Hablar al aire*
Es triste pensar que el aire sea lo
único que compartimos.
No importa lo cerca que estemos
el uno del otro.
Siempre estará allí ese aire entre nosotros.
Pero también es agradable pensar en la idea
de que respiramos lo mismo.
No importa lo alejados que estemos
el aire nos hace uno.
*Esta es una traducción libre, hecha vilmente por mí, del poema Air Talk de Yoko Ono. Este poema está fechado: '67. Un año luego de haber conocido a John Lennon, probablemente meses. El poema serviría en estructura y lírica, que en este caso yo no respeté, para la canción del mismo nombre grabada el '72. Y a mí me gusta mucho.
viernes, 14 de febrero de 2020
martes, 4 de febrero de 2020
102 (guerra fría).
I
A veces cuando estoy en el cine respiro hondo y cierro
los ojos, cuando la película ya la he visto antes lo hago entre escenas o en
esas transiciones en medio de un acto y otro. La gente que lo llega a notar, me imagino, debe pensar
que es para relajarme, por agorafobia o cosas por el estilo. Lo cierto es que intento
conectarme contigo, trato de visualizarte y pienso en lo que podrías estar
sintiendo en ese momento pasado y presente, intento desde mi humana precariedad
buscar ese tiempo en el que estamos juntos viendo esa película. Hace unos días
proyectaron Häxan en la sala Akana,
como yo la propuse tuve que presentarla: no dije demasiado, hice algunas
referencias, luego sólo les pedí que cerraran los ojos y pensaran en algo que amaran
y extrañaran mucho, que sintieran la melancolía escurrirse, que sintieran esa
extraña sensación de ver como el tiempo se va texturizando. Estaba particularmente
triste ese día y una señora se puso a llorar.
II
Vimos Mujercitas
con Kid, que es la única persona con quien hubiese ido a ver Mujercitas. Ahora, esto lo escribo con
una humildad suprema, desde un rincón, pero creo que la película trabaja con un
sentimiento o, si se desea ser más figurativo, con una paleta de colores muy
lorquiana. Intento enfocarlo en los Poemas
de la soledad en Columbia University, aunque funciona con el poemario completo de Nueva York. Lo digo también porque la película hace rimar sus tiempos, ambos
tomos y la ficción con la realidad biográfica de Louisa May Alcott en este ensamble
vigorizante y visualmente moderno que terminó por cruzarse en mi mente con
estos poemas tan bellos y marchitos de nuestro poeta peregrino. Es tan difícil darse
por enterado cuando la infancia realmente termina y es difícil, porque aceptar
que naturalmente todo se dispersa y, por lo tanto, que todo se vuelve lejano y gélido es algo que te quita el aliento. Lo más triste debe ser que el único
oxígeno a la mano para sacarse ese ahogo es la nostalgia, la melancolía, pero
tiene un costo tan elevado y a mí todo este asunto me hace polvo.
III
Vi el final de Bojack Horseman, llegado a este punto en realidad no quiero escribir mucho. Creo que me gustó porque me encantaría que las cosas hubiesen sido de otra forma, que lo que entendí como traición lo hubiese tomado como la reacción de un espectador ante un cuadro, como una corriente o una elipsis, y que hubiese estado allí para cuando las cosas se pusieran más resbaladizas e inclinadas, hacer un hogar, tener algunas plantas, qué sé yo. Posiblemente sea una persona totalmente distinta, pero me sigo reconociendo y viviendo en ese vuelo desde Panamá. Me da miedo el final, pero sé que en verdad nada realmente termina, no esta clase de cosas y, en ese sentido, el final de Bojack me recuerda un poco al de Mad Men y también al final de Magnolia,
porque
es ese el eco de lo humano,
lo que verdaderamente importa,
eso que persiste y es
inmortal,
una especie de imagen o idea de que en el flujo
estamos juntos,
aunque, a momentos, es demasiado veloz y
sencillamente
no te veo,
entonces
respiro hondo y cierro lo ojos.
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