1.- No deja de ser sumamente curioso que entre los grandes fans de The Beatles esté Charles Manson (sociópata demente, recientemente muerto), Mark David Chapman (sociópata demente), Daniel Johnston (demente con inclinaciones homicidas) y Sebastián Piñera (candidato a la presidencia por Chile Vamos).
2.- Mientras se desarrollaba la jornada de escrutinio público recuerdo que al volver a mi casa, cansado por el insufrible viaje que tuve que hacer, me senté en el sofá, prendí el televisor y para mi sorpresa los parcos noticieros que comúnmente repletan las transmisiones de las elecciones presidenciales habían sido remplazados por matinales ad-hoc. Lo encontré tan correcto que armé, prendí y me fumé un pito solo de lo complacido que estaba. Los matinales son el programa de televisión definitivo, cubren todas las necesidades, se pueden adaptan a cualquier contenido. Los matinales son como la vida misma y no creo exagerar. Ya sabe, "el teatro dentro del teatro" "la ficción que envuelve a la realidad", porque un matinal no es más que la recreación de las dinámicas de un hogar común, de nuestra propia vida, sólo que está todo extremadamente condensado. Los tipos en los matinales desayunan, salen a la calle a solucionar sus problemas con los vecinos, buscan asesoría legal, medica y espiritual, leen los periódicos, ven escenas delicadamente antologadas de la teleserie, hasta cocinan y almuerzan allí, ¿acaso se necesitan más pruebas?
Los matinales son como esa obra que preparan en la corte de Elsinor y nosotros somos Hamlet, somos testigos de nuestra propia vida, somos los obscenos mirones de nuestro destino.
3.- Quería comentar que todo el proceso de votar fue un suplicio, aunque provocado en mayor medida por mi inoperancia, porque no sabía cómo llegar al local que me había tocado. Me parece impresionante que lleve casi diez años viviendo en Concepción y tenga conocimientos tan nulos de los recorridos de micro y taxis, sumado a mi ignorancia casi total de la zona -y cuando digo zona me refiero a la ciudad, al radio urbano simplemente, ni hablar lo externo a eso-, es como si no tuviese ninguna referencia de donde estoy, siempre tomo las mismas micros y camino por las mismas rutas y a veces incluso así me desoriento, de hecho, hay una callecita que une a Freire con el paseo de Barros Arana, jamás recuerdo a qué altura está, siempre tengo que volver a descubrirla, me gusta mucho esa calle, se llama Aurelio Manzano, pero nunca sé con certeza dónde mierda está.
4.- En la noche, cuando ya se sabía los candidatos que pasaban a segunda vuelta, Fernando Villegas dijo que estaba seguro, con una certeza premonitoria, que Guillier iba a ser el próximo presidente de esta miserable nación. Yo no sé, no podría asegurar las intenciones del panelista, pero me recordó harto a lo que hacía un tipo que tengo en facebook (el Tiño) que en cada partido de Chile redactaba una publicación anunciando que la selección chilena iba a perder el encuentro, era un ejercicio que desarrolló durante todas las clasificatorias y que en el argot nacional se denomina "contra mufa". En verdad, no compararía al Tiño con Villegas si no fuera porque todos sabemos que el último es un fascista culiao que obviamente quiere que gane Piñera y arrojó esta maldición cabalística como un nudo en la rueca de las Moiras. Ahora, lo contrariante y esperanzador es que el ejercicio que realizaba el Tiño partido a partido terminó siendo fútil y vano, ya que finalmente Chile no clasificó a ninguna mierda.
5.- Sebastián Piñera en general es bastante reiterativo en los conceptos con que formula sus discursos, da la impresión que hila estructuras precompuestas sin fijarse en su significado final, como piezas de lego que cualquiera sea su forma uno puede unir, a veces en conjunto hasta suenan bien a falta de sentido aparente, aunque quizás si lo tenga, a lo mejor lo que intenta el comando de Piñera es que el tipo termine declamando algo similar a un kenning nórdico y por medio de eso traspasar alguna clase de sentimiento épico, que la sonoridad gatille algo que le gane a la razón, como el tambor de los galeotes. En fin, quería hablar que en medio de los lugares comunes que tanto alitera el candidato, hay uno que me gusta en particular, el de "los tiempos mejores", así entero, con el artículo gramatical y todo, porque lo ocupa de esa manera. Me parece súper extraño, además de la manera en que lo utiliza, por ejemplo: únanse a "los tiempos mejores", la campaña que traerá "los tiempos mejores", yo sé que Chile elegirá al candidato de "los tiempos mejores". Suena raro y siniestro, como si los tiempos mejores fuera un sujeto o algo específico, un grupo o una fuerza particularizada y definida, como si "los tiempos mejores" fuera sinónimo de Dormammu o Astaroth, no digo que Chile Vamos sea satanista o intente invocar fuerzas interdimensionales, sólo que suena sumamente extraño, le otorga una carga semántica misteriosa.
