miércoles, 24 de agosto de 2016

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Hay una pareja en el bosque,

tomados de las manos se miran fijamente,

descubren que su amor es imperecedero,

perdonan sus antiguos pecados,

sus añejas culpas.

El uno es la filacteria del otro y podrán vivir eternamente,

pero los hombres son sus enemigos y jamás los dejarán vivir tranquilos,

están malditos,

lo notarían en sus ojos,

así que su única opción es invocar a Baphomet para no ser destruidos.

Hay una pareja en el bosque

y ahora hay sangre, la sangre de todos sus mortales conocidos.

domingo, 14 de agosto de 2016

Ghost in the Shell.



-Santísimo Padre -le dije-, yo no tengo necesidad de comida, sino que quisiera que me dieseis una lección espiritual: ¿Cómo he de obtener la salvación?
Un peregrino ruso


Ayer murió Kenny Baker que era el actor que interpretaba a R2-D2, o sea, era el enano que estaba dentro del disfraz del personaje de Star Wars y realizaba sus maniobras. En verdad, cuando supe no le tomé mayor asunto, la gente muere todos los días, además que tampoco digamos que el tipo era Marlon Brando, no requería de grandes habilidades para personificar a un robot que no tiene diálogos reales, sólo pitidos, y sus movimientos eran bastante simples, probablemente puras líneas rectas, así que en definitiva tampoco era una gran pérdida para el panteón de los actores. Ahora, yo quiero homenajear a este hombre, porque en él se encarna una situación que a mí me delira irremediablemente, creo que con justicia Kenny Baker fue llevado al descanso eterno, porque si uno se pone a pensarlo su vida debió ser terrible, era como una carmelita descalza del cyberpunk. Estar aprisionado en esa armadura, que debe ser como estar dentro de rollo de confort, atado a las ligaduras de un robot, ahí en medio de los desiertos de Tatooine, sofocado por el metal y el peso de su humanidad. Imagínense sólo por un segundo estar en su lugar, lo siniestro de su situación. Kenny Baker es un starets moderno, un custodio de la belleza futurista y de la ciencia ficción, es probablemente la principal víctima de nuestros placeres estéticos, relegado a habitar las entrañas de una máquina, confinado al eterno claustro y oscuridad, porque sabido es que no hay peor oscuridad que la del día que nunca llega y la de la noche que nunca termina, la oscuridad con certeza de la luz, la oscuridad de un prisionero. Kenny Baker es un héroe del cyberpunk y su sacrificio viene a forjar el ethos de esta realidad pos apocalíptica. El alma de este hombre fue deliberadamente incendiada, su anima se hizo más que carne, se transformó en acero, todo el débil y precario envoltorio que recubre nuestro espíritu fue depuesto y reducido a nada, dos veces. Dentro de R2-D2, Kenny Baker encontró a Dios. Todas estas divagaciones tienen por objeto agradecerle al hombre por su labor realizada, porque su ser albergará infinitamente el concepto del espíritu dentro de la máquina, porque la realidad kafkiana que vivía ese pequeño humano es el símbolo indeleble de que el cyberpunk vivirá por siempre como un futuro posible e incluso, a momentos, como un futuro deseable.