una trayectoria lineal, no estoy hablando de cohetes o cuerpos celestes, o tal vez sí, después de todo. Hace años, le dije a la Toña que yo pensaba que el amor funcionaba como la gravedad, pero al igual que todas las explicaciones, esa visión fue perdiendo sentido para mí con el tiempo. Ahora lo pienso así: en el mundo hay dos personas que se sienten menos solas, porque cuentan con un recuerdo certero del hecho de que por algunos escasos segundos: dos fue uno; y que todo, de repente, adquirió sentido a partir de eso, pero notan que ahora solo hay ausencia, una nueva y particular ausencia, entonces, los amantes finalmente descubren, que esa nueva ausencia es la prueba fehaciente de su amor, que no es más que un deseo irrefrenable, terrorífico y hermoso a la vez. Visto así, es un melodrama. Visto así, no somos mucho más que dos amantes crucificados."

111 (deseo)

Tomo la tetera para llenarla con agua

coloco las tazas y dejo todo en orden

de soslayo te veo subrayar unos papeles

parece todo muy estrecho

pero quizás sea mi mente

quizá estemos en el interior de un átomo

o envueltos en un manto

entonces vuelvo y sirvo las tazas

coloco la infusión de boldo junto a ti

y escucho el acero de la cucharilla tintinear dentro del jarro 

observo por un último momento tus ojos a través de tus gafas  

porque estoy en un recuerdo que inventé

y ya no es tan seguro si te serví una bolsita de boldo

o si te hice un agua con orégano

solo siento la aspereza de la mezclilla de tu chaqueta

en esa noche que nos dimos un abrazo por última vez


sábado, 15 de agosto de 2020

200 (señales de humo)

entro y salgo de la ducha

me miro en el espejo

primero seco luego brumoso,

contrario a los consejos de mishima

 

me ejercito por las noches,

elaboré una rutina compleja y calculada,

una máscara que posee varias facciones;

frente al espejo me observo unos momentos:

 

el perfil de mis pectorales desnudos,

los valles que socaba la hipertrofia

el desarrollo involuntario del radial;

observar me hace fugazmente feliz

 

la manera en que mi abdomen,

imitando el interior de un guante,

forma un lugar perfecto para posar una mano,

como estrías de una palanca de cambios

 

la de esa camioneta toyota blanca

que mi padre vendió y me dolió tanto,

porque sentí que se iba algo de mí;

cuando fui a dejar ese automóvil a su comprador

 

miré mi derecha vacía y

a la izquierda las playas repletas de aves,

absurdamente llenas

de aves que volaban en bandadas;

 

estaba solo en ese auto sin cambios,

sin marchas que evidenciaran mi incompetencia

y los pájaros surcaban el cielo

como sinuosidades anatómicas 

 

que puedo reconocer

porque construyen un tinglado

friccionando esas masas oblicuas que

limitan en mi abdomen.

 

es un orden comprensible,

una lengua muerta que aprendí a hablar,

a través de la dilatación de mi carne,

que se rompe y vuelve a liar;

 

mi cuerpo emite señales de humo

me grita el nombre de la miko que amo

acuno su bello rostro

memorizo la posición de sus lunares

 

y me cuenta el final de nuestro teatro kabuki:

dos amantes que se matan

incapaces de sobrevivir

en un mundo deshabitado


viernes, 10 de julio de 2020

109 (penúltimo)

I.

Aquellos que quieren morir
en verdad no quieren
Muchas veces sí,
pero no morir
no de forma física

Todos desean otra oportunidad
—yo lo deseo—
pero no se pueda rebobinar:
la vida;
la historia
va sin REWIND

Aunque, pensándolo
quizás sí
pero se rompería la cinta
o se haría irreconocible
y no quiero eso.

Tampoco existe el olvido,
la impresión es permanente.
Lo que existe es: la incapacidad para
comunicarse;
para eso están los Médiums

La carne sigue allí,
es cosas de abrir cualquier tumba
Lo que faltan son las voces,
yo pido prestadas las palabras

II.

