1.- Estuve leyendo un texto de Ranciere que a momentos parecía un nudo ciego, pero terminó siendo gratificante. Como uno vive para los datos rosas, lo que más se me quedó fijado en la mente fue que la frase "like a rolling stone", gran tropo de la lengua inglesa, múltiplemente acuñada y reacuñada por la cultura popular, es siempre adjudicada al proverbio de Publio Sirio que rezaría en español algo similar a: piedra que rueda no cría musgo. La cuestión es que es absolutamente falsa esa historia y si no es totalmente falsa es, al menos, parcialmente inventada. En primer lugar, porque la obra de Publio llegó a nuestros tiempos sólo por medio de antologías y recopilaciones de sentencias hechas por otros autores latinos que terminarían siendo cristalizadas por Erasmo de Róterdam, así que no existe certeza acerca de la cadena de adjudicación de autoria del proverbio; luego, el concepto de piedra rodante se encuentra extensa e inadvertidamente regada en la obra de Platón, que ha llegado por la sucesión propia de las traducciones y estudios escolásticos y críticos a la actualidad como "piedras mudas" o "imágenes mudas", que dependerá de la edición y el enfoque. Así que si uno lee La República o incluso Fedón encontrará este concepto en los pasajes referente a la naturaleza de las palabras e ideas. Lo más probable es que la frase se remonte a los estudios platónicos que por la época debían ser transferidos por medio de máximas y versos a grito pelado, y que varios patrióticos compiladores romanos terminarían dándole el crédito a Publio e ignorando con mayor o menor grado de conciencia el antecedente helénico, lo que explica su cristalización como proverbio y, a su vez, lo difusa de su dimensión significativa.
2.- Siempre me pareció llamativo cuando estudiaba Derecho que el afán modernizador tuviese tan en entrecejo la transformación de los viejos procedimientos escritos en prístinos y ágiles procedimientos orales. Supongo que se invocaron para el cambio principios como la celeridad, la economía o la inmediatez, con todo la razón del mundo, incluso así, y en escaza conexión con lo dicho, no deja de ser llamativo el hecho de la naturalidad que posee el dispositivo de la oralidad. Lo digo porque el proceso de textualización, el paso de lo oral a lo escrito, fue natural y lógico, principalmente porque el papel resiste harto más que la memoria humana, pero fue un viaje lentísimo. Por ejemplo, lo que actualmente se considera una costumbre de idiotas, y niños en etapas iniciales de asimilación lectora, como es el acto de leer y simultáneamente decir en volumen audible lo que se está leyendo antiguamente era lo normal, no se estilaba la lectura silenciosa, situación que se explica por la abismal taza de analfabetismo de esa época y por cuestiones propias del métodos de enseñanza monacal del trivium, de hecho Jacomet comenta que San Agustín lo hacía tan fuerte que no dejaba que nadie más pudiese leer, pensar o conversar ninguna mierda en toda Hipona.
jueves, 28 de marzo de 2019
Pensaba en el tiempo cuando salió la "Amanita", pensaba en qué tipo de persona era en esa época, qué leía, qué hacía por las tardes y las noches cuando llegaba a mi casa. Y la verdad es que no consigo vislumbrarlo con absoluta nitidez. Me acuerdo de algunos hitos, como que al tipo que nos dio el financiamiento para la revista, después de que esta se publicara, lo pillamos con Vladi pegando carteles de Renovación Nacional en la Plaza Perú, así que me acerqué corriendo y le patié el tarro de engrudo o pegamento que estaba ocupando. Resultaría muy complejo describir la pena con que me miró ese tipo rechoncho y ladino, ese tipo que había sido tan amable y generoso con nosotros, lucía como si en tan sólo un par de segundos la vida lo hubiera derrotado absolutamente, cuestión que me resulta graciosa y tristísima al mismo tiempo. También recuerdo que yo edité esa revista casi absolutamente solo, así que decidí unipersonalmente cuales textos quedaban y cuales no. Yo fui el que decidió, por ejemplo, que Cotelo no sería publicado y que