lunes, 30 de diciembre de 2019

pág. 28

Vi la película como me dijiste - como en mi imaginación yo pienso que me dijiste-.Y es extraño lo que siento, porque me aflora una sensación muy familiar, así que me aventuro, por momentos, a pensar que Portrait de la jeune fille en feu me está hablando a mí de manera directa. Me costó construir mentalmente lo que quería escribir, porque me cuesta comunicarme contigo a veces. Hay cosas que muy difícilmente pueden expresarse en palabras, hay cosas que no pueden ser dichas en voz alta ni transcritas en un lienzo, la realidad se hace arrolladoramente insuperable estos días, pero ese pedazo de misterio me mantiene siempre dentro tuyo, incendiándote en cada pedazo de mi mente.

viernes, 18 de octubre de 2019

101 (barroco).

Unos días atrás estaba en la oficina de un profesor leyendo la introducción de la antología clásica de Regazzonni sobre escritoras latinoamericanas, después tuve que separar algunos textos por grupos temáticos. Pasé casi toda la tarde en eso, me dolían el cuello y los hombros, pero me gustaron harto dos escritoras. Luego fui al paradero, pensé en lo diferente que es el transporte público en una ciudad más grande en comparación con una como Iquique, lo uncido que están una serie de singularidades, buenas y malas, con la precariedad y la distancia, también pensé en Sab de la Gertrudis Gómez de Avellaneda y en James Baldwin, que de alguna manera describen un mundo que funciona sometido a esas mismas fuerzas, una misma energía que se dispara sobre todas las formas, aunque ninguno de ambos verdaderamente pretendía describir nada y aunque, claro, yo no he leído If Beale Street could talk todavía. Entonces, subo a la nave y lógicamente me ubico en un asiento desocupado, al rato me ataca una angustia terrible, porque noto que tomé el recorrido equivocado, pero fácil me resigno y me siento a esperar que la micro de la vuelta.

Fue triste y nostálgica la circunvalación que hice en ese autobús tan impersonal y limpio del recorrido número 17, supongo que me recordó varias cosas, porque a veces uno piensa cuestiones que quiere dejar de pensar, entonces las deja en reposo, pero siempre vuelven, a veces con una canción de Taylor Swift, otras leyendo el final de Aves sin nido; pero vuelve, como si esa ingenua evasión fuese sólo un pivote y cuando estás con la cabeza más pegada al poco vidrio que posee esa caja de metal reaparece, cae el rayo del arcano xvi . Ese sentimiento punza y todo lo que toca lo transforma, porque funciona igual que el lenguaje. Entonces, se hace evidente lo recursivo de mi amor, lo inherente de tu imagen en mi mente, que no es propiamente una imagen sino que un signo, aunque hablamos de lo mismo.

Cada punzada es dolor, supongo que es un recordatorio de lo tapiada que está la ventana que separa mi casa de la tuya: ese dolor que desnuda como muda de forma nuestro amor que se esconde en lo profundo del Paraná, porque lo nuestro se resguarda en lo profundo, en la tristeza del lecho fluvial, entre ese atiborrado montón de palabras que demuestras que el único lugar al que pertenecemos, nuestra patria, es un inveterado pueblo sin ley que construimos hace tantos años atrás y que el único acto legítimo, después de todo el sufrimiento que te infligí, es amarte sin debilidades, sin decir una palabra que demuestre que tengo conciencia de nuestra debilidad y que nos amenaza para hoy y para mañana tribulaciones y peligros. Eso, probablemente, sea tan exigente como soportar mil cortes o el escafismo, como morir desangrado en la calle, pero prevaleceremos, amor mío, prevaleceremos, en esta vida o en la próxima, y me hundiré para siempre en tus suaves pechos, para no volver a decir palabra alguna más que tu nombre.