6.- Esto es completamente ajeno a todo lo que escribí antes, pero el barullo de los comicios me recordó esta película de Alexander Payne, Election, que va sobre una campaña a la presidencia escolar en un instituto de alguna parte de Estados Unidos. Se podría hablar de la predestinación que simboliza el personaje de Broderick contra la voluntad de poder enfatizada en la alumna que encarna Witherspoon, pero en verdad este tipo de reflexiones son para sociedades donde ese tipo de idioteces no están resueltas o importan en alguna medida, el imaginario protestante le da vueltas al asunto, supongo que por eso su concepción de libertad es tan contradictoria y salen autores como la Ayn Rand declamando imbecilidades sin ninguna consistencia teórica o tipos como Stan Jones, azul de tanto consumir líquido de plata coloidal, autodenominándose como libertarios y entendiéndolo como un miedo religioso al estado (porque sólo los gringos son capaces de denominar libertarios a sujetos que están a favor de un mercado sin ninguna regulación), porque jamás arribó un ápice de humanismo cristiano ni menos hablar de materialismo dialéctico, ya Edgar Allan Poe decía que en "América" sólo escribían panfletos, probablemente se debe a ello su insistencia por rebautizar Estados Unidos como "Los Apalaches", de cambiarle el nombre al país del Atlas Shrugged y fundar el de Walden. En fin, sólo quería comentar que en esa película hay una personaje que es lesbiana, la hermana del tipo que le compite a Witherspoon, la chica un día le dice a su mejor amiga que está enamorada de ella, pero termina siendo rotundamente despreciada, la amiga incluso termina en una relación con su hermano, como una especie de seguro contra todo cuestionamiento a su sexualidad, situación que le parte el corazón a la muchacha y es ahí cuando el personaje pronuncia una frase que me gusta mucho y que de alguna manera está relacionada con todo: ¿cómo algo tan real puede terminar siendo una mentira? algo en la ecuación debe estar fallando, o siempre fue mentira o sigue siendo real, pero no es posible la coexistencia de esas dos verdades simultáneamente. Imagino que la conclusión de todo es que la vida se trata de elegir, al final uno escoge, no es que haya un precio que uno deba pagar, al que uno se someta, uno sencillamente marcar una preferencia y sabe de antemano lo que implica, el detalle de la boleta, no existe terreno para ingenuidades ni devoluciones. Digamos que es un poco absurdo quejarse por las espinas de las rosas o endosarle dolor a la belleza, adjudicarle un cobro extra, una especie de propina cósmica; digamos que siempre uno pudo elegir otra flor, magnolias o azucenas, incluso un lirio.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
miércoles, 15 de noviembre de 2017
The truth is out there.
Quiero ser súper escueto porque
en general soy poco receptivo con la contingencia, por no decir que estoy casi
totalmente desafectado de ella, no es que no me importe o crea que no es importante en alguna medida, sólo que con los años me siento menos y menos
comprometido con esa realidad contingente, con la calle, los ciudadanos y los edificios, con
el pasar del tiempo me he terminado transformando en una especie de Holderlin, un hombre encerrado
en una torre, aceptando la interacción social bajo circunstancias en extremo
cómodas para sí mismo, soy como el Iman oculto de los musulmanes chiitas . Como
sea, salgo de mi estado de ocultación porque hace poco vi el debate
presidencial, uno de los tantos, el último que se hizo si no me equivoco y en
verdad no tengo ningún juicio significativo acerca de eso salvo lo mortificante
de la imagen de Piñera. Miren, si levanto el culo de mi lecho de autocomplacencia
e infinita indolencia y republicanamente voy al Liceo Industrial de Concepción
a votar, muy probablemente lo haga por Artés, si me pillo entusiasmado voy a ir
hasta con overol a apoyar al martillo de las naciones que romperá las cadenas
de la burguesía y sembrará primaveras para el pueblo, pero eso no es de lo que
quería hablar. Días luego de ver el debate -una parte del mismo realmente, porque
igual me da vergüenza ajena llegado un punto y lo cambio-, fui a tomar cerveza
con Pancho y un par de sus amigos, no es que crea que son unos zopencos, no
completamente, me imagino que habrán matices, pero conversando ambos me dijeron eso de que
admiraban la inteligencia de Piñera, lo decía con más convicción uno y con más
amargor otro, cuestión que me indigestó. Era eso de lo que quería hablar, se ha
vuelto como un mantra, una clase de justificativo autoimpuesto por la
colectividad, el beneplácito o indulgencia civil que nos damos nosotros mismo
ante el casi indefectible hecho de que un tipo con surcos en la cara, usando un
traje evidentemente de talle superior al que corresponde a su tamaño, con
claros problemas para expresarse y una desafortunada lista de risibles equívocos
sobre cultura general vaya ser presidente de Chile por segunda vez –si repasan
la descripción que hice calzaría perfectamente con la del Tony Pulguita, Pastelito
o el Tachuela Chico-. En fin, me enferma esa situación, hay una especie de
cinismo horrible en decirlo, incluso en pronunciarlo sin creerlo en absoluto,
un cinismo que desborda mi propio cinismo, cuestión que me parece intolerable.
