jueves, 7 de junio de 2018

El sueño de una noche de verano.

Now here I go again, i see the crystal visions
I keep my visions to myself, it's only me
Who wants to wrap around your dreams and,
Have you any dreams you'd like to sell?
Dreams of loneliness,
Like a heartbeat, drives you mad
In the stillness of remembering, what you had,
And what you lost and what you had and what you lost
S.N.


Leía blogs la otra vez y me puse a pensar sobre los sueños, sobre cómo abarcamos el relato de nuestros propios sueños, la cosa onírica. Soy un buen lector, creo ser un buen lector en general, pero dentro de la poco apetecida o ya pasada de moda especialidad de la lectura de blogs creo ser muy bueno. Me doy tiempo todas las semanas de revisar a los que sigo, leo cariñosamente las entradas, a veces hasta dejo un tímido comentario. Pero intentaba hablar de los sueños y de que todo surgió leyendo blogs. Esto hace un buen tiempo ya, fue porque salía mencionado en el sueño de otra escritora, lo que me genera un sentimiento extraño aunque no incómodo, posiblemente se debe a que me encanta ver escrito mi nombre, aun con su escasez de letras y todo. Todo lo que estoy diciendo suena bien, tan bien como niños jugando alegremente en un parque, pero luego de leer la entrada completa quedé un poco noqueado, no esperaba que mi nombre fuese usado para esculpir tal nivel de evocación mefistofélica. Ahora claro que me da risa, pero en su momento me tuvo inquieto, distraído de mi sagrada cotidianidad. Podría describir con palabras propias lo que la Ñuño redactó, pero no tendría ningún sentido, es bien cercano a imaginar que soy el tipo que aparece en El Grito de Munch o, peor todavía, que hubiese sido incluido en la pintura, pero no de protagonista sino como una de esas dos figuras que se ven tras el tipo, esas dos sombras que de alguna manera contrastan la desesperación que late de la escena. ¿Qué le habré hecho a esa mujer para que subconscientemente le reflotara así? No estoy seguro, aunque tengo una que otra sospecha. De cualquier manera, a lo que quiero llegar es a otra cosa, porque esto abre una duda bastante honda respecto a los sueños: ¿Cuánto de real hay en los relatos que elaboramos de los sueños? ¿De verdad los soñamos o sólo los construimos con el material preconsciente, con los retablos náufragos de nuestros deseos? ¿Son una más de las escusas que permite la ficción?

En el caso de que fuese verdad que soñamos lo que soñamos, entonces no hay labor literaria alguna, con suerte reconstrucción, una tarea de rearme que requeriría de la intuición obviamente, pero por sobre todo el azar, así que a la larga igual sería literatura. En el caso contrario, en la situación de que los sueños sólo expongan nuestros deseos, entreverados por la cortina de humo más pesada que el intelecto humano ha podido forjar, en este último caso, habría que rezarle bastante a Otto Rank, porque es él, en esos bellísimos pasajes de los diarios de Anais Nin, el que explica que todo relato onírico, absolutamente todo ejercicio de ensoñación está dirigido conscientemente, así que soñamos lo que queremos soñar, perdón, corrijo, decimos que soñamos lo que queremos soñar, lo que nos lleva nuevamente al desfiladero de la literatura, pero ahora de forma absolutamente descarada, es aquí cuando el sueño se torna un delito flagrante. No pretendo ser ecléctico, en ningún caso, pero creo que el relato onírico, la entrada de mi colega en específico, posee lo uno y lo otro, un poco de ficción dirigida y de genuina inconciencia. Creo que cuando describimos nuestros sueños construimos casi todo, pero todo ese material está manufacturado con la arena del sueño. A lo mejor no se entiende, pero intento decir que hasta la farsa más visible, el equívoco más evidente y vulgar tiene algo de inocencia, de verdad ensoñada y genuina. Posiblemente nunca podamos saber qué es lo que soñamos con absoluta seguridad, la seguridad que tengo cuando ojeo un libro que me gusta mucho o una película que amo, jamás tendremos ese sentimiento de ubicuidad dolorosa, de conocimiento cabal, que nos permite la vigilia, pero al final todo está tamizado por el inconsciente y en último caso siempre van a existir residuos, partículas oníricas que lograrán colarse y ver la luz para cuando volvamos a despertar.  

Todo esto me deja en el mismo lugar que cuando partí y es lógico que sea de esa manera, porque el personaje de ese sueño, ese Enzo llorando o gimiendo monstruosamente un dolor desconocido, en una casa en ruinas, viviendo en primera persona la caída de la casa de Usher, es un Enzo que existe, lo hayan soñado o inventado, da igual. Sufro mucho, todos los días sufro un montón, sufro porque no hay torrents para bajar The Rider y porque matan y matan palestino y nadie se inmuta. Además soy una persona profundamente sola, sola como todos los que abrazan la literatura o el arte en general, porque todos los que escribimos nacimos en el desierto, cada cual tiene su pampa, como si uno fuera un caballero dorado y defendiese una casa zodiacal, una casa zodiacal en ruinas e ignorada por el mundo, la casa de Ofiuco, la casa que jamás existió. Nunca se está más solo que rodeado de mucha gente, eso de alguna manera lo explicita, es una mala broma del universo, quizás por ello puedo decir, ahora cómodo, que la Ñuño hizo a la larga el mejor retrato de mí, el más exacto, así que le doy las gracias.