Recuerdo cargarte
a horcajadas sobre mi espalda
cuando vivía en ese apartamento
tan inconveniente,
al costado de la línea del tren

fue un juego
que ahora lucirá tonto
ante tus ojos
pero el conserje sonreía.

Recuerdo tus brazos amarrándose en mi cuello
y las piedras apiladas
a la orillas de la vía
como pequeñas migajas
de cráneos masticados.

Esa impresión también es
permanente.

III.

Bajo la lluvia
A mitad de un bosque marmolado
hay una pareja
esperando ser rescatada

Pero nadie vendrá:
NADIE.

Él,
temblando de frío,
coloca su cara
sobre el cuello de la chica;
lo invade una certeza:
nunca podrá saber lo que se encuentra
al interior de su mente
ni detrás de sus lunares,
repartidos azarosamente por su rostro

pero los une
y descifra algún sentido,
un mensaje que lo pone triste
aunque es sólo una intuición.
Ella siempre ha sido inescrutable.

suena el crujido en sus oídos,
luego, ese relámpago rojizo
que lo oscurece todo.

Ahora sólo está la chica,
en el mismo bosque,
con la misma lluvia
que no para de caer.

FINAL.

Dos amantes
se juntan
en un bosque.
La sangre fluye silenciosamente
como si se tratara de sudor,
pero es sangre
Están tan fisurados
como la palma de una mano.

Y esa impresión es permanente

miércoles, 8 de julio de 2020

Nuestra suerte*

El azar dicta
que vengas,
el azar pregunta:
¿Podrás resistir

la partida?
El azar dice,
habibti,
que no hemos amado

por casi un año
¿Podrás aguantar
la soledad?
Yo no puedo;

además de ti,
le temo 
al viento,
a las aves,

al mar
y sus olas,
a los subterráneos 
y la humedad;

detecto
graves amenazas
en todas partes;
me asusta hasta

la brisa que sopla
entre los tamarugos,
no aguanto 
más.

Nuestra suerte, 
me decreta,
querida,
estar aquí.

¿O es que acaso me dejaste
de querer?


*Esta es una mala traducción hecha por mí o un personal encuentro con un poema de Hilda Doolittle (H.D.) que me gusta mucho. También me produce mucha pena, seguramente, porque se siente pretéritamente real para mí y cada vez que lo repaso es como si la piel recuperada se volviese a escaldar. Su poesía me hace doler el pecho, la piel. Hilda fue una poeta valiente, terriblemente atormentada y absolutamente moderna. En alguno de los versos de The Cantos el autor reclama: tan lentas son las rosas en abrise. Hilda, por su parte, responde a la oscura miseria optimista de Pound con: la rosa más roja se marchita ¿puedo soportarlo? 
La versión original se llama Chance, pero ni eso respeté. Dejo el original a continuación, de modo aglomerado: Chance says,/come here/chance says,/can you bear//to part?/Sweetheart,/we haven't loved//for almost a year/can you bear/this loneliness?/I can't;//Apart from you/i fear/wind,/bird,//sea,/wave,/low places/and the high air;//i hear/dire threat/everywhere;/i start//at wind/in sycamores,/i can't bear/anything/futher;//chance says,/dear,/i'm here,//Don't you want me/any more?

domingo, 17 de mayo de 2020

El horror: un texto latero más escrito por mí.

It deem it be — Continually —
At the Meridian?
 Una poeta sagitario


Me quedé pensando en lo reconfortante del terror hoy por hoy y, posiblemente, siempre. Primero pensé que la periferia del género era lo que lo hacía tan adecuado, porque lo forzaba a uno a quitar la mirada de los hechos, te vehiculiza, de alguna manera, a una zona segura donde poder proteger nuestra mente de lo verdaderamente terrorífico, o sea: el coronavirus, el encierro y la realidad misma a fin de cuentas. Pero no es del todo cierto eso aunque yo ya no afirmo casi nada, sólo un par de cosas, porque aunque uno se introduzca en una experiencia disociada de la realidad, en un simulacro, por así decirlo, eso no produce que, al finalizar la película o el libro, el miedo pretérito no siga allí, de hecho, se torna un poco frustrante pasar de un miedo a otro, terminar de ver Hellraiser para darse cuenta por la tele que nos gobiernan y dirigen elementalmente esos mismos cenobitas.