sábado, 3 de agosto de 2019

La derrota es la confirmación de un error. No, la derrota es un acontecimiento, una posibilidad que se vuelve real, que se transforma en lo real más bien, desde un punto de vista fenomenológico. Ahora, ninguna de las aseveraciones es falsa, sencillamente no pueden coexistir, son de alguna manera antípodas virtuales, así que una u otra, y hasta quizá alguna más que se me vaya, serán del todo factibles, me imagino que su factibilidad dependerá de otro, u otros, acontecimientos. Como sea, pienso que Medel cree en la primera y Kid en la segunda; eso explica muchas cosas de uno y otro, y de la opinión que tienen el uno del otro. Yo creo que estoy más inclinado a creer en lo segundo, pero le haría una corrección, le agregaría una actualización: pienso que la derrota deviene en lo real, pero que además, muchas veces, deviene lo divino, como una forma expresiva de esa fuerza, ese torrente que fluye como fluiría la sangre por nuestras muñecas. Esta figuración me define como devoto, como un creyente, creo además que eso mismo es lo que me vuelve cristiano, pero en un sentido más superficial, en un sentido aparente, porque ciertamente soy musulmán, un humilde testigo más del véspero.

martes, 16 de julio de 2019

Alifato.


E le comenta a F que no logra entender la envidia, que le parece un sentimiento muy lejano, ya casi incomprensible, que sería necesario remontarse hasta algún punto de su infancia, lo que lo lleva a concluir que la envidia es un sentimiento infantil. Pero F, que no pierde oportunidad de discutir, lo contradice, realmente no lo contradice, sólo le dice a E que muy seguramente tiene esa percepción debido a que lo ha tenido todo en la vida: todo fácil, todo listo. E, en íntima consternación, le contesta bruscamente a F que no lo conoce tanto, que aunque sostengan una relación, aunque tengan sexo o hagan las compras juntos en el supermercado en realidad no lo conoce. La verdad es que ambos espetan afirmaciones con mucha liviandad, así que probablemente la envidia no sea un sentimiento infantil, sino que básico, instintivo, reptil. Por otro parte, F desconoce que E cuando niño no era todo lo económicamente acomodado que es actualmente, pero F tiene un punto y sabe que eso a E le afecta, no tanto, porque nada parece afectarle mucho a E, pero le duele, lo puede notar debido a que ha pasado mucho tiempo junto a E, ya puede percibir ese leve cambio de frecuencia en sus palabras, algo parecido al efímero titileo de un tubo fluorescente antes de prenderse por completo. Entonces, F se pone a hablar de otras cosas y E lo deja pasar, lo deja pasar al igual que un montón de cosas: la loza sucia o lo desordenado del closet de F. Sencillamente no quiera saber más del asunto y tampoco cree que F tenga malas intenciones, y eso ciertamente no lo cree sino que lo sabe. En la noche comen algo, tiene relaciones sexuales, toman vino, qué da, lo que hacen todas esas sosas parejas que pueblan este mundo, aunque ahora los muros parecen más fríos y duros, el lugar se torna más pequeños de alguna manera, todas las paredes de la casa van sumando volumen con el eco de una sola idea: “F verdaderamente no conoce a E”. Por ejemplo, no sabe que en ese mismo segundo E está pensando en J, porque E piensa mucho en J, la piensa siempre, seguramente porque J sí que conoce a E, más de lo que ellos mismo y los demás querrían. Quizá sea por eso que E ama a J, aunque estén separados por un vidrio, ya que J puede ser E y E puede ser J, pero jamás podrán ser F ni V ni ninguna otra letra y eso es terriblemente lamentable y patético, pero también es muy romántico, porque de alguna manera se transformaron en su propio alfabeto, en un alifato de dos letras.

viernes, 10 de mayo de 2019

100 (un peral silvestre).

Yo soy el profeta,
porque me enteré antes que tú
porque lo supe todo el tiempo
pero no pude aprenderlo de memoria
entonces, me preguntas si podría olvidarlo
olvidarte y olvidarnos,
te preguntas a ti misma,
me lo pregunto yo,
por supuesto,
y hasta, a lo mejor,
se lo pregunte algún amigo
mirándose o
sentado en su escritorio de 100 x 70 x 75.

