La gente que lee se oculta. Ocultan quienes son. La gente que se esconde no siempre aprueba su propia forma de ser.
A.A.
1.- Antes de que terminara el año 2017 quería escribir una entrada sobre los libros que leí en el año, una especie de recomendación o aproximación, pero creo que estoy en una etapa tan abstracta que ni siquiera escribo lo que quiero, o pretendo, escribir, así que sólo dejo el testimonio de la intención que tenía de escribir sobre eso. Después lo escribo.
2.- A principios de diciembre creo que fue cuando terminé de
leer Llámame por tu nombre. Me puse a
leerlo por lo de la película que se venía y por otro grupo de razones de carácter
personal. Cuando empecé, las primeras quince o veinte páginas, me dije a mí
mismo: esta es la típica novela de aprendizaje, la bildungsroman clásica que se
repite todas las putas décadas, sólo que ahora tuvieron la deferencia de hacer
homosexual al protagonista, posiblemente una señal del progreso moral de nuestros
tiempos, quién sabe. Sí, créanlo o no, me dije todo eso en mi mente. La cosa es
que, aunque hay partes que me recordaron harto Por el camino de Swann, a medida que uno avanza se va tensando la
cuerda, al final la sensaciones se tornan demasiado palpables y creo que se
abandona por completo el formato de novela iniciática, termina siendo tan
traslucida que llega a doler y se hace claro que no existe pretensión superior
a la de contar una historia de amor. No existen laconismos en esta novela y
esto es así porque cuando se ama, extrañamente, las palabras tienden a
multiplicarse. La novela de Aciman me partió el corazón, lo de Oliver y Elio es
la gran historia de amor de nuestro siglo o década o no sé, aunque yo conozco
una igual de intensa y triste. Ya saben, todo gran amor tiene su tragedia.
3.- Quería hablar de La
campana de cristal. Miren, a mí la poesía de Plath me gusta cero, no la
encuentro necesariamente mala, pero es mediocre al menos. Esta novela por su
parte, tristemente su única novela, es inmensa. A veces pienso que hay una
generación de mujeres –se me vienen a la cabeza la propia Plath, pero igual la
Pizarnik para no ir más lejos- que quedaron marcadas a fuego con el legado
poético de Emily Dickinson o el descubrimiento de su poesía, y que por alguna
extraña razón en la narrativa lograron mejores resultados o resolvieron de
mejor forma. De todas maneras, esto es completamente personal, obvio que hay
gente más capacitada y experta que podrá perfectamente refutarlo, que dirá, por
ejemplo, que La condesa sangrienta es
una pobre novela al lado del basto registro lírico de la autora argentina. Cualquiera
sea el caso, leí La campana de cristal,
creo que el 2016, sólo que el año pasado lo pesqué de nuevo luego de ver Personal Shopper. No voy a prolongar
esto, el capítulo doce me da vueltas mucho, es cuando Esther va a la cárcel de Deer
Island e intenta ahogarse, toda esa parte me genera un dolor intenso, es como si
la atmosfera se volviese más y más pesada, luego al final del capítulo se
electrifica todo, quizá porque Sylvia Plath es un tormenta, esos deben ser los
párrafos más pesados escritos jamás. Pensaba en Esther queriéndose matar como
Virginia Woolf, llenándose de piedras los bolsillos y que al final Sylvia Plath
murió inhalando gas igual que Kawabata, pero que también Esther me recuerda un
montón a la Franny de Salinger. A veces pienso que la gran herida de la literatura,
como la carencia que termina fulminando tarde o temprano a todos los
escritores, es creer, para figurarlo de alguna manera, que Jesús es San Francisco
de Asís, que los gurús y profetas, que los genios y maestros son seres puros e invulnerables.
No es que yo la tenga más clara, sólo pienso en lo que decía Rumi: la herida es
el lugar por donde la luz entra.