Un tiempo atrás leí un tuit de la
Pina que era apropósito de un tipo anónimo que le posteaba mierda, imagino
que comentarios mal intencionados o de mal gusto en su blog y/o que psicopateaba su perfil, pero la Pina puso que de
todas formas no le interesaba que el sujeto viera sus redes sociales porque no representan un ápice lo que uno es en
realidad. Me quedó dando vueltas, creo que estoy en desacuerdo con eso, a
lo que voy es que lo que tuitió mi colega es una afirmación peligrosa, a mi
juicio comparte quid con la frase que comenté, sobre que Piñera es inteligente en el fondo,
no sé si se logra entender. Hay quienes razonan así: Piñera se viste como un bufón, actúa
como un bufón, incluso habla como un completo imbécil, pero en el fondo es
inteligente, esa es sólo una faz tras el genio bursátil, tras la mente maestra. Creo que la gente se tomó muy a pecho eso de no juzgar un libro por su cubierta,
no creo ser un sujeto prejuicioso -aunque he botado libros por lo fea de las
ediciones-, pero en la máscara siempre hay algo del individuo, una parte importante de
uno yace en la máscara, no quiero dar un curso de etimología, pero la palabra persona deriva de una progresión
conceptual del sustantivo griego prosopon que casi literalmente significa máscara. Con esta perorata sólo busco hilvanar la idea de que esa frasecita de
mierda de que bajo lo abyecto mora un brillo, una agudeza, una historia digna de escuchar, es absolutamente
falsa, puede que el candidato en cuestión no sea retardado, que no tenga un diagnóstico
de alguna deficiencia mental, pero actúa prácticamente igual a un bodoque, un
merluzo, eso lo transforma en un imbécil para todo efecto práctico, no hay
vuelta que darle, dudo que después de citar mal a Lenin se siente en su mullido
sofá, tome una pipa y mientras lee un ensayo de Bachelard se ría de la
ingenuidad de la muchedumbre que traga su actuación, ese es un cuadro
intencionadamente infantil. La sabiduría de los X-Files no tiene límites, la verdad está allí afuera, así que me
parece importante figurar la profundidad que habita en los antifaces –el del
anonimato, el de la performance, incluso los que nos otorgan las redes sociales-, porque
las máscaras poseen consistencia, nos podemos transformar en
caricaturas pero toda caricatura se construye a partir de molduras enquistadas
en el individuo. Así mismo, las máscaras no son intercambiables, no hay variedad,
sólo hay una, ya que se forjan por medio de nuestra historicidad, extraen las arrugas de nuestro rostro, claro que la gente puede volverse
loca, impredecible y tornar inverosímil su comportamiento alguna vez -azar, causa u oscilación-, pero las máscaras representan proyección no excepción. Por ello, el
troll anónimo escribiendo, de regreso de la universidad o su trabajo, barbaridades racistas o comentarios de mierda en el blog o facebook de la Pina, en el fondo cree fehacientemente en sus palabras,
porque lo hace utilizando un maquillaje idéntico a su piel, la tez de su alma, no es Nietzsche colérico tirándole piedras al techo de su vecino, no es rabia ni enajenación el motivo de la violencia, es su ser mismo vertiéndose en la orilla, derramándose como petroleo bajo el alero de
la oscuridad o la exculpación del teatro, no es más que la confirmación de algo que es incapaz de aceptar y de lo que, en consecuencia, siente culpa o le avergüenza de manera neurótica.
Ya saben, como dijo Sartre: una imagen es un acto no una cosa. Eso hay que metérselo
bien en la cabeza.
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