Yo soy el profeta,
porque me enteré antes que tú
porque lo supe todo el tiempo
pero no pude aprenderlo de memoria
entonces, me preguntas si podría olvidarlo
olvidarte y olvidarnos,
te preguntas a ti misma,
me lo pregunto yo,
por supuesto,
y hasta, a lo mejor,
se lo pregunte algún amigo
mirándose o
sentado en su escritorio de 100 x 70 x 75.
¿Podría yo olvidarte?
¿yo?
el mismo que arruinó nuestras vidas intentando odiarte;
infructífero,
agotador,
extenuante.
No podría olvidarte,
porque significaría olvidarme,
así que me aferro
como el hueso se aferra a la carne
y no fue más que esa nuestra profecía:
observar un mundo destruido.
viernes, 10 de mayo de 2019
sábado, 4 de mayo de 2019
99
A veces siento que es muy injusto el rol que me tocó, pero, claro, tampoco me lamento tanto; una queja sorda. Es sólo que hay veces en que se torna demasiado gruesa o notoria la diferencia entre ellos y yo. Tanto es así, que me imagino como un lastre, una medida, el ancla que arrastra toda esa gente que camina por las calles. Y creo que hago mi parte, me aprendo de memoria mi papel, como un soldado que puede armar y desarmar su pistola a ciegas, pero eso no hace ni por un momento más agradable el sentimiento. Tampoco intento engañar a nadie, porque siempre he estado así, toda la vida fue así, no es algo nuevo lo que cuento; aunque, supongo, fue un desalojo paulatino. ¿Estoy listo para esto? ¿Alguna vez estuve listo para esto?
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