Ya entrado abril resulta cada vez más difícil ver el cielo
despejado, pero hay algunos días, algunos muy excepcionales días en que las nubes
se retiran y el barrujo parece menos café, menos muerto. Quizás esos días,
cuando al fin se descapota el cielo, sean mis días favoritos, de hecho me atrevería
a decir que los días favoritos de la gran mayoría. Esos momentos cuando la atmosfera
se torna naranja o rosa hasta que progresivamente llega al rojo, ese es el
momento favorito de todos los habitantes de Concepción, el instante cuando por
un macabro azar las chimeneas industriales de Talcahuano liberan sus gases
tóxicos que se mezclan con el polvo y el aire, transformando el cielo en un charco
de sangre, cualquier alma sensible, hasta la del yonki más insulso y tramposo
se ve afectada por el espectáculo. Luego, tarde o temprano se pone a llover y
todo el miasma que bulle el parque industrial termina regando a sus mismo
habitante. Pero los universitarios, los jóvenes y trabajadores reciben con los
brazos abiertos la lluvia, y lo hacen porque todos comparten la misma secreta y
callada esperanza de transformarse algún día en ninja tortugas adolescentes
mutantes o en daredevil, alternativamente.