¿Podría yo olvidarte?
¿yo?
el mismo que arruinó nuestras vidas intentando odiarte;
infructífero,
         agotador,
                extenuante.

No podría olvidarte,
porque significaría olvidarme,
así que me aferro
como el hueso se aferra a la carne
y no fue más que esa nuestra profecía:
observar un mundo destruido.


sábado, 4 de mayo de 2019

99

A veces siento que es muy injusto el rol que me tocó, pero, claro, tampoco me lamento tanto; una queja sorda. Es sólo que hay veces en que se torna demasiado gruesa o notoria la diferencia entre ellos y yo. Tanto es así, que me imagino como un lastre, una medida, el ancla que arrastra toda esa gente que camina por las calles. Y creo que hago mi parte, me aprendo de memoria mi papel, como un soldado que puede armar y desarmar su pistola a ciegas, pero eso no hace ni por un momento más agradable el sentimiento. Tampoco intento engañar a nadie, porque siempre he estado así, toda la vida fue así, no es algo nuevo lo que cuento; aunque, supongo, fue un desalojo paulatino. ¿Estoy listo para esto? ¿Alguna vez estuve listo para esto?

domingo, 28 de abril de 2019

Es extraña la forma en que opera la pena -en realidad, "extraña" no es la palabra que busco, despiadada tampoco, inmisericorde menos-. Impía es la manera en que trabaja la pena, la tristeza funciona de una manera demasiado violenta y efectiva como para que la podamos describir de forma analítica, mucho menos este pobre manojo de palabras podrá hacerlo. Por ejemplo, estaba terminando de leer esa edición Tajamar de la Habitación de Giovanni que me compré en Santiago, eran cerca de las tres de la mañana y sentí un recogimiento tan grande, creo que hasta sollocé en algunos tramos, después naturalmente lloré y eso, al contrario de neutralizar mis ánimos, me dejó sumamente intranquilo. A veces pienso que entiendo muy bien lo que escribe la Ñuño, no por vivir en un contexto similar o por arrastrar una historia parecida, porque no es el caso, de hecho, podría decirse que no la conozco en absoluto, pero siento mucho su literatura y eso es como conocer a alguien de algún modo, es una conexión indesmentible. Una noche antes de todo, fui al departamento de la Fran, vi High Life, nos inyectamos ketamina, supongo que lo hice con la esperanza de ver a Pailla en el viaje, con la esperanza de remover los kilos de sedimento que hay encima de su recuerdo. Pero no, fue absolutamente fútil, tengo que saber vivir con esa memoria achurada.

Los últimos años que viví en Concepción fueron muy tristes, o sea, ahora lucen muy tristes esos meses que se convirtieron rápidamente en años y la verdad es que no creo que con Pailla fuésemos los "mejores" amigos, ni siquiera "grandes" amigos, éramos tan sólo amigos. Pensaba en la pena y en la Nuño, porque yo he estado allí, en ese lugar apartado y húmedo, sé muy bien que la tristeza actúa como la gangrena y es probable que al principio sea una simple cojera, pero luego de unos meses caes en cuenta de que ya no puedes pararte y así hasta que te da una septicemia. Todo eso ocurre sin advertencia alguna y contrario a las leyes de la razón. De todas maneras, quién soy yo para hablar de la tristeza, más aún de la tristeza ajena, qué sé yo a fin de cuentas. Lo que más me apenó de la muerte de Pailla fue mi ingratitud, porque cuando más mal me sentí él me empezó a visitar, creo que partió un día que fue a buscar a Jorge, imagino que debió detectar algo, sentir el olor a agua estancada. Conversamos mucho, durante varios meses, para cuando le conté lo que te había hecho, las cosas atroces que te escribí, Pailla ya había perdido la oportunidad de renunciar o desentenderse de mí. Siguió visitándome, siguió recordándome lo miserable que fui, señalando lo ridículo y egoísta que fue la idea de pretender odiar lo que se amaba, a la vez, que me regalaba su cariño y, por sobre todo, compañía. No es común que cuando uno se siente más solo aparezca alguien a evitar que te hundas, lo natural es que el peso haga lo suyo; además, quién habría dicho que él tenía la altura moral o las habilidades para ayudar tanto a otro ser humano. La respuesta es que ninguno, nadie daba un peso por él, nadie lo consideraba en lo más mínimo. No lo miraban por su color de piel, no lo invitaban porque era mapuche y pobre. Yo siempre encontré muy bonita su sonrisa, los dientes grandes y la ternura que la componían, eso siempre lo voy a recordar.

