Ayer fui a votar y sentí que todo fue muy breve. Voté por una galla medio amiga de mi familia que se presentaba a Gobernadora por el Frente Amplio. Sé que quizá esto que voy a decir no tenga una conexión evidente, pero a partir de eso me acordé de una escena de Suspiria, esa cuando las tipas votan entre Markos y Blanc. Me gusta harto esa secuencia, igual la del final, pero esta de la que hablo me gusta más. No es que pretenda escribir una tesis sobre el supuesto naturalismo presente en la obra de Guadagnino, pero la escena es tremendamente ejemplar. O sea, cualquiera hubiese sencillamente recreado la escena tal cual como se supone que pasó para el narrador, convengamos que la película no le tiene ningún temor a lo explícito, pero el tipo compone una secuencia donde lo subjetivo y lo objetivo es muy difícil de discriminar, lo que genera una sensación basculante en uno, un intersticio entre dos polos; que es más o menos como funciona la memoria, a fin de cuentas. Hay un cuento de Jules Barbey que se llama El secreto de una partida de Whist donde se presenta un ejercicio similar de evocación narrativa del pasado y pienso que todo este montón de cosas que he escrito me hubiese encantado decírtelas sentados en el banco de una plaza mientras tomamos coca-cola.
lunes, 30 de noviembre de 2020
jueves, 12 de noviembre de 2020
cosas que te diría.
Me gustó mucho el final de la serie —es que a mí me gustan mucho las historias de amor e imagino que a ti igual te gustó—. Cuando terminó el episodio, desde luego, pensé en eso; pensé en el amor: todo ese amor que guardaban los personajes como a un ónfalo, pero pensé especialmente en el amor que siento, en lo enamorado que siempre he estado de ti. Luego, fue inevitable sentir la vulnerabilidad que nace de eso. Dejé que el video se apagara solo y me puse a escuchar el soundtrack. No recuerdo bien si lloré, no creo.
03 de
noviembre.
Los días han estado bonitos, así que puedo salir a
la terraza y leer allí. Ahora estoy revisando un libro de Vintila Horia sobre
literatura del siglo XX. Siéndote sincero, a veces me caen pesados los juicios
que hace el gallo sobre algunas cosas. A lo mejor me gusta el libro porque
puedo rescatar lo que no dice; en definitiva, creo que eso es lo más valioso:
lo omitido.
Hay un grupo importante de personas que se acercan al arte por lo que dice, literalmente, por lo que decreta e invoca la literatura en ellos y los demás —o lo demás—. Creo que no me interesa en lo más mínimo lo que tenga que decir un autor o un libro determinado, sino todo aquello que deja de decir e incluso sería más radical, porque ya ni siquiera me interesa tanto lo, voluntaria o inconscientemente, omitido o guardado, como todo aquel espacio que se sugiere, pero que jamás llega a concretarse. La novela de Mariana Enríquez o ese cuento de La virgen de la tosquera tienen mucho de eso; Temporada de Huracanes y el libro de Yuri Herrera que leí también tienen mucho de eso.
Creo que el amor tiene bastante de eso de lo que
hablo.
09 de
noviembre.
El amor es una cuestión absolutamente experiencial, todos dicen haber amado, pero eso no tiene ningún sentido, porque del amor solo
quedamos sobrevivientes; solo quedamos los dos. Por eso es una corriente
continua. El amor es real, sí, pero más que real, el amor es un sentimiento
que habita en lo posible.
Mira, resulta complejo explicarme, pero me gustaría
darte algo, escribir unas cuantas líneas que puedas atesorar para siempre, un
país propio donde sentir o quizás simplemente regalarte una joya que se
acercase, aunque sea tibiamente, a la belleza de tu rostro. A veces
creo que, si te tuviese en frente, no sería capaz de reconocerte, quiero decir,
que me quedaría paralizado como un tonto. Otras veces, lo que siento es tan
inmenso, vacío y completo como lo es el movimiento de los planetas; que nadie
percibe nunca, pero que jamás concluye ni se detiene.
12 de noviembre.