Ahora estoy más inclinado a pensar que lo reconfortante debe yacer en la reflexión, en el examen del miedo, en ensayar lo inefable para aproximarse de alguna manera, de una humana manera, a la voluptuosidad en que habita ese temor que nos embarga a todos, quizá estas palabras no te digan ciertamente nada y, de seguro, Carpenter lo dibuja mejor que yo en In the mouth of madness. De cualquier manera, yo soy de los que piensa que de esta experiencia no se va sacar nada en limpio ni siquiera creo que empeore, al menos no de una manera demasiado perceptible, el día que repartan la vacuna y la gente pueda salir a la calle y la muy entre comillas normalidad se retome, no va ocurrir absolutamente nada, la gente va mirar al cielo y en el mejor de los casos se reirán, pero no va pasar NADA, esa inmensa mayoría no le va haber hecho ni cosquilla la cuarentena ni la peste ni la muerte.

A veces pienso que ando muy gótico, la otra vez un tipo escribió que en Cisjordania (الضفة الغربية) vivían así todo el tiempo, transitando de claustro en claustro y debe ser cierto y no es que crea que haya que poner en pausa la decencia y la empatía, pero me cuesta mucho salirme de mí mismo, siento que estoy tan inundado que me es imposible llegar hasta medio oriente y preocuparme de eso o lo otro. Es que apenas puedo leer, hacer ejercicio y cada vez como menos, ahora mismo estoy un poco fatigado.

Por otra parte, pensaba en el aniversario de Mad Max, la última, y que un escritor hace algún tiempo atrás afirmaba muy suelto de cuerpo que la película era “una perfecta reinterpretación de Moby Dick”. Mientras leía esa ridiculez, concluí que esa película está infinitamente más emparentada con Stagecoach o con el cine de Howard Hawks, pero este gallo decía eso de la novela de Melville y la verdad es que yo no lo veo, lo que sí veo es a un niño de tres años jugando con su playmobil y tratando de meter los cuadrados en las ranuras redondas.

Moby Dick es una novela de terror si uno se lo piensa, es estilísticamente un relato gótico y se trata, en síntesis, de un montón de gente que está junta por motivos equivocados y se ven forzados a enfrentar a una fuerza infinitamente superior a ellos, individual y conjuntamente. Así vista, The Evil Dead o Tiburón se acercan mucho más a Moby Dick que cualquier película de George Miller —que imagino no debe estar ni enterado de lo que escribe el patético de Ortega—. De hecho, hay capítulos derechamente gore como el de la esfinge y otros repletos de una tensión asfixiante, definitivamente en el desenlace. Mad Max es una perfecta película de acción y distopía sea lo que sea que signifique distopía a esta altura, quizá la mejor de todas, sobre todo en su versión cromada, salvo que me caen medio pesado algunas cosas muy sobrescritas o explícitas, pero yo soy de esos siúticos que le gusta más la del 79 y me gusta más la Beneath the Planet of the Apes que la primera, así que no soy de fiar en esto temas y eso está bien.

