lunes, 24 de diciembre de 2018

un cuento de navidad.

En el fondo, si no me sintiera morir, me podría creer ya muerto.


La otra noche me costó conciliar el sueño, estuve un rato dándome vueltas sin mayores resultados, a la larga terminé por desvelarme, en algún punto supe que no iba a volver a dormir, que era irreversible mi situación, porque además en estas fechas toda la mañana y tarde pasan carros alegóricos que hacen insostenible cualquier pretensión de descanso diurno. Pienso en que hay algo muy triste en constatar esa fisura, ese pliegue que genera la aceptación de una situación como irreversible, como completamente líquida y fuera de nuestro control, pienso que hay algo extremadamente hermoso en esa aceptación también, algo que encierra un misterio que al parecer es menos complicado de entender que el misterio inicial. Ahora pienso en ese sentimiento, ahora pienso en esa parte de Carol cuando Therese vuelve de la casa de Carol, luego de toda esa escena tensa e incómoda de la discusión con su marido, creo que está en un taxi y se pone llorar, no, miento, está en el metro o en el tren y llora, pero no solo llora, se quiebra, se derrumba completamente y eso es desolador, porque yo lo he sentido, porque el amor a momentos es desolador y creo que en parte a Therese la embarga una pena terrible, pero por otro lado es un llanto que constata que no está tan sola, que ya no va estar tan sola en este mundo tan amargo e insípido que hemos construido, pero que será a un costo de absoluto dolor, porque tras esa grieta enorme hay algo hermoso. A veces el traginar del tiempo hace que se desvanezca esa sensación, que se olvide momentáneamente esa constatación bella pero triste de la que hablo, entonces Therese tiene las fotos de Carol para volver al aliciente inicial, o ulterior, según como uno quiera entenderlo. Siempre están las fotografías, las imágenes, los tatuajes, los sigilos, los amuletos, los trenes y juguetes, las canciones pop, los poemas de Leonard Cohen, elementos condensadores. Yo cuando veo fotografías me pasa algo similar, por ejemplo, veo tu fotografía con el vestido rojo y no puedo más de amor y belleza en el pecho, me siento morir suavemente. Luego, siento una profunda tristeza, una tristeza que me complicaría mucho explicar bien, pero esa tristeza me hace feliz, me reconforta, podrán creer que es un oxímoron lo que digo, pero yo no soy nada retórico y en realidad se parece más a lo que dice Miriam, en algún momento en The marvelous Mrs. Maisel, sobre que por supuesto que quiere que la gente ría con su rutina, pero que también lloren, y llegado al final de la serie creo que ese mensaje es bastante más explícito y mejor expresado de lo que yo puedo escribir. A mi lo único que me importa es el amor, escuchar como fluye esa corriente, como escurre ese río dentro de nosotros, porque yo sé que nuestras aguas son capaces de arder como una hoguera.

jueves, 13 de diciembre de 2018

La verdad es que no lloro mucho, no lloro casi nunca, en buena parte porque me comprimo lo suficiente como para no tener que verme en esa situación de vulnerabilidad; por otro lado, porque, al igual que Shinji, a veces uno cae en cuenta de que lo más probablemente es que se nos acabaron las lágrimas por tanto vivir en un mundo desmoralizante y horrible sin ninguna posibilidad de escapatoria salvo la enajenación por medio de las drogas. En contradicción con eso, noto que el paso del tiempo me ha vuelvo más sentimental, más receptivo a la emotividad, y no es que me asuste el hecho de tornarme así con la edad, lo que me da miedo es no saber a ciencia cierta de dónde proviene. El paso de los años nunca me ha parecido algo terrible, no me refiero al paso del tiempo que todo vuelve añicos y hace polvo, sino al paso del tiempo en mí, en uno.

Lo que he concluido sobre eso es que le tengo un temor terrible a olvidar, a la entropía creciente, a que las cosas con el tiempo pierdan su significado, que el mensaje de tanto pronunciarlo se termine por perder completamente, eso me da miedo pero no me hace llorar, aunque me dan ganas de llorar y sollozo bastante cuando eso se vuelve más tangible, cuando hago catarsis viendo de nuevo Cold War o repitiendo el final seis veces para que no se me salte nada.

Hay cosas que me entristecen cuando termino de entenderlas. Me pasa bastante con las películas, por ejemplo con Cold War, que de tanto verla se me vidrio el espíritu, me pasa cuando pongo shallow o ill never love again en youtube, me pasa con los créditos de The Rider, me pasa sobre todo cuando pienso en los encuadres de Cassavates, cuando recuerdo finalmente que las lágrimas son la última forma de comunicación.

sábado, 10 de noviembre de 2018

89 (Halloween de Enzo Ron).

Pues el ser de un existente es, precisamente, lo que parece.