4.- Leí Milk and Honey
de la Rupi Kaur. Quizá dirán que soy misógino, quizá dirán que soy un imbécil que
carece de la mínima sensibilidad para empatizar con una artista emergente, con
la diversidad étnica y mil cosas más, pero lo cierto es que Kaur, al
igual que Palahniuk y en una mínima medida Houellebecq, no saben mucho de qué
chucha están hablando. El libro de la canadiense tiene un público ultra
objetivo, que al final es gente con antorchas en busca de bencina, autoafirmación
adolescente. La tipa alimenta la performance progre, que supongo que es válida,
pero no podemos negar el hecho de que es banal, un cuenco vacío y es más
cercano a un libro de propaganda o una colección de tuit que un poemario. Por lo menos Palahniuk lo intenta, es un mal escritor, recuerdo leer Rant y pasarla pésimo, sentí que era como ver a una persona tratar
de mascar una baldosa y que después de romperse los dientes y sangrarle la boca
esta continuase intentando deglutir la cerámica. Houellebecq por su parte no es
malo, sólo que le tiene demasiado cariño a la plata como para ser tan buen
escritor, es como un tipo que le pega al mimo que se para en la plaza de armas
a interrumpir el tránsito y molestar oficinistas, yo aplaudo el gesto, pero se ensaña
a propósito y termina matando al mimo con un adoquín.
5.- Me acordé que leí el libro de Sasha Grey, se llama La
sociedad de Juliette. Se lo comenté a Pancho Beltran y le dije que la historia
no es mala, es arquetípica, tiene personajes evidentemente recortados, el tipo
que hace de profesor de cine es demasiado una persona que jamás en la vida va
existir, con perversiones que rondan de lo inverosímil a lo obvio, claro que la mente humana da para
mucho, pero se torna estúpido en alguna medida. Me sorprendieron dos cosas:
primero, la cantidad de referencia cinematográficas, son muchas y muy buenas,
tiene un conocimiento soberano de la filmografía de Godard e iría más allá y
diría que junto con José Miguel Ortega deben ser las personas que más saben de
la nouvelle vague; lo otro, es que me
impresionó que se pueda escribir tanto de semen, el capítulo seis creo que se
titula de hecho así y no tiene un volumen de páginas menor. En fin, la historia igual es carente, pero supongo que es
entretenido. Le doy tres estrellitas de cinco.
6.- Este libro aún no se escribe, de hecho lo estoy escribiéndolo
yo y en realidad no es un libro, es un cuento, ni cuento, ideas para
cuentos. Lo primero: es de ciencia ficción, pero tengo el argumento y algo así de diez o doce páginas. En el fondo, este es un testimonio, sirve para que
si no lo termino debido a que alguna agencia del estado chileno me mata, o algo
así, quede constancia de su existencia y la de su autor. Mi cuento va sobre Don
Francisco, creo que más o menos todos saben cómo se originó Sábado Gigante. Está
el animador, futuro animador, en ese entonces simplemente Mario Kreutzberger,
en un hotel en alguna ciudad de Estados Unidos mientras estudia confección de
vestuario, ve alguno de estos shows de varietés gringos y queda encantado,
hipnotizado y se le ocurre generar un análogo en Chile. Esa es la premisa, mi
idea es que un tipo común y desgraciado, harto de tanto ver Sábado Gigante y de la cultura de
degradación psicológica a la gente pobre en pro del entretenimiento familiar,
se le ocurre un complejo y aparatoso plan para viajar en el tiempo al lugar y
momento donde animador está viendo televisión y matarlo. Ahora, matar a
Don Francisco desencadena una sucesión de hechos de ambigua calificación moral,
digamos que se termina la dictadura antes o que el golpe nunca se da, pero nunca
ocurre la Teletón, peor aún, desprendido de la caridad y compasión judeo/cristiana,
los gobiernos posteriores implantan una dura ley de eugenesia. Es como una mezcla de Volver al Futuro, Dark, X-Men: Días del futuro pasado, Safety Not Guaranteed y en verdad cualquier cosa que viajen en el tiempo.