miércoles, 17 de enero de 2018

Balance anual y espiritual.

La gente que lee se oculta. Ocultan quienes son. La gente que se esconde no siempre aprueba su propia forma de ser.
A.A.


1.- Antes de que terminara el año 2017 quería escribir una entrada sobre los libros que leí en el año, una especie de recomendación o aproximación, pero creo que estoy en una etapa tan abstracta que ni siquiera escribo lo que quiero, o pretendo, escribir, así que sólo dejo el testimonio de la intención que tenía de escribir sobre eso. Después lo escribo.

2.- A principios de diciembre creo que fue cuando terminé de leer Llámame por tu nombre. Me puse a leerlo por lo de la película que se venía y por otro grupo de razones de carácter personal. Cuando empecé, las primeras quince o veinte páginas, me dije a mí mismo: esta es la típica novela de aprendizaje, la bildungsroman clásica que se repite todas las putas décadas, sólo que ahora tuvieron la deferencia de hacer homosexual al protagonista, posiblemente una señal del progreso moral de nuestros tiempos, quién sabe. Sí, créanlo o no, me dije todo eso en mi mente. La cosa es que, aunque hay partes que me recordaron harto Por el camino de Swann, a medida que uno avanza se va tensando la cuerda, al final la sensaciones se tornan demasiado palpables y creo que se abandona por completo el formato de novela iniciática, termina siendo tan traslucida que llega a doler y se hace claro que no existe pretensión superior a la de contar una historia de amor. No existen laconismos en esta novela y esto es así porque cuando se ama, extrañamente, las palabras tienden a multiplicarse. La novela de Aciman me partió el corazón, lo de Oliver y Elio es la gran historia de amor de nuestro siglo o década o no sé, aunque yo conozco una igual de intensa y triste. Ya saben, todo gran amor tiene su tragedia.

3.- Quería hablar de La campana de cristal. Miren, a mí la poesía de Plath me gusta cero, no la encuentro necesariamente mala, pero es mediocre al menos. Esta novela por su parte, tristemente su única novela, es inmensa. A veces pienso que hay una generación de mujeres –se me vienen a la cabeza la propia Plath, pero igual la Pizarnik para no ir más lejos- que quedaron marcadas a fuego con el legado poético de Emily Dickinson o el descubrimiento de su poesía, y que por alguna extraña razón en la narrativa lograron mejores resultados o resolvieron de mejor forma. De todas maneras, esto es completamente personal, obvio que hay gente más capacitada y experta que podrá perfectamente refutarlo, que dirá, por ejemplo, que La condesa sangrienta es una pobre novela al lado del basto registro lírico de la autora argentina. Cualquiera sea el caso, leí La campana de cristal, creo que el 2016, sólo que el año pasado lo pesqué de nuevo luego de ver Personal Shopper. No voy a prolongar esto, el capítulo doce me da vueltas mucho, es cuando Esther va a la cárcel de Deer Island e intenta ahogarse, toda esa parte me genera un dolor intenso, es como si la atmosfera se volviese más y más pesada, luego al final del capítulo se electrifica todo, quizá porque Sylvia Plath es un tormenta, esos deben ser los párrafos más pesados escritos jamás. Pensaba en Esther queriéndose matar como Virginia Woolf, llenándose de piedras los bolsillos y que al final Sylvia Plath murió inhalando gas igual que Kawabata, pero que también Esther me recuerda un montón a la Franny de Salinger. A veces pienso que la gran herida de la literatura, como la carencia que termina fulminando tarde o temprano a todos los escritores, es creer, para figurarlo de alguna manera, que Jesús es San Francisco de Asís, que los gurús y profetas, que los genios y maestros son seres puros e invulnerables. No es que yo la tenga más clara, sólo pienso en lo que decía Rumi: la herida es el lugar por donde la luz entra.