Me gustaría ser breve, no creo que exista un deseo más profundo en mi alma que el de ser breve, sintético, esencial. No se puede ser así, es imposible, es abismalmente imposible, por lo menos para mi. Además, me parece que no soy nada narrativo, mi capacidad de relatar es pobre, pero eso da igual, porque no quiero contar una historia, no quiero contar absolutamente nada, sólo intento decir algo, decirte que pienso constantemente en tí. A veces siento que te extraño mucho, pero no estoy seguro de qué signifique, porque qué significa la nostalgia para nosotros que estamos hechos de un recuerdo, qué es la nostalgia para ti y para mi, quizá sea como ver una película casera, la grabación de un cumpleaños o unas vacaciones, la sensasión pasmosa de mirar al pasado como a un sueño, como una larga siesta de la que despertaremos angustiados porque pensábamos que nunca terminaría, porque dormidos teníamos un lugar y quizá un final feliz, porque el fin no es una pausa, el fin es un dolor que se aloja en la realidad, en la luz que construye las cosas.

He pensado mucho en lo que implica actuar, la obra que intentamos interpretar, que las escenas se repiten y se cruzan, como si fueran la antesala de algo, como si el guión tuviese un mensaje que no podrenos entender sino hasta el final. Me acuerdo harto del libro del Marlon Brando, de que actuar es una característica instintiva, así que los disfraces son elementales para poder desenvolvernos, pero entonces pienso que todo es un disfraz. A veces pienso que nuestro amor es un disfraz, que los libros son un disfraz, que las drogas son un disfraz, que los viajes son un disfraz, que el borde de nuestros vasos es un disfraz y es probable que lo sea, pero de una manera absolutamente distinta, dos niños jugando abajo de la mesa y el mantel, porque de lo que trataba de hablar es de otro tipo de disfraz, que es más indumentaria que disfraz, que es esa voz monótona y poco profunda que declama una frase impostada, algo así como que la música de antes era más compleja o acabada, que todo tiempo pasado fue mejor y yo no puedo estar más en desacuerdo con eso, porque yo te amo de amor eterno, amor futurista, y el mañana implica esperanza y furtividad, el futuro es el único insumo con que cuento. Desconozco cuán disfrazados podremos estar, no sé qué signifique lo que siento, tampoco quiero teorizar, lo único que sé es que te extraño tanto que cuando te abrazo quiero sumergirme en la piscina y no salir jamás.

domingo, 7 de octubre de 2018

80

No suelo quejarme mucho, al menos eso me digo a mi mismo, imagino que tengo la subjetiva impresión de no ser o parecer un ser humano quejoso. Pero el día de hoy fue extenuante. Supongo que desde temprano estuvo destinado a ser un día inabarcable para todos, probablemente por la manera cómo se cerraron la nubes: como un telón grueso y opaco que tapió el cielo hasta muy entrada la tarde. Almorcé con mi amigo Gerónico y me pareció que la cantidad de comida que entregaban en el casino de la universidad era excesivo, mi amigo compartió esta opinión. Una vez Gerónimo me dijo que pensaba que con los años uno solo perdía la vergüenza, que en verdad la experiencia era una cuestión inventada, una visión reconfortante, y comparto su opinión acerca de ese tema. Y ahora que lo pienso, probablemente de eso se trate Eighth Grade, más allá de lo obvio. La pérdida de la inocencia, la especie de imperceptible muerte que conlleva el paso del tiempo. Ternura, esa película me generó una ternura tremenda. La vergüenza que observa la ternura es un grado de aceptación del miedo, de la vulnerabilidad.

De todas maneras, por nada de eso fue especialmente abrumador el día. Hoy, luego de almorzar, comencé a pelar una naranja con las manos, lo hice pausadamente, disfrutándolo, pero cuando terminé sentí una pena terrible. Creo que me recordó una escena de Leave no trace, la imagen del padre y la hija jugando a estirar y encoger el tiempo. Estuve callado un rato largo, tuve tiempo hasta para apretarme los ojos. Cuando era niño hacía un montón eso, me gustaba ver las chispas. Me provocó una pena atroz esa naranja, creo que me di cuenta de cuán terrible es el naranja y la vida. Estos días he pensado mucho en ti, en el cuento del médico rural, en todo eso de que lo puro se ensucia y lo que es sucio se purifica, de que todo lo que vive muere y todo lo que muere está destinado a renacer, el bien y el mal de los budas airados, los mahakalas y he pensado en Kikyo. Después de escribir esto fui a andar en bicicleta y me traté de acordar de ese poema de e. e. cummings que dice i carry your heart with me (i carry it in my heart). Lo importante está con letras minúsculas, eso es lo que quiso decir Altman.

domingo, 26 de agosto de 2018

A propósito de los caballos.