¿Es posible, acaso, pensar que se puede continuar un juego sin mirar atrás? ¿Sin pedir perdón en algún momento?

Perdóname algún día por haber destruir nuestro amor.
Perdóname, amigo, por no haber estado allí.
Perdónenme todos por la pena que siento.



miércoles, 3 de abril de 2019

Ya a esta altura quizá no valga la pena decirtelo, pero pienso que First Reformed es algo que perfectamente pudo escribir Salinger, creo que quizás sea eso lo que te preocupa más, pero a mi me hace total sentido y al final me imagino que me entrega un poco de paz, como si guardara un secreto indecible o como si le ocultara al resto que padezco de una enfermedad terminal.

jueves, 28 de marzo de 2019

Data dura.

1.- Estuve leyendo un texto de Ranciere que a momentos parecía un nudo ciego, pero terminó siendo gratificante. Como uno vive para los datos rosas, lo que más se me quedó fijado en la mente fue que la frase "like a rolling stone", gran tropo de la lengua inglesa, múltiplemente acuñada y reacuñada por la cultura popular, es siempre adjudicada al proverbio de Publio Sirio que rezaría en español algo similar a: piedra que rueda no cría musgo. La cuestión es que es absolutamente falsa esa historia y si no es totalmente falsa es, al menos, parcialmente inventada. En primer lugar, porque la obra de Publio llegó a nuestros tiempos sólo por medio de antologías y recopilaciones de sentencias hechas por otros autores latinos que terminarían siendo cristalizadas por Erasmo de Róterdam, así que no existe certeza acerca de la cadena de adjudicación de autoria del proverbio; luego, el concepto de piedra rodante se encuentra extensa e inadvertidamente regada en la obra de Platón, que ha llegado por la sucesión propia de las traducciones y estudios escolásticos y críticos a la actualidad como "piedras mudas" o "imágenes mudas", que dependerá de la edición y el enfoque. Así que si uno lee La República o incluso Fedón encontrará este concepto en los pasajes referente a la naturaleza de las palabras e ideas. Lo más probable es que la frase se remonte a los estudios platónicos que por la época debían ser transferidos por medio de máximas y versos a grito pelado, y que varios patrióticos compiladores romanos terminarían dándole el crédito a Publio e ignorando con mayor o menor grado de conciencia el antecedente helénico, lo que explica su cristalización como proverbio y, a su vez, lo difusa de su dimensión significativa.

2.- Siempre me pareció llamativo cuando estudiaba Derecho que el afán modernizador tuviese tan en entrecejo la transformación de los viejos procedimientos escritos en prístinos y ágiles procedimientos orales. Supongo que se invocaron para el cambio principios como la celeridad, la economía o la inmediatez, con todo la razón del mundo, incluso así, y en escaza conexión con lo dicho, no deja de ser llamativo el hecho de la naturalidad que posee el dispositivo de la oralidad. Lo digo porque el proceso de textualización, el paso de lo oral a lo escrito, fue natural y lógico, principalmente porque el papel resiste harto más que la memoria humana, pero fue un viaje lentísimo. Por ejemplo, lo que actualmente se considera una costumbre de idiotas, y niños en etapas iniciales de asimilación lectora, como es el acto de leer y simultáneamente decir en volumen audible lo que se está leyendo antiguamente era lo normal, no se estilaba la lectura silenciosa, situación que se explica por la abismal taza de analfabetismo de esa época y por cuestiones propias del métodos de enseñanza monacal del trivium, de hecho Jacomet comenta que San Agustín lo hacía tan fuerte que no dejaba que nadie más pudiese leer, pensar o conversar ninguna mierda en toda Hipona.

