sábado, 13 de noviembre de 2021

Llevo unos días pensando en Certified Copy. Yo sé que podría ocuparme en otras cosas, en cosas más importantes, pero a veces estas cuestiones coinciden. Así que pienso que la memoria trabaja de una forma extraña, uno se aferra a los recuerdos que tiene como si fuesen la realidad misma, la fuente de algo, pero en la mente los recuerdos necesitan reproducirse, en la cabeza quiero decir, porque los recuerdos de los hechos que los provocan son cuestiones tan distintas como lo sería una película de un libro; hay una diferencia. A veces esa diferencia nos acaba, es suficiente como para que nos rindamos, en los personajes se nota eso, pero por suerte la película no va de eso, es infinitamente más optimista o al menos mi visión de ella. Como dije antes, los recuerdos deben ser reproducidos, pero en verdad no estamos generando o produciendo nada, así que lo correcto sería decir que los repetimos y en esa repetición las memorias se van deformando, van adquiriendo un carácter distintivo, el suficiente para luego poder reconocerlos; Juliette Binoche lo dice, es de lo que habla todo el tiempo. Entonces, la película toma un tono nietzschiano y mi reflexión también, a fin de cuentas estamos hablando del eterno retorno, de una sucesión constante, pero única en su reiteración. Es que en la repetición está incluida la diferencia, así que la cosas se repiten como inexorables bloques en contante combinación y eso, a la larga, si uno se lo piensa, no es muy distinto de un anagrama y aunque yo haya renunciado a cualquier tipo de búsqueda transcendente, no deja de parecerme romántica la idea de ver la vida como un anagrama. Porque, tú sabes, los anagramas no son mucho más que un juego, un ejercicio autoimpuesto de belleza, y para mí con eso alcanza.