Creo que nunca deja de ser impresionante lo que puede transmitir una película, lo que puede hacer el movimiento frente a nuestros ojos. Hoy en la tarde vi Lean on Pete, la tuve un montón de tiempo descargada, en reposo, supongo que esperaba que pasara algo, así que cuando la pusiste en tu lista fue gesto suficiente para mí. Es extraño lo mucho que me gustó, creo que me gustó bastante más que The Rider, aunque tengo casi la certeza de que son películas que se comunican, pero hay un fisura entre ambas, así que en esta pasada me quedo con Lean on Pete. Cuando la terminé de ver no comprendí lo destrozado que estaba yo, creo que esperé durante mucho rato que el personaje se derrumbara, que Charley al final fuese un humano completamente disociado al del principio, pero no ocurre o ocurre, pero muy tímidamente en el final, de todas maneras ese llanto pausado no me dolió tanto, no fue lo que me derrumbó. Pensé mucho esto, lo que estoy escribiendo, para que pudiese vehiculizar la sensación tan intensa que tengo en el pecho. Creo que es terrible ver como alguien se desploma, pero la gente está sumamente mal acostumbrada al melodrama, a los sentimientos que nacen desde la boca del estómago, pero en este caso no es así, esta es una sensación periférica, pero no por ello menos profunda, de hecho todo lo contrario. Lo que me impresiona es que uno puede verse completamente destruido sin existir indicios o cambios externos, sin constatar el derrumbe propiamente tal, pero uno sabe que adentro todos los elementos están desmontados, porque no es necesario que se caiga un edificio para que este deje de ser un edificio, basta algo mucho más simple y delicado, basta la realidad que poco a poco te envenena, como una lesión en las entrañas que no sale en las radiografías y que al final termina por matarte. A lo que voy es que yo vivo constantemente con esa sensación desértica, con esa visión de mi alma como un pueblo fantasma, como el escenario perfecto para arrojar un cadáver, siento ese frío que siente Charley, esa desesperación muda que cada vez que recuerdo me hace agitar la cabeza. Pensé en varias otras películas relacionadas con Lean on Pete y me pasó por la mente Midnight Cowboy y también Lonely are the brave: la autoconmiseración, la fuga, el abandono. Aunque yo creo que todo se trata finalmente de caballos, los caballos de Carver, esos caballos que vinieron a anunciarnos que esto es lo peor que nos ha podido tocar y que a su vez es lo único que nos podía tocar, pero que aun así, arrinconados cual Gregory Peck al final de Duel in the sun, podemos contemplar la belleza, aunque que sea por una fracción minúscula de tiempo, experimentarla como mártires caminantes o como edificios deshabitados, experimentar el viento que nos presiona la cara, experimentar en definitiva La soledad del corredor de fondo.

lunes, 30 de julio de 2018

79 (¿Tú crees que el amor es como una corriente?).

La verdad es que he dejado de creer en los ciclos, en los resortes, en las esferas. Dudo bastante en la sinceridad de esos procesos. Ya sabes, primero como tragedia luego como farsa. A lo mejor en la vida se ama una sola vez y lo demás es espacio negativo. Es un poco triste pensarlo así, pero es gracioso también, y gracioso, digo, en su sentido más profundo. Piénsalo un poco, porque nadie nace amando, salvo las madres, que por madres su amor es innato y por lo mismo de otra naturaleza. Pero para el resto de relaciones interpersonales hay que aprender a hacerlo, no existen saltos metodológicos, no hay pasadizos ni senderos que nos lleven de nuevo a la cena incómoda del principio de Mulholland Drive. Lo más asertivo que se ha dicho al respecto es que el amor es un arte, claro que un arte de ausentes, pero arte al fin y al cabo. Ahora, todo arte tiene cierta cuota de exclusividad, hay que pagar patente y no todos pueden ni quieren, así que me imagino que tiende de alguna manera al aburguesamiento. Cualquiera sea el caso, aprendemos a amar mientras amamos, solos en medio de la fiesta y solos también al otro día, así que aprendemos una lección fútil e inaplicable. En fin, únicamente en ausencia del amor se contempla el amor, entonces la añoranza, entonces la memoria. Aunque sigue siendo el mismo amor, el del principio, pero distinto en alguna medida, porque solamente a través de ese cambio algunas cosas se mantiene iguales, eso fue lo que escribió Oliver y dio en la tecla, porque el amor es una corriente continua y yo sigo de tu mismo lado del fanal.

jueves, 7 de junio de 2018

El sueño de una noche de verano.

Now here I go again, i see the crystal visions
I keep my visions to myself, it's only me
Who wants to wrap around your dreams and,
Have you any dreams you'd like to sell?
Dreams of loneliness,
Like a heartbeat, drives you mad
In the stillness of remembering, what you had,
And what you lost and what you had and what you lost
S.N.