Pensaba en el tiempo cuando salió la "Amanita", pensaba en qué tipo de persona era en esa época, qué leía, qué hacía por las tardes y las noches cuando llegaba a mi casa. Y la verdad es que no consigo vislumbrarlo con absoluta nitidez. Me acuerdo de algunos hitos, como que al tipo que nos dio el financiamiento para la revista, después de que esta se publicara, lo pillamos con Vladi pegando carteles de Renovación Nacional en la Plaza Perú, así que me acerqué corriendo y le patié el tarro de engrudo o pegamento que estaba ocupando. Resultaría muy complejo describir la pena con que me miró ese tipo rechoncho y ladino, ese tipo que había sido tan amable y generoso con nosotros, lucía como si en tan sólo un par de segundos la vida lo hubiera derrotado absolutamente, cuestión que me resulta graciosa y tristísima al mismo tiempo. También recuerdo que yo edité esa revista casi absolutamente solo, así que decidí unipersonalmente cuales textos quedaban y cuales no. Yo fui el que decidió, por ejemplo, que Cotelo no sería publicado y que en cambio iba el texto de la hermana del Vela. Rara vez me gustó algo de lo que escribía Cotelo: mucha tripa y poca letra. Eso a la larga no resulta, no se sostiene, salvo que seas Nicomedes Guzmán o Nikolai Ostrovski; el tiempo me daría la razón en más de un sentido posible respecto de esa decisión. Posiblemente, lo que recuerde con mayor claridad sea la frase que me dijo alguien sobre el texto de Nico Díaz: nada tan sincero puede ser malo. Esa sentencia me hace mucho menos sentido que antes, porque la conclusión natural con el tiempo siempre será que la literatura es una gran mentira y la memoria una traicionera, se puede pretender ser real, real hasta la muerte como dice un buen poeta, pero jamás verídico, en parte porque la sinceridad es un valor ético y la ficción exige empeñar la verdad, esa verdad con minúscula. Sin una historia no hay poesía, eso decía Ezra Pound, yo traté de explicartelo una vez, aunque no supe expresarme ni articularlo apropiadamente, pero eso ya no importa. ¿Qué importa? Creo que se pueden espetar frases desafortunadas o tener una sintaxis deficiente y aun entonces conservar el estilo, hallar una formula que contenga y proteja lo que uno siente, además que, siendo honesto, ya no me interesa explicarme, perdí de forma absoluta la esperanza en ese ámbito de la vida humana. En ese momento mis pretensiones eran más sencillas, quería mirarte rápidamente a los ojos, ver mi reflejo en esa oscuridad, quería observar tus labios rojos, más rojos que cualquier sangre, para luego respirar hondo y sumergirme en el río. ¿Qué es lo que hay en el lecho del río? Mi hogar, mi lugar contigo, mi confianza en el camino, porque como maravillosamente escribiría Baldwin en La habitación de Giovanni, quizás nuestro hogar no sea un lugar sino simplemente una condición irrevocable.

domingo, 17 de marzo de 2019

Poe-Try.

1.- Todos hablan del poder de la mente y eso de que uno utiliza sólo un porcentaje minúsculo en comparación con el potencial de la misma, hasta se ha hecho más de una mala película que se sostiene sobre esa idea. Yo no dudo del lugar común, pero soy escéptico en relación a la utilidad de esa reflexión, me da la impresión de que no va a ningún lado, es pura autocomplacencia. Cualquiera sea el caso, pensé en esto porque el otro día, mientras dormía, soñé que le hacía cariño a un perro salchicha y cuando me desperté sentí una picazón terrible, así que empecé a rascarme con fuerza, era como si el perro de mis sueños hubiese intentado traspasar los cerrojos de lo puramente onírico, pero al final se quedó atascado en la verja y sólo llegaron las pulgas. Dudo que merezca una gran explicación; es obvio que se trata de una cuestión mental, de una comprobación miserable, ridícula y vívida de la manera en que la mente ejerce presión sobre la carne.

