domingo, 7 de octubre de 2018

80

No suelo quejarme mucho, al menos eso me digo a mi mismo, imagino que tengo la subjetiva impresión de no ser o parecer un ser humano quejoso. Pero el día de hoy fue extenuante. Supongo que desde temprano estuvo destinado a ser un día inabarcable para todos, probablemente por la manera cómo se cerraron la nubes: como un telón grueso y opaco que tapió el cielo hasta muy entrada la tarde. Almorcé con mi amigo Gerónico y me pareció que la cantidad de comida que entregaban en el casino de la universidad era excesivo, mi amigo compartió esta opinión. Una vez Gerónimo me dijo que pensaba que con los años uno solo perdía la vergüenza, que en verdad la experiencia era una cuestión inventada, una visión reconfortante, y comparto su opinión acerca de ese tema. Y ahora que lo pienso, probablemente de eso se trate Eighth Grade, más allá de lo obvio. La pérdida de la inocencia, la especie de imperceptible muerte que conlleva el paso del tiempo. Ternura, esa película me generó una ternura tremenda. La vergüenza que observa la ternura es un grado de aceptación del miedo, de la vulnerabilidad.

De todas maneras, por nada de eso fue especialmente abrumador el día. Hoy, luego de almorzar, comencé a pelar una naranja con las manos, lo hice pausadamente, disfrutándolo, pero cuando terminé sentí una pena terrible. Creo que me recordó una escena de Leave no trace, la imagen del padre y la hija jugando a estirar y encoger el tiempo. Estuve callado un rato largo, tuve tiempo hasta para apretarme los ojos. Cuando era niño hacía un montón eso, me gustaba ver las chispas. Me provocó una pena atroz esa naranja, creo que me di cuenta de cuán terrible es el naranja y la vida. Estos días he pensado mucho en ti, en el cuento del médico rural, en todo eso de que lo puro se ensucia y lo que es sucio se purifica, de que todo lo que vive muere y todo lo que muere está destinado a renacer, el bien y el mal de los budas airados, los mahakalas y he pensado en Kikyo. Después de escribir esto fui a andar en bicicleta y me traté de acordar de ese poema de e. e. cummings que dice i carry your heart with me (i carry it in my heart). Lo importante está con letras minúsculas, eso es lo que quiso decir Altman.