martes, 22 de noviembre de 2016

Ghost Blog: The Way of the Samurai.


Un samurái no piensa en términos de victoria o derrota, combate siempre hasta la muerte
Y.T.


Siento que no escribo hace mucho, mi labor de bardo y cronista cyberpunk se reblandece, me estoy volviendo paulatinamente más débil, a lo mejor el tiempo lo va tornando más y más mínimo a uno, como si con el tiempo uno se transformara en la síntesis de lo que alguna vez fue, la versión resumida, el abstract de uno mismo o a lo mejor es que he tenido menos tiempo de escribir porque he estado haciendo otras mierdas o quizá me encuentro en la etapa más cínica y pesimista de mi carrera, quién sabe. Yo trabajo de copero, copero freelance para ser riguroso, lo que implica que tengo que acomodar loza en aparatos plásticos donde va dicha loza, eso es todo el trabajo, no pagan mal y además hay ciertos eventos en que hay alcohol, como en los matrimonios o cenas institucionales, así que como mi labor es tan anónima, tan detrás del telón, es perfectamente realizable medio borracho e incluso hasta medio drogado, qué mejor. De cualquier forma, el rubro de los coperos es duro, yo siempre trato de interactuar lo menos posible con mis compañeros, lo mínimo humanamente posible, lo más cercano a que crean que soy mudo o que podría tener alguna leve deficiencia mental que me impide hablar fluido o algo parecido, pero incluso así me veo obligado a entablar conversación con mis colegas, tampoco es tan malo, sólo que a mí no me gusta, quiero conversar de otras cosas, además no quiero conocer gente nueva y aprenderme sus nombres y las mierdas que estudian, mi overol de copero es sólo un disfraz, adentro hay un corazón sensible, yo quiero hablar de películas de Pasolini y de poemas de Ezra Pound o de ovnis y razas de extraterrestres o del episodio de Los Soprano que más me gusta o sobre policías que son androides, de cosas que en verdad importan, ustedes saben. Extenuante es la labor del copero, así que luego de terminar mi trabajo me voy lo más rápido posible a mi casa, me baño y luego veo algo o sencillamente duermo. 

Una de esas veces, en alguno de esos regreso a mi casa después del trabajo, extenuado por la bota de la patronal, me puse a revisar la internet en busca de esperanza y empatía, fue en medio de eso que me topé con las palabras de una tuitera, ella decía que la peor parte de ser adulto era tener que saludar gente que uno no deseaba saludar, yo cuando lo leí me quedé pasmado, me dije a mí mismo: cómo es posible que de entre el infinito conjunto de actos que forjan la miseria de la adultez ella haya elegido el más nimio, el menos verdaderamente terrible. Habían tantas opciones peores, como trabajar para no morir de hambre e infamia, el siempre posible fracaso profesional, el entender que todo lo que creíste bueno y bello y a lo que te aferraste se desmorona para siempre sin posibilidad alguna de que puedas hacer algo para subsanarlo, el apremio del pasar de los años que nos acorrala progresivamente a la muerte, la natural decadencia, el tedio que debe ser trabajar realizando una actividad que te chupa el alma, la paternidad no deseada, la paternidad planificada, la imposibilidad de volver a ser niño, la tristeza cierta que te va a provocar la muerte de tus seres queridos, la angustia de la soledad mal entendida, la enfermedad, los sueños rotos. Habían tantas opciones, pero ella decía que saludar un par de idiotas en la calle era lo peor parte de abandonar la juventud, y saben, creo que quizá tenga razón, finalmente ella intentaba señalar algo más profundo, más intenso. Yo la verdad es que no saludo mucho a nadie en la calle, esencialmente porque soy un hueón de mierda y me da un poco de lata, es que en ese tipo de interacciones sociales todos dicen cosas súper fomes, sólo palabras de buena crianza, sólo vacío superpuesto con más vacío, cómo quieren que tenga el detalle de saludarlos si son tan execrablemente aburridos, nadie me detiene en la calle y me dice "Buenos días, Enzo, qué te pareció la progresión del conflicto en Prisoners, no consideras que tiene una cadencia parecida al desarrollo final de The wrestler o El cisne negro" y yo  de buena gana respondería ‘’Hola. Sí, muy buena observación, es que yo creo que las tres tiene mucho de Duel in the sun, las tres tienen alma de western”. Nada de eso pasa en la vida real, nadie tiene un mínimo gesto de sensibilidad con uno que está preocupado de los grandes temas y eso es lo que estaba tratando de decir la tuitera Pizarro, intentaba restablecer una premisa sartreana, porque el infiernos son los otros y saludar a tus compañeros de trabajo, saludar a tus compañeros de universidad, saludar a la interminable lista de congéneres de los que no te importa si están vivos o muertos, y no tener la libertad de mirar el piso, es el infierno, significa que la tierra se ha convertido en un loop infinito de "buenos días" y "cómo estás", significa que era verdad que el delicado arte de conversar está en extinción y que los blogueros somos guerrilla, soldados de una guerra ya terminada y en la que salimos perdedores hace mucho tiempo, somos como esos japoneses que a veces pillan en medio de alguna isla de Micronesia porque nunca se rindieron o porque nunca se enteraron que había terminado la segunda guerra mundial. Los tipos como uno, los blogueros de a pie, vamos transitando un camino más y más estrecho, los últimos ronin de un Japón imaginario, inexistente y perfecto, sin tiempo para saludos, sin espacio para detalles intrascendentes que el delicado silencio puede reemplazar. Cuando camino por las calles de esta ciudad sucia y desprovista de virtud voy con la actitud de guerrero bushin, con el orgullo de un miembro del grupo Shinsen, un lobo de Mibú, con la paciencia de un árbol espero la próxima conversación sobre películas de extraterrestres o algún animé cyberpunk.