2.- Terminé de leer Tres noches hace algún tiempo. Lo recomiendo, pero no me voy a extender en eso, finalmente la lectura es un acto de fe. Pensaba la otra vez sobre una parte del libro donde Susan, la protagonista, reflexiona acerca de la escritura y como no voy a tipear el párrafo íntegro lo resumiré así: la escritura y, a fin de cuentas, la literatura está definida por el acto consciente de ordenar y seleccionar palabras para el futuro, para su uso futuro. Tampoco es algo que nadie haya esbozado antes, supongo que eso mismo confirma la idea, porque la mayoría de las definiciones son descriptivas y se enfocan en el resultado, quizá tenga que ver con esa visión unitaria del autor-obra, pero a nadie le ha importado generar una perspectiva más procesual del asunto. Me imagino que en las matemáticas debieron tener elaborado esa idea hace mucho tiempo, a la larga es extensible a cualquier sistema con morfología propia. Lo interesante del asunto es que, según lo dicho, el oficio no está determinado por el acto material de escribir sino que por el paso anterior. En conclusión, los párrafos y las oraciones son un cascarón y los libros un dispositivo.

3.- En esta misma línea, uno podría pensar que las ideas son más o menos las mismas todo el tiempo, por lo que se podría decir que la gramática es sólo un cascarón, o una armadura si se le quiere ver así, que permite la perdurabilidad de la semántica y, en consecuencia, del lenguaje.

4.- En la tarde me puse a ordenar los libros de la vitrina de mi pieza y pillé un libro de Edgar Allan Poe que me gusta harto. Lo compré hace algún tiempo, un año o dos, y es una compilación de comentarios y marginalias que realizó el escritor en los libros mismos que iba leyendo en su biblioteca de Baltimore. Mientras sacudía la madera y el vidrio me pregunté cómo nadie había aprovechado el juego de palabras que se da con el apellido del escritor y la palabra poesía en inglés, podrían titular un libro de introducción a la poesía estadounidense o derechamente un tratado sobre poética. Qué más da, una idea más que se pierde en el océano.

5.- La otra vez le leí un tuit al Cristian Delgado acerca de Letterboxd, decía algo así como que estaba lleno de gente pretenciosa, seres humanos posesos de petulancia que calificaban con nota uno a películas como Green Book o Bohemian Rhapsody. No es que me preocupe ser tachado de pretencioso, porque en algún nivel debo serlo, pero me ofende la ingenuidad y lo atávico de la observación. A mi, después de ver If Beale Street could talk, me dieron ganas de ponerle un uno a todo, sobre todo a Green Book, pero tampoco voy a ponerme a divagar sobre que la critica objetiva no existe, que se debe tomar posición todas las veces posibles, que esa entelequia - la objetividad- es sólo la condensación diacrónica del gusto del hombre blanco. Green Book es una falta de respeto tan brusca que me llega a confundir el hecho de que actúen quienes actúan, ni siquiera voy a comentar cómo se presenta la homosexualidad del personaje, porque pienso que desde Alex Mercader en Machos que no se construía un personaje homosexual tan higienizado y desprendido de su homosexualidad, si se hubiese presentado al personaje como daltónico o alérgico al maní hubiese sido exactamente igual, algo anecdótico, innecesario, prescindible, adjetivos que le ciñen bastante bien a esa película.

6.- Debería escribir sobre  If Beale Street... y sobre James Baldwin. Creo que tengo una buena idea, pero es un secreto.

lunes, 18 de febrero de 2019

Will god forgive us?