Leía blogs la otra vez y me puse a pensar sobre los sueños, sobre cómo abarcamos el relato de nuestros propios sueños, la cosa onírica. Soy un buen lector, creo ser un buen lector en general, pero dentro de la poco apetecida o ya pasada de moda especialidad de la lectura de blogs creo ser muy bueno. Me doy tiempo todas las semanas de revisar a los que sigo, leo cariñosamente las entradas, a veces hasta dejo un tímido comentario. Pero intentaba hablar de los sueños y de que todo surgió leyendo blogs. Esto hace un buen tiempo ya, fue porque salía mencionado en el sueño de otra escritora, lo que me genera un sentimiento extraño aunque no incómodo, posiblemente se debe a que me encanta ver escrito mi nombre, aun con su escasez de letras y todo. Todo lo que estoy diciendo suena bien, tan bien como niños jugando alegremente en un parque, pero luego de leer la entrada completa quedé un poco noqueado, no esperaba que mi nombre fuese usado para esculpir tal nivel de evocación mefistofélica. Ahora claro que me da risa, pero en su momento me tuvo inquieto, distraído de mi sagrada cotidianidad. Podría describir con palabras propias lo que la Ñuño redactó, pero no tendría ningún sentido, es bien cercano a imaginar que soy el tipo que aparece en El Grito de Munch o, peor todavía, que hubiese sido incluido en la pintura, pero no de protagonista sino como una de esas dos figuras que se ven tras el tipo, esas dos sombras que de alguna manera contrastan la desesperación que late de la escena. ¿Qué le habré hecho a esa mujer para que subconscientemente le reflotara así? No estoy seguro, aunque tengo una que otra sospecha. De cualquier manera, a lo que quiero llegar es a otra cosa, porque esto abre una duda bastante honda respecto a los sueños: ¿Cuánto de real hay en los relatos que elaboramos de los sueños? ¿De verdad los soñamos o sólo los construimos con el material preconsciente, con los retablos náufragos de nuestros deseos? ¿Son una más de las escusas que permite la ficción?

En el caso de que fuese verdad que soñamos lo que soñamos, entonces no hay labor literaria alguna, con suerte reconstrucción, una tarea de rearme que requeriría de la intuición obviamente, pero por sobre todo el azar, así que a la larga igual sería literatura. En el caso contrario, en la situación de que los sueños sólo expongan nuestros deseos, entreverados por la cortina de humo más pesada que el intelecto humano ha podido forjar, en este último caso, habría que rezarle bastante a Otto Rank, porque es él, en esos bellísimos pasajes de los diarios de Anais Nin, el que explica que todo relato onírico, absolutamente todo ejercicio de ensoñación está dirigido conscientemente, así que soñamos lo que queremos soñar, perdón, corrijo, decimos que soñamos lo que queremos soñar, lo que nos lleva nuevamente al desfiladero de la literatura, pero ahora de forma absolutamente descarada, es aquí cuando el sueño se torna un delito flagrante. No pretendo ser ecléctico, en ningún caso, pero creo que el relato onírico, la entrada de mi colega en específico, posee lo uno y lo otro, un poco de ficción dirigida y de genuina inconciencia. Creo que cuando describimos nuestros sueños construimos casi todo, pero todo ese material está manufacturado con la arena del sueño. A lo mejor no se entiende, pero intento decir que hasta la farsa más visible, el equívoco más evidente y vulgar tiene algo de inocencia, de verdad ensoñada y genuina. Posiblemente nunca podamos saber qué es lo que soñamos con absoluta seguridad, la seguridad que tengo cuando ojeo un libro que me gusta mucho o una película que amo, jamás tendremos ese sentimiento de ubicuidad dolorosa, de conocimiento cabal, que nos permite la vigilia, pero al final todo está tamizado por el inconsciente y en último caso siempre van a existir residuos, partículas oníricas que lograrán colarse y ver la luz para cuando volvamos a despertar.  

Todo esto me deja en el mismo lugar que cuando partí y es lógico que sea de esa manera, porque el personaje de ese sueño, ese Enzo llorando o gimiendo monstruosamente un dolor desconocido, en una casa en ruinas, viviendo en primera persona la caída de la casa de Usher, es un Enzo que existe, lo hayan soñado o inventado, da igual. Sufro mucho, todos los días sufro un montón, sufro porque no hay torrents para bajar The Rider y porque matan y matan palestino y nadie se inmuta. Además soy una persona profundamente sola, sola como todos los que abrazan la literatura o el arte en general, porque todos los que escribimos nacimos en el desierto, cada cual tiene su pampa, como si uno fuera un caballero dorado y defendiese una casa zodiacal, una casa zodiacal en ruinas e ignorada por el mundo, la casa de Ofiuco, la casa que jamás existió. Nunca se está más solo que rodeado de mucha gente, eso de alguna manera lo explicita, es una mala broma del universo, quizás por ello puedo decir, ahora cómodo, que la Ñuño hizo a la larga el mejor retrato de mí, el más exacto, así que le doy las gracias.

sábado, 5 de mayo de 2018

Historias de fantasmas.

