En el fondo, si no me sintiera morir, me podría creer ya muerto.
La otra noche me costó conciliar el sueño, estuve un rato dándome vueltas sin mayores resultados, a la larga terminé por desvelarme, en algún punto supe que no iba a volver a dormir, que era irreversible mi situación, porque además en estas fechas toda la mañana y tarde pasan carros alegóricos que hacen insostenible cualquier pretensión de descanso diurno. Pienso en que hay algo muy triste en constatar esa fisura, ese pliegue que genera la aceptación de una situación como irreversible, como completamente líquida y fuera de nuestro control, pienso que hay algo extremadamente hermoso en esa aceptación también, algo que encierra un misterio que al parecer es menos complicado de entender que el misterio inicial. Ahora pienso en ese sentimiento, ahora pienso en esa parte de Carol cuando Therese vuelve de la casa de Carol, luego de toda esa escena tensa e incómoda de la discusión con su marido, creo que está en un taxi y se pone llorar, no, miento, está en el metro o en el tren y llora, pero no solo llora, se quiebra, se derrumba completamente y eso es desolador, porque yo lo he sentido, porque el amor a momentos es desolador y creo que en parte a Therese la embarga una pena terrible, pero por otro lado es un llanto que constata que no está tan sola, que ya no va estar tan sola en este mundo tan amargo e insípido que hemos construido, pero que será a un costo de absoluto dolor, porque tras esa grieta enorme hay algo hermoso. A veces el traginar del tiempo hace que se desvanezca esa sensación, que se olvide momentáneamente esa constatación bella pero triste de la que hablo, entonces Therese tiene las fotos de Carol para volver al aliciente inicial, o ulterior, según como uno quiera entenderlo. Siempre están las fotografías, las imágenes, los tatuajes, los sigilos, los amuletos, los trenes y juguetes, las canciones pop, los poemas de Leonard Cohen, elementos condensadores. Yo cuando veo fotografías me pasa algo similar, por ejemplo, veo tu fotografía con el vestido rojo y no puedo más de amor y belleza en el pecho, me siento morir suavemente. Luego, siento una profunda tristeza, una tristeza que me complicaría mucho explicar bien, pero esa tristeza me hace feliz, me reconforta, podrán creer que es un oxímoron lo que digo, pero yo no soy nada retórico y en realidad se parece más a lo que dice Miriam, en algún momento en The marvelous Mrs. Maisel, sobre que por supuesto que quiere que la gente ría con su rutina, pero que también lloren, y llegado al final de la serie creo que ese mensaje es bastante más explícito y mejor expresado de lo que yo puedo escribir. A mi lo único que me importa es el amor, escuchar como fluye esa corriente, como escurre ese río dentro de nosotros, porque yo sé que nuestras aguas son capaces de arder como una hoguera.