En algunos años, cuando ya te haya olvidado y vengan, por la fuerza de la costumbre, otras historias como esta, te recordaré como el olvido del amor mismo. Pensaré esta historia como el horror del olvido.
M. D.


Está nublado y eso es raro. Hoy hay luna llena, cosa que si uno lo piensa también es rara, porque la luna llena-llena sólo dura un momento para después naturalmente menguar. Como sea, cosas raras pasan en Iquique, pero nada puede opacar a la luna, ni la delgada película de nubes que funciona como la pantalla de una lámpara ni menos la luz y el oropel de la ciudad. La gente ha adquirido un temor destemplado a los días nublados, se esconden y llenan sacos con arena, hace poco llovió fuerte y se inundó todo, así que la gente está traumatizada, pero yo he estado en demasiados días lluviosos como para tenerle miedo a la lluvia, en mi corazón llueve constantemente, mi alma es algo así como Valdivia en el mes de julio. El día que llovió no pasó casi nada en mi casa ni en la de ningún conocido, pero se abrieron zanjas muy profundas en la tierra y en las mentes de las personas, ahora es imposible erradicar la percepción de que la lluvia, el agua del cielo, es un castigo, lo que naturalmente genera cierto silencio tenso en los habitantes, porque parece que algo le hicimos a Dios. Yo soy musulmán, así que no creo que Allah nos odie ni nada, porque solamente los humanos odian a otros humanos y los lugares donde colapsa la tierra nos entregan la oportunidad para contemplar directamente el abismo y no es que intente transmitir una visión optimista, para nada, es que le he dado un par de vueltas al asunto, porque estoy muy inclinado a pensar de que no hay ninguna esperanza.

El día siguiente de la lluvia fui a la casa de mi amigo Moe, le comenté que en el trayecto a su casa me vino un fuerte recuerdo de Concepción, probablemente por el olor aún presente de tierra humedecida por la lluvia, eso pensaba yo, pero no era así, porque los libros fueron los que me produjeron la evocación, como siempre. Mi amigo me comentó que el Mall había quedado anegado, cuestión que sabía, así que lo único que agregué fue que guardaba cierta miserable esperanza de que la librería se hubiese inundado, así estarían obligados a hacer un remate o vender a muy bajo precio los saldos, se me pasó esa idea mientras caminaba por Playa Brava, le conté que una vez se había quemado el Mall de Talcahuano, que los libros se habían medio mojado por los rociadores y medio quemado por las llamas y que habían hecho un remate en su momento, le hablé de que fui contigo, le hablé de ti, no sé cuánto tiempo, poco, mucho, no estoy seguro. No podría asegurar en qué momento me vi a mí mismo hablando de ti, estaba tan encantado describiendo tus dientes y las cosas que te gustaban, me vino a la mente la imagen de ese Enzo de diez años que cuando le preguntaba cuál era su dinosaurio favorito se ponía a hablar un montón, porque los brontosaurios y los triceratops eran una válvula que abría un río de amor y felicidad para ese niño solitario y tímido; ahora era lo mismo.

¿Dios alguna vez nos perdonará? ¿Algún día Dios me expiará del pecado de haber transformado nuestros corazones en dos cazadores solitarios? Probablemente no.

A veces cierro los ojos y siento que veo lo que estás viendo tú en ese instante, como si cuando yo cerrara los ojos tú los abrieras, como si sólo tuviera ojos para mirarte a ti, perdón, como si mi visión existiese únicamente para encontrarte, me agrada en algún nivel esa idea, una visión compartida, cruzada, parpadeante. Probablemente piensen que es un tontería o, peor aun, una idea cursi, pero no lo es, tiene más que ver con lo que me hace sentir ese dialogo triste sobre el olvido en Hiroshima mon amour, esas palabras tan duras y angustiantes que escribió Marguerite Duras en su época, pero también tiene que ver con esos pasajes tan hermosos y pacíficos que uno puede leer en La tarde de M. Andesmas o simplemente todo se explique por el hecho de que he escuchado mucho Kate Bush.