1.- Siempre que mando audios por Whatsapp los escucho de nuevo. Lo que digo es que escucho mi voz, esto no tendría ninguna relevancia, mucha gente debe hacer lo mismo, ya sea para comprobar qué chucha dijo con anterioridad o para incorporar más información, pero en mi caso es distinto, yo la hago por una cuestión absolutamente hedonista. Me produce una especie de placer escuchar mi voz, como junto las palabras y todo lo que digo, porque es escuchar a un Enzo que se encuentra perdido en las entrañas del pasado, una persona completamente muerta, alguien que ya no existe, un difunto. Hago este ejercicio de re-escucharme muchas veces, con un dejo de nostalgia también, pero en el fondo creo que busco algo, que intento hallar algo, a veces pienso que realizo esa rutina ociosa como los tipos que graban en los cementerios o en hospitales abandonados y después escuchan las grabaciones tratando de encontrar voces de espectros y espíritus, a un nivel inconsciente debo creer que lo que estoy escuchando es una psicofonía, que entremedio de las trivialidades que digo algo se desliza, un secreto, un silbido imperceptible. Nunca he encontrado nada, pero sigo escuchando mis audios después de enviarlos, creo que son ese tipo de cosas las que te confirman como una persona de fe, como un creyente.

2.- Nunca se lo he preguntado a nadie, pero la duda sigue ahí y vuelve cada cierto tiempo. Es una inquietud que tengo sobre la gente que se hace estos tatuajes "cover up", por ejemplo, sobre los nombres de sus ex parejas o de dibujos horribles que tuvieron la mala ocurrencia de tatuarse. A lo que voy es de que si esa gente, cuando se hace estos tatuajes para cubrir otros tatuajes, luego, después de un tiempo, pueden seguir viendo el tatuaje antiguo, ya sea por los relieves o las sinuosidades o de alguna manera el tatuaje anterior está tan incorporado, tan impreso en su memoria, que le es inevitable verlo detrás del nuevo barniz, como una especie de sello de agua o visión fantasmal del tatuaje oculto. Lo digo porque cuando a la gente le cortan un miembro, una pierna, un brazo o no sé, esa persona amputada sufre de "dolores fantasmas", los invade la súbita y dolorosa sensación de que la extremidad sigue allí, situación que debe ser espantosa contrastada con la posibilidad de entrever los nostálgicos esbozos de un tatuaje velado, pero fantasmas son fantasmas.

3.- La otra vez estaba en Instagram y me puse a ver fotos, las publicaciones que suben las mil personas random que sigo. Me fije que me gustan harto las selfies, o sea, son mi publicación favorita, me gustan los memes evidentemente, pero hay algo en las selfies que me atrae, hay un vórtice. Creo que una vez escribí sobre este tema, algo sobre la pulsión escópica y Lacan, algo fome probablemente y que no viene al caso, porque esta es una arista totalmente nueva. Como decía, estaba viendo selfies y llegado un momento me di cuenta que en verdad no miraba a la persona que se sacaba la foto, que no me importaba en absoluto el retrato. Quizás suene estúpido, pero siempre que veo una selfie en lo que me fijo, prácticamente de manera automática, es en la mano con el celular que se refleja en los ojos, no sé si se entiende lo que intento describir. Hay momentos en que es más claro, por ejemplo cuando la persona se saca una foto con gafas puesta. Uno puede ver la mano que se proyecta en el reflejo, es un universo que uno tendería a pensar que es inaccesible, pero no, allí está, claro, nítido. Veo perfectamente como el brazo se estira y como la mano se angula para sacar la selfie, hasta veo el celular. Me da harta risa al principio, pero después me angustia, de a poco lo empiezo a encontrar macabro, porque es como ver los hilos que unen las cosas, como ver la cara de Dios, es complejo recuperarse totalmente después de esa visión, implica aceptar que uno es el Antimonitor, que hay espectros detrás de los espejos, sombras que nos siguen como sabuesos. No sé, yo lo encuentro abrumador.

4.- Había escrito algo súper largo acá, pero en pro de la economía de lenguaje:

Estas semanas he pensado harto en fantasmas, o sea, me refiero al concepto, no sé si existirán, espero que sí. Creo que empecé a pensar como monomaniaco sobre el tema después de leer Una breve historia del tiempo. Es rico el libro, pero igual me deja esa sensación pastosa de que inevitablemente todo tiende al desorden, a disiparse, al caos. Nada nuevo en verdad, pero si uno lo piensa es imposible que la mente humana no funcione así igual, de hecho es súper constatable como las cosas van separándose abismalmente y perdiendo su forma. No hablo del paso del tiempo - o en verdad sí, obvio que hablo del tiempo-. Hablo por ejemplo de los recuerdos, como cuando te vuelven a contar algo, y no trato de señalar ese trozo de ficción contenido en todas las cosas "reales" sino que hablo de que a veces me pongo a recordar un momento puntual, una situación evocadora que me produce hasta agrado, que me reconforta, pero después lo pienso un poco más y es evidente que mientras lo recuerdo se va desintegrando cada vez más, como una prenda vieja que uno mete a la lavadora. No sé como explicarlo bien, pero es esto de que cuando uno saca una copia de algo o realiza una grabación inevitablemente cada vez que re-graba, cada vez que volvemos a dar el salto o el simulacro del salto, se va sumando una nueva capa de ruido blanco, de interferencia, hasta que llegado un momento todo se disipa por completo y el sonido o la imagen inicial ya no existe. Me asusta tanto eso, a veces pienso que me voy a quedar mudo o no sé, me deja histérico.