4.- Leí Milk and Honey de la Rupi Kaur. Quizá dirán que soy misógino, quizá dirán que soy un imbécil que carece de la mínima sensibilidad para empatizar con una artista emergente, con la diversidad étnica y mil cosas más, pero lo cierto es que Kaur, al igual que Palahniuk y en una mínima medida Houellebecq, no saben mucho de qué chucha están hablando. El libro de la canadiense tiene un público ultra objetivo, que al final es gente con antorchas en busca de bencina, autoafirmación adolescente. La tipa alimenta la performance progre, que supongo que es válida, pero no podemos negar el hecho de que es banal, un cuenco vacío y es más cercano a un libro de propaganda o una colección de tuit que un poemario. Por lo menos Palahniuk lo intenta, es un mal escritor, recuerdo leer Rant y pasarla pésimo, sentí que era como ver a una persona tratar de mascar una baldosa y que después de romperse los dientes y sangrarle la boca esta continuase intentando deglutir la cerámica. Houellebecq por su parte no es malo, sólo que le tiene demasiado cariño a la plata como para ser tan buen escritor, es como un tipo que le pega al mimo que se para en la plaza de armas a interrumpir el tránsito y molestar oficinistas, yo aplaudo el gesto, pero se ensaña a propósito y termina matando al mimo con un adoquín.

5.- Me acordé que leí el libro de Sasha Grey, se llama La sociedad de Juliette. Se lo comenté a Pancho Beltran y le dije que la historia no es mala, es arquetípica, tiene personajes evidentemente recortados, el tipo que hace de profesor de cine es demasiado una persona que jamás en la vida va existir, con perversiones que rondan de lo inverosímil a lo obvio, claro que la mente humana da para mucho, pero se torna estúpido en alguna medida. Me sorprendieron dos cosas: primero, la cantidad de referencia cinematográficas, son muchas y muy buenas, tiene un conocimiento soberano de la filmografía de Godard e iría más allá y diría que junto con José Miguel Ortega deben ser las personas que más saben de la nouvelle vague; lo otro, es que me impresionó que se pueda escribir tanto de semen, el capítulo seis creo que se titula de hecho así y no tiene un volumen de páginas menor. En fin, la historia igual es carente, pero supongo que es entretenido. Le doy tres estrellitas de cinco.

6.- Este libro aún no se escribe, de hecho lo estoy escribiéndolo yo y en realidad no es un libro, es un cuento, ni cuento, ideas para cuentos. Lo primero: es de ciencia ficción, pero tengo el argumento y algo así de diez o doce páginas. En el fondo, este es un testimonio, sirve para que si no lo termino debido a que alguna agencia del estado chileno me mata, o algo así, quede constancia de su existencia y la de su autor. Mi cuento va sobre Don Francisco, creo que más o menos todos saben cómo se originó Sábado Gigante. Está el animador, futuro animador, en ese entonces simplemente Mario Kreutzberger, en un hotel en alguna ciudad de Estados Unidos mientras estudia confección de vestuario, ve alguno de estos shows de varietés gringos y queda encantado, hipnotizado y se le ocurre generar un análogo en Chile. Esa es la premisa, mi idea es que un tipo común y desgraciado, harto de tanto ver Sábado Gigante y de la cultura de degradación psicológica a la gente pobre en pro del entretenimiento familiar, se le ocurre un complejo y aparatoso plan para viajar en el tiempo al lugar y momento donde animador está viendo televisión y matarlo. Ahora, matar a Don Francisco desencadena una sucesión de hechos de ambigua calificación moral, digamos que se termina la dictadura antes o que el golpe nunca se da, pero nunca ocurre la Teletón, peor aún, desprendido de la caridad y compasión judeo/cristiana, los gobiernos posteriores implantan una dura ley de eugenesia. Es como una mezcla de Volver al Futuro, Dark, X-Men: Días del futuro pasadoSafety Not Guaranteed y en verdad cualquier cosa que viajen en el tiempo.