Comprendo que son cosas de gusto, porque gusto y comprensión no son un continuum, eso el Pancho no creo que lo haya interiorizado, porque reseña libros y textos de la misma forma que ve patos y pichones, con un afán de coleccionista y me imagino que está bien, pero no pillo nada personal ahí y eso es desolador y no voy a venir yo a negarle la literatura a nadie, menos todavía a un amigo; simplemente, no me trago esos relativismo tan higienizados. Intento decir que para mí los libros y las películas no son una hilvanada trama que hay que consumir hasta el vómito, tampoco creo que haya que generar una especie de digestión perfecta, solo que no puedes descansar en Harold Bloom cuando la verdad es que no vale ni dos pesos ese tipo. Dudo bastante de la necesidad de un canon, soy para-canon o anti-canon o a-canon, quién sabe, dudo de la necesidad o la existencia siquiera de un camino, porque es afirmar una ilusión tan evidente, porque no todo es un puto trekking, por Dios, no sé cómo no se dan cuenta y me angustia y me generan una herida que sangra profusamente. Lo único que quiero decir es que la cuestión está más cerca de ser “un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento” que cualquier otra cosa, ese hallazgo es lo más acercado que se ha dicho jamás: una pulsión sagital entre Cumbres Borrascosas y Billy Budd o como cuando te encuentras con la persona que amas y sientes, sin advertencia, que ahora tu corazón palpita desde el interior de tu cuello y que no se va mover de allí nunca más, así que no puedes ni vocalizar ni nada, entonces quieres echarte a llorar o dormirte para siempre, pero al mismo tiempo te enteras, por un segundo, que estás vivo y percibes la sangre deslizándose en cada centímetro de tu endeble cuerpo. Igual probablemente cambie de opinión, como dije antes, yo ya no afirmo nada, salvo un par de cosas.

viernes, 8 de mayo de 2020

Un hombre bajo la influencia (vol. ii)

Hace una semana atrás llegaron unos tipos de la compañía del agua y comenzaron a hacer un hoyo en la mitad de la calle, imagino que debido a alguna fuga o algo por el estilo y supongo que hasta ahí todo bien, pero en cuanto comenzaron a excavar no pararon más. Fue un desplazamiento de tierra ridículo, para el segundo día la ruma que se formó era tan grande que hacía prácticamente imposible sacar los vehículos de las casas e impedía hasta el más mínimo y civil tránsito. Yo, siendo sincero, salgo tan escasamente de mi casa que no me afectó gravemente, pero me parecía extrañísimo lo que estaba ocurriendo afuera y parecía como si hubiesen encontrado un cadáver o los huesos de un dinosaurio. Esa duna roja o café que se iba acumulando entre todo ese asfalto roto terminó por alcanzar la altura de una casa, era imponente, pero más interesante que eso era el hoyo en el suelo que implicaba la presencia de ese cúmulo de tierra, además, de la exponencial cantidad de gente y maquinaria que se iba acumulando a menos de cinco metros de las ventanas de mi habitación. Desde el segundo piso, podía distinguir la tubería desnuda y el sustrato horadado que se mostraba ante mí como una terrible herida expuesta, mientras me preguntaba cuán hondo podría ser ese hoyo, que a esta altura ya podía estar en medio de la calle o en medio de mi cabeza. Pasó un día más y algunos trabajadores comenzaron a descender en la excavación y la concavidad terminó por anegarse, así que todo se tornó como esas escenas del principio de A Woman Under The Influence, de los tipos luchando contra el agua con impermeables amarillos y botas de goma, aunque, más que tipos, era la humanidad completa tratando de combatir una fuerza aparentemente externa, la humanidad enfrentada a un furibundo caballo cimarrón o alguna clase de subterráneo dios primigenio, pero nada más equivocado, porque son simplemente hombres intentando reparar una matriz de suministro y, por otra parte, no somos más que personas luchando contra la locura. Eventualmente lo cerraron, un día desperté y la tierra estaba nuevamente ahí, donde se espera que esté siempre.

El abismo sigue allí, no han pavimentado y quizás sea mejor así. Yo aún puedo distinguir el pique: vivo, palpitante; como una cicatriz que se esconde tras un tatuaje viejo. Creo que lo que más me intriga no es la profundidad de esa cuchillada que se asestó en la tierra, sino la oscuridad que esconde la misma. Soñaba con poder salir y ver con mis propios ojos la penumbra, incluso sentarme y balancear las piernas en ese vacío tan reciente, acomodarme de tal manera en las fauces de las sombras que pareciera una provocación, casi deseando que algo me llevara para castigar, de una vez, todas mis tropelías. Pero me da miedo, amor mío, me da mucho miedo esa oscuridad que se enmudece con el ruido de las calles y la gente, pero que sigue allí, esa oscuridad que suponen las heridas del pasado y todas las que vendrán, esa oscuridad que significan mis errores y vergüenzas, pero también mis temores subterráneos, esa sombra que termina permeando completamente en mi cerebro, haciéndole pensar lo peor y, la verdad, es que no sé cuánto de mí sobreviviría sin ti. Probablemente nada.