5.- Hoy es el natalicio de Karl Marx, me da risa cuando dicen "los docientos años de Marx", me da la sensación de que Marx, el humano, sigue vivo, que estamos celebrando su cumpleaños y que está viejito y le van a hacer una "once de cumpleaños" con ponche de chirimoya y roscas, como a mi abuelo. Como sea, esto inevitablemente nos recuerda que un fantasmas recorre europa, perdón, un fantasma recorre el mundo, un fantasma recorre toda la galaxia: el fantasma del comunismo (interplanetario).

miércoles, 18 de abril de 2018

76 (Haikús para un concurso de haikús).

i.

Todas esas mujeres
que he amado
han usado chasquilla


ii.

Aunque después la corten.
me sigue gustando
todo bajo la chasquilla.


iii.

Tengo una fijación
con el cabello
de geishas y escritoras.


iv.

Es complejo medir bien,
mora por mora,
sin saber fonología.

martes, 3 de abril de 2018

74 (La historia de tu vida).

Hay una frase bien conocida del Marqués de Sade que dice algo así como que los entreactos de su vida habían sido más largos que su vida propiamente tal. Cada cierto tiempo vuelve esa frase a mi mente. De hecho, ahora mismo la recordé, me siento identificado demasiado con eso, claro que yo no he sido internado en ninguna casa de orates ni encerrado en cárcel alguna, se me ha permitido vivir mal que mal. Lo digo porque siento que he estado la mayor parte de mi vida resfriado, congestionado, obstruido. No creo exagerar, pero parece que perdí la capacidad de distinguir el momento cuando termino una gripe y comienzo otra. En el universo rinítico en que existo no hay principio ni fin, un uroboros de influenza. A veces me siento como la Doctora Louise Banks, a veces incluso vislumbro los próximos resfríos, escucho claramente los ecos de mis estornudos futuros y encuentro paquetes de pañuelos en chaquetas o pantalones que no recuerdo haber usado. Al final lo acepto, abrazo con dicha la llegada de la nueva gripe, porque es la primera y la última, porque es como viajar en el tiempo y borrar la frontera que separa la historia, de una profecía.

lunes, 19 de marzo de 2018

Deshacer poesía.


Esta semana tuve que leer un texto criptiquísmo de Jean-Luc Nancy acerca de la poesía y de qué era. En verdad estoy hablando de esto porque hace mucho rato que no escribo, tengo algunos textos a medio terminar, pero nada concreto, al final uno se aburre de lo que uno mismo escribe. Cualquiera sea el caso, leí esta especie de aporía textual y ciertamente no concluí mucho, no sé siquiera si aportó a mi entendimiento de la poesía. Me quedó muy grabada una frase, quizá sea una cuestión de Perogrullo, pero me gustó que lo haya dicho aun siendo completamente evidente.

La poesía es pues la unidad indeterminada de un conjunto de cualidades que no están reservadas a un tipo de composición denominada “poesía”, y que no pueden ser designadas más que asignando el epíteto “poético” a términos tales como riqueza, esplendor, audacia, color, profundidad, etc.

Ahora estoy derrapando completamente, pero creo que la situación de la que habla Nancy, por lo menos su definición, calza bastante con el fenómeno de los memes. Eso fue lo que pensé todo el tiempo mientras leía el texto del francés. En realidad nunca estuve emborrachado de poesía, siempre estuve cautivando en lo hondo por lo análogo de la situación con los memes, como si los memes fueran un antiguo amor con el que midiese cualquier nuevo idilio.

Un compañero, Emil, me mostró sus más briosos memes, lo mejor de su repertorio, yo no reaccioné demasiado, los encontré graciosos –algunos-, pero no sé, les faltaba algo o a lo mejor les sobraba. Creo ser más minimalista con la cuestión memética, cada vez me gustan los memes con menos texto, con menos explicaciones, casi que fotos, porque al final quién define qué es un meme, no hay un ente centralizado que haga la depuración, no existe nada pétreo sobre los memes. Ahora, lo que sí somos capaces de percibir es la sensación, el clima, un hilo delgado que atraviesa una imagen o una situación y consecuentemente hacernos testigos de lo memético, de algo que se aproxima pero que jamás penetra de forma completamente permanente.

