viernes, 10 de julio de 2020

109 (penúltimo)

I.

Aquellos que quieren morir
en verdad no quieren
Muchas veces sí,
pero no morir
no de forma física

Todos desean otra oportunidad
—yo lo deseo—
pero no se pueda rebobinar:
la vida;
la historia
va sin REWIND

Aunque, pensándolo
quizás sí
pero se rompería la cinta
o se haría irreconocible
y no quiero eso.

Tampoco existe el olvido,
la impresión es permanente.
Lo que existe es: la incapacidad para
comunicarse;
para eso están los Médiums

La carne sigue allí,
es cosas de abrir cualquier tumba
Lo que faltan son las voces,
yo pido prestadas las palabras

II.

Recuerdo cargarte
a horcajadas sobre mi espalda
cuando vivía en ese apartamento
tan inconveniente,
al costado de la línea del tren

fue un juego
que ahora lucirá tonto
ante tus ojos
pero el conserje sonreía.

Recuerdo tus brazos amarrándose en mi cuello
y las piedras apiladas
a la orillas de la vía
como pequeñas migajas
de cráneos masticados.

Esa impresión también es
permanente.

III.

Bajo la lluvia
A mitad de un bosque marmolado
hay una pareja
esperando ser rescatada

Pero nadie vendrá:
NADIE.

Él,
temblando de frío,
coloca su cara
sobre el cuello de la chica;
lo invade una certeza:
nunca podrá saber lo que se encuentra
al interior de su mente
ni detrás de sus lunares,
repartidos azarosamente por su rostro

pero los une
y descifra algún sentido,
un mensaje que lo pone triste
aunque es sólo una intuición.
Ella siempre ha sido inescrutable.

suena el crujido en sus oídos,
luego, ese relámpago rojizo
que lo oscurece todo.

Ahora sólo está la chica,
en el mismo bosque,
con la misma lluvia
que no para de caer.

FINAL.

Dos amantes
se juntan
en un bosque.
La sangre fluye silenciosamente
como si se tratara de sudor,
pero es sangre
Están tan fisurados
como la palma de una mano.

Y esa impresión es permanente

miércoles, 8 de julio de 2020

Nuestra suerte*

El azar dicta
que vengas,
el azar pregunta:
¿Podrás resistir

la partida?
El azar dice,
habibti,
que no hemos amado

por casi un año
¿Podrás aguantar
la soledad?
Yo no puedo;

además de ti,
le temo 
al viento,
a las aves,

al mar
y sus olas,
a los subterráneos 
y la humedad;

detecto
graves amenazas
en todas partes;
me asusta hasta

la brisa que sopla
entre los tamarugos,
no aguanto 
más.

Nuestra suerte, 
me decreta,
querida,
estar aquí.

¿O es que acaso me dejaste
de querer?


*Esta es una mala traducción hecha por mí o un personal encuentro con un poema de Hilda Doolittle (H.D.) que me gusta mucho. También me produce mucha pena, seguramente, porque se siente pretéritamente real para mí y cada vez que lo repaso es como si la piel recuperada se volviese a escaldar. Su poesía me hace doler el pecho, la piel. Hilda fue una poeta valiente, terriblemente atormentada y absolutamente moderna. En alguno de los versos de The Cantos el autor reclama: tan lentas son las rosas en abrise. Hilda, por su parte, responde a la oscura miseria optimista de Pound con: la rosa más roja se marchita ¿puedo soportarlo? 
La versión original se llama Chance, pero ni eso respeté. Dejo el original a continuación, de modo aglomerado: Chance says,/come here/chance says,/can you bear//to part?/Sweetheart,/we haven't loved//for almost a year/can you bear/this loneliness?/I can't;//Apart from you/i fear/wind,/bird,//sea,/wave,/low places/and the high air;//i hear/dire threat/everywhere;/i start//at wind/in sycamores,/i can't bear/anything/futher;//chance says,/dear,/i'm here,//Don't you want me/any more?