lunes, 27 de abril de 2020

107 (poema de amor).


i.- Creo que no tenemos recuerdos del mar, en el mar; aunque, claro, está ese año nuevo del que sólo puedo visualizar sombras, el roquerío y ese océano casi que completamente negro, como si fuese un mar contaminado

ii.- Conquistado por la oscuridad de esa noche tan lejana en el tiempo y contaminado de nosotros mismo que jamás vimos una pileta tan grande y densa como esa

iii.- Quizá piense esto porque puedo sentir y ver las olas presionando este terruño desde el patio de la casa de mis padres: es una escena tremendamente triste y desoladora

iv.- Me resulta complejo llegar hasta ese momento, invocar todos esos colores tan opacos o el parche de la chaqueta de tu amigo o simplemente la arena

v.- Porque mis mares son una representación de tu sueño y yo imagino dos peces aureolados buscándose en medio de un océano nocturno

vi.- Experimentando todos los matices de la angustia, igual que dos niños zambulléndose en el agua


viernes, 20 de marzo de 2020

104

esta clase de cosas lo hacen a uno pensar
pensar muchas cosas
en ti, desde luego
pero en otra dimensión de ti;
ahora he pensado más en tus piernas o en tus dientes,
el olor de tu perfume en ese chaleco café

creo que eso es lo que jode un poco a todo el mundo,
a mí no no tanto,
siento que al menos
contra ese virus yo ya me vacuné

hablo de que pensar mucho
hacerlo mucho
materializa un poco las cosas
a mí me pasa contigo

*un escritor de ciencia ficción
no tiene derecho a creer en lo que cuenta*
eso dijo carrère que dijo dick
y a mí me da pena
porque al final uno siempre cree en lo que escribe
aunque esté escrito

no me parece imposible (lo repito)
pero lo torna todo muy confuso:
nuestro hogar,
las visitas conyugales,
todo lo hermosamente bella que es tu cara

tuve una quemadura de perdigón en el brazo
me la miraba —y me la miro ahora,
como se iba recubriendo.
y me di cuenta
que es extenuante la tragedia, y
lo mucho que extraño tus preciosos lunares

cuando seamos brasa ardiente,
como la herida de mi brazo,
recordaremos nuestro compromiso
y quizá lloremos para después reírnos
porque sabremos que vendrá una nueva cuarentena