Miren, hay poesía o concurre lo poético en rangos bastante amplios de cosas, desde un borracho tomando vino dulce en los linderos de un servicentro hasta en la conversación de dos imbéciles con poleras de cuello ve. Lo importante siempre va radicar en la creación, en el hacer poesía y en la manufactura de memes, así que la pasiva apreciación la dejaremos en un plano secundario. En el trabajo poético hay humanos mirándose al espejo, seres colapsados de sí mismo, así que en un poema y en un meme siempre hay verdad irrefutable, los cinismos son una impostura, al final el artista del meme es un Balzac cualquiera tratando de escribir La comedia humana. Creo que mi lucha interna se gatilló por una muchacha, una compañera. Siendo sincero ella me parece súper interesante, supongo que la forma que habla, como hilvana las palabras, además de su chasquilla perfectamente geométrica, me recuerda harto a la Haydée Politoff de La coleccionista. Estábamos esperando la recepción de un trabajo de poética y ella en la espera me mostró un meme de Shingeki no kyojin – la guea de los titanes-. La cosa es que cuando lo vi simplemente sonreí, no entendí el meme, no leí bien el enunciado, no entendí ninguna mierda, así que mi cara probablemente generó una mezcla de extrañeza y simpatía. Así que yo me preguntó neuróticamente: ¿qué pretendía siendo tan cínico, tan apremiado por las circunstancias, tan irrealmente deferente? 

No logré comprender ese meme, ni a ella, menos a mí mismo, pero tengo casi que una certeza absoluta de que lo que pasó entre nosotros es de una memética tan profunda que llega a doler pronunciarlo.   

martes, 6 de febrero de 2018

73

todas las dicotomías
cada uno de los binarismos
me parecen
de alguna manera u otra
falsos, superficiales, artificiosos.
aranosos productos de la mente del hombre.
con los años,
luego de muchas vidas
y de un asfixiante sufrimiento
me he dado cuenta
que la única gran división,
la relevante,
entre los humanos es:
la gente que rompe los tallarines antes de echarlos a la olla
y la gente decente que no lo hace.
veo los fideos reblandecerse
apegarse a los cantos de la cacerola
y me parece una clase de muerte,
un final violento
entre agua, sal y laurel.
y aunque es un abrupto termino,
la masa cede tranquila,
relajada
se mulle y renuncia.


miércoles, 17 de enero de 2018

Balance anual y espiritual.

La gente que lee se oculta. Ocultan quienes son. La gente que se esconde no siempre aprueba su propia forma de ser.
A.A.


1.- Antes de que terminara el año 2017 quería escribir una entrada sobre los libros que leí en el año, una especie de recomendación o aproximación, pero creo que estoy en una etapa tan abstracta que ni siquiera escribo lo que quiero, o pretendo, escribir, así que sólo dejo el testimonio de la intención que tenía de escribir sobre eso. Después lo escribo.

2.- A principios de diciembre creo que fue cuando terminé de leer Llámame por tu nombre. Me puse a leerlo por lo de la película que se venía y por otro grupo de razones de carácter personal. Cuando empecé, las primeras quince o veinte páginas, me dije a mí mismo: esta es la típica novela de aprendizaje, la bildungsroman clásica que se repite todas las putas décadas, sólo que ahora tuvieron la deferencia de hacer homosexual al protagonista, posiblemente una señal del progreso moral de nuestros tiempos, quién sabe. Sí, créanlo o no, me dije todo eso en mi mente. La cosa es que, aunque hay partes que me recordaron harto Por el camino de Swann, a medida que uno avanza se va tensando la cuerda, al final la sensaciones se tornan demasiado palpables y creo que se abandona por completo el formato de novela iniciática, termina siendo tan traslucida que llega a doler y se hace claro que no existe pretensión superior a la de contar una historia de amor. No existen laconismos en esta novela y esto es así porque cuando se ama, extrañamente, las palabras tienden a multiplicarse. La novela de Aciman me partió el corazón, lo de Oliver y Elio es la gran historia de amor de nuestro siglo o década o no sé, aunque yo conozco una igual de intensa y triste. Ya saben, todo gran amor tiene su tragedia.

3.- Quería hablar de La campana de cristal. Miren, a mí la poesía de Plath me gusta cero, no la encuentro necesariamente mala, pero es mediocre al menos. Esta novela por su parte, tristemente su única novela, es inmensa. A veces pienso que hay una generación de mujeres –se me vienen a la cabeza la propia Plath, pero igual la Pizarnik para no ir más lejos- que quedaron marcadas a fuego con el legado poético de Emily Dickinson o el descubrimiento de su poesía, y que por alguna extraña razón en la narrativa lograron mejores resultados o resolvieron de mejor forma. De todas maneras, esto es completamente personal, obvio que hay gente más capacitada y experta que podrá perfectamente refutarlo, que dirá, por ejemplo, que La condesa sangrienta es una pobre novela al lado del basto registro lírico de la autora argentina. Cualquiera sea el caso, leí La campana de cristal, creo que el 2016, sólo que el año pasado lo pesqué de nuevo luego de ver Personal Shopper. No voy a prolongar esto, el capítulo doce me da vueltas mucho, es cuando Esther va a la cárcel de Deer Island e intenta ahogarse, toda esa parte me genera un dolor intenso, es como si la atmosfera se volviese más y más pesada, luego al final del capítulo se electrifica todo, quizá porque Sylvia Plath es un tormenta, esos deben ser los párrafos más pesados escritos jamás. Pensaba en Esther queriéndose matar como Virginia Woolf, llenándose de piedras los bolsillos y que al final Sylvia Plath murió inhalando gas igual que Kawabata, pero que también Esther me recuerda un montón a la Franny de Salinger. A veces pienso que la gran herida de la literatura, como la carencia que termina fulminando tarde o temprano a todos los escritores, es creer, para figurarlo de alguna manera, que Jesús es San Francisco de Asís, que los gurús y profetas, que los genios y maestros son seres puros e invulnerables. No es que yo la tenga más clara, sólo pienso en lo que decía Rumi: la herida es el lugar por donde la luz entra.