jueves, 12 de marzo de 2020

Es raro pensar en la amistad, es raro cuando uno reflexiona un poco sobre los vínculos, en lo endebles que son, pero lo fuerte que aparentan o demuestran ser y que, cualquiera sea el caso, lo natural siempre será la disipación. Pensaba en D, que hoy vi, aunque no hablamos hace casi un mes, no me pareció tanto tiempo, de todas formas, noté cierto recelo. Claro que nada grave, sólo un rencorcillo por no llamar o no decir algo en como treinta días, por whatsapp ni nada, mientras conversábamos parecía que D mascaba un bocadillo amargo, un carpaccio de salmón con demasiadas alcaparras. Con D pasamos San Valentín, es gracioso pensarlo, nos juntamos con G también, pero esta no es una historia acerca de G, no viene al caso, porque terminamos en una de esas casas del centro, imagino que los dueños eran croatas o serbios, el anfitrión naturalmente que era chileno, hablo de sus abuelos, sus ancestros eran yugoslavos o eso aparentaba. Era una casa grande, amplia y ordenada, en realidad tenía pocas cosas, con un ligero hedor, olor a casa antigua de casco viejo, como si hubiese un paño mojado debajo de algún retablo indeterminado del piso. Como ya no fumo no quería estar afuera, el patio era estrecho, parecía asfixiante, nos quedamos con D en el estar revisando los libros que había en los estantes, casi todo era literatura cristiana y folletos, yo había ido antes, así que ataqué el queso y empecé a revisar los álbumes de fotos. Bajó la tía o la mamá de ese tal Vinko, no sé, nos retó por andar revisando las fotos, nos quitó el álbum, el queso, nos echó al patio como perros, como si fuésemos dos sacos de pulgas, puso candado en el instagram familiar. Le comenté a D que la señora estaba tratando de ocultar el pasado comunista de la familia, porque tenía fotos de Tito, recortes de diario quiero decir. Nos reímos, después nos fuimos caminando. Ahora D me contaba que tenía adolorida la espalda, a D lo apalearon bastante, yo ando tranquilo y eso que cuando estaba en el piso sentí que la presión me iba a reventar el esternón en mil pedazos y mis pulmones recién mullidos iban a esparcirse por todo ese asfalto que hervía. Con D se ensañaron, se resistió más y la bofia odia a la gente morena, pero a la gente rubia que se cree morena evidentemente que la odian un poco más. Hoy, al final, D me dijo que tenía el poema listo para lo del concurso, le dije que lo mandara al mail, que se lo iban a traducir y lo publicarían junto al mío, ya había hablado con las tipas. Debí pedirle que me lo mandara para cerciorarme. Debí darle un abrazo. D es poeta, poeta poeta, y me parte el corazón que la vida se encabrone tanto con él. Lo que más me entristece es la impresión que a veces me transmite D, como si me debiera algo muy costoso o tuviese una deuda impagable conmigo, un CAE de amistad. Ni se imaginan lo mucho que le debo yo a él, no saben el peso que me quitó de encima desde el primer minuto que cruzamos palabra y que esto que escribo de seguro será la única boleta que quedará de esa deuda. 

jueves, 5 de marzo de 2020

103

La otra noche soñé que estaba en Japón, sentía frío en las manos, frío en las orejas. Ahora, cuando digo que soñé en realidad quiero decir que cuando me levanté a eso de las siete de la mañana me dio una fuerte sensación de que había estado en Japón mientras dormía, no es que haya tenido imágenes nítidas de mí mismo caminando por Shibuya o algo así, al contrario, es sólo un sentimiento unido a una convicción semi-consciente de que estuve allí: no hay trama, no hay historia, no hay barridos de cámara o planos cenitales, sólo existe un vacío que se vierte y luego se vuelve a replegar. Hace un tiempo atrás le dije a una amiga que no creía que existiesen los sueños, al menos no de la puñetera forma en la que nos los venden, que es más cercano a una ensoñación en vigilia o alguna obcecación creativa que a una obra destilada por medio de los alambiques del inconsciente; porque creo que para los sueños no hay narratología que valga. Cualquiera podría cuestionar fácilmente todas mis disquisiciones respecto a los sueños, podría hallar vicioso y deprimente mi enfoque, porque esa sensación de la que hablo finalmente es una relación de sentido, podrían cuestionar el porqué de Japón en vez de, por ejemplo, el Londres de Woolf o Seattle o incluso el Dublín de Joyce. En general, siento que nada de lo que escribo termina por responder nada, me angustia mucho eso, pero no creo que sea esa mi misión, además que hay cosas que son inescrutables, como los sueños, como la memoria, y pretender cruzar esas bóvedas es sumamente ridículo y estéril a fin de cuentas. Existe la posibilidad de que estés sintiendo frío ahora mismo y que yo lo sienta, a lo mejor la rigidez del ceño por el espesor húmedo del aire sea algo telepáticamente transferible hasta mi habitación en Iquique, quizá no, puede que haya visto alguna película que me recordó una que otra frase de Mishima y me durmiese con el aire acondicionado encendido. Nunca he ido a Japón, a lo mejor nunca lo conoceré ni estaré cerca, pero sé lo que se siente estarlo, sé que el frío de los callejones de Yotsuya es el mismo frío que sienten los niños que mendigan en Palmira y sé que los murmullos que escucho salen directamente de tu pecho en alguna de las capitales del mundo civilizado, es el murmullo del río, de la corriente, el rechinar del hielo fisurándose y una atmósfera cargada, el frío desolador del amor que nubla y precipita sobre mi mente.

viernes, 14 de febrero de 2020

Hablar al aire*

Es triste pensar que el aire sea lo
único que compartimos.
No importa lo cerca que estemos
el uno del otro.
Siempre estará allí ese aire entre nosotros.

Pero también es agradable pensar en la idea
de que respiramos lo mismo.
No importa lo alejados que estemos
el aire nos hace uno.


*Esta es una traducción libre, hecha vilmente por mí, del poema Air Talk de Yoko Ono. Este poema está fechado: '67. Un año luego de haber conocido a John Lennon, probablemente meses. El poema serviría en estructura y lírica, que en este caso yo no respeté, para la canción del mismo nombre grabada el '72. Y a mí me gusta mucho.

martes, 4 de febrero de 2020

102 (guerra fría).

I

A veces cuando estoy en el cine respiro hondo y cierro los ojos, cuando la película ya la he visto antes lo hago entre escenas o en esas transiciones en medio de un acto y otro. La gente que lo llega a notar, me imagino, debe pensar que es para relajarme, por agorafobia o cosas por el estilo. Lo cierto es que intento conectarme contigo, trato de visualizarte y pienso en lo que podrías estar sintiendo en ese momento pasado y presente, intento desde mi humana precariedad buscar ese tiempo en el que estamos juntos viendo esa película. Hace unos días proyectaron Häxan en la sala Akana, como yo la propuse tuve que presentarla: no dije demasiado, hice algunas referencias, luego sólo les pedí que cerraran los ojos y pensaran en algo que amaran y extrañaran mucho, que sintieran la melancolía escurrirse, que sintieran esa extraña sensación de ver como el tiempo se va texturizando. Estaba particularmente triste ese día y una señora se puso a llorar.

II

Vimos Mujercitas con Kid, que es la única persona con quien hubiese ido a ver Mujercitas. Ahora, esto lo escribo con una humildad suprema, desde un rincón, pero creo que la película trabaja con un sentimiento o, si se desea ser más figurativo, con una paleta de colores muy lorquiana. Intento enfocarlo en los Poemas de la soledad en Columbia University, aunque funciona con el poemario completo de Nueva York. Lo digo también porque la película hace rimar sus tiempos, ambos tomos y la ficción con la realidad biográfica de Louisa May Alcott en este ensamble vigorizante y visualmente moderno que terminó por cruzarse en mi mente con estos poemas tan bellos y marchitos de nuestro poeta peregrino. Es tan difícil darse por enterado cuando la infancia realmente termina y es difícil, porque aceptar que naturalmente todo se dispersa y, por lo tanto, que todo se vuelve lejano y gélido es algo que te quita el aliento. Lo más triste debe ser que el único oxígeno a la mano para sacarse ese ahogo es la nostalgia, la melancolía, pero tiene un costo tan elevado y a mí todo este asunto me hace polvo.

III

Vi el final de Bojack Horseman, llegado a este punto en realidad no quiero escribir mucho. Creo que me gustó porque me encantaría que las cosas hubiesen sido de otra forma, que lo que entendí como traición lo hubiese tomado como la reacción de un espectador ante un cuadro, como una corriente o una elipsis, y que hubiese estado allí para cuando las cosas se pusieran más resbaladizas e inclinadas, hacer un hogar, tener algunas plantas, qué sé yo. Posiblemente sea una persona totalmente distinta, pero me sigo reconociendo y viviendo en ese vuelo desde Panamá. Me da miedo el final, pero sé que en verdad nada realmente termina, no esta clase de cosas y, en ese sentido, el final de Bojack me recuerda un poco al de Mad Men y también al final de Magnolia,
porque es ese el eco de lo humano,
lo que verdaderamente importa,
eso que persiste y es inmortal,
una especie de imagen o idea de que en el flujo
estamos juntos,
aunque, a momentos, es demasiado veloz y
sencillamente
no te veo,
entonces
respiro hondo y cierro lo ojos.