4.- Leí Milk and Honey de la Rupi Kaur. Quizá dirán que soy misógino, quizá dirán que soy un imbécil que carece de la mínima sensibilidad para empatizar con una artista emergente, con la diversidad étnica y mil cosas más, pero lo cierto es que Kaur, al igual que Palahniuk y en una mínima medida Houellebecq, no saben mucho de qué chucha están hablando. El libro de la canadiense tiene un público ultra objetivo, que al final es gente con antorchas en busca de bencina, autoafirmación adolescente. La tipa alimenta la performance progre, que supongo que es válida, pero no podemos negar el hecho de que es banal, un cuenco vacío y es más cercano a un libro de propaganda o una colección de tuit que un poemario. Por lo menos Palahniuk lo intenta, es un mal escritor, recuerdo leer Rant y pasarla pésimo, sentí que era como ver a una persona tratar de mascar una baldosa y que después de romperse los dientes y sangrarle la boca esta continuase intentando deglutir la cerámica. Houellebecq por su parte no es malo, sólo que le tiene demasiado cariño a la plata como para ser tan buen escritor, es como un tipo que le pega al mimo que se para en la plaza de armas a interrumpir el tránsito y molestar oficinistas, yo aplaudo el gesto, pero se ensaña a propósito y termina matando al mimo con un adoquín.

5.- Me acordé que leí el libro de Sasha Grey, se llama La sociedad de Juliette. Se lo comenté a Pancho Beltran y le dije que la historia no es mala, es arquetípica, tiene personajes evidentemente recortados, el tipo que hace de profesor de cine es demasiado una persona que jamás en la vida va existir, con perversiones que rondan de lo inverosímil a lo obvio, claro que la mente humana da para mucho, pero se torna estúpido en alguna medida. Me sorprendieron dos cosas: primero, la cantidad de referencia cinematográficas, son muchas y muy buenas, tiene un conocimiento soberano de la filmografía de Godard e iría más allá y diría que junto con José Miguel Ortega deben ser las personas que más saben de la nouvelle vague; lo otro, es que me impresionó que se pueda escribir tanto de semen, el capítulo seis creo que se titula de hecho así y no tiene un volumen de páginas menor. En fin, la historia igual es carente, pero supongo que es entretenido. Le doy tres estrellitas de cinco.

6.- Este libro aún no se escribe, de hecho lo estoy escribiéndolo yo y en realidad no es un libro, es un cuento, ni cuento, ideas para cuentos. Lo primero: es de ciencia ficción, pero tengo el argumento y algo así de diez o doce páginas. En el fondo, este es un testimonio, sirve para que si no lo termino debido a que alguna agencia del estado chileno me mata, o algo así, quede constancia de su existencia y la de su autor. Mi cuento va sobre Don Francisco, creo que más o menos todos saben cómo se originó Sábado Gigante. Está el animador, futuro animador, en ese entonces simplemente Mario Kreutzberger, en un hotel en alguna ciudad de Estados Unidos mientras estudia confección de vestuario, ve alguno de estos shows de varietés gringos y queda encantado, hipnotizado y se le ocurre generar un análogo en Chile. Esa es la premisa, mi idea es que un tipo común y desgraciado, harto de tanto ver Sábado Gigante y de la cultura de degradación psicológica a la gente pobre en pro del entretenimiento familiar, se le ocurre un complejo y aparatoso plan para viajar en el tiempo al lugar y momento donde animador está viendo televisión y matarlo. Ahora, matar a Don Francisco desencadena una sucesión de hechos de ambigua calificación moral, digamos que se termina la dictadura antes o que el golpe nunca se da, pero nunca ocurre la Teletón, peor aún, desprendido de la caridad y compasión judeo/cristiana, los gobiernos posteriores implantan una dura ley de eugenesia. Es como una mezcla de Volver al Futuro, Dark, X-Men: Días del futuro pasadoSafety Not Guaranteed y en verdad cualquier cosa que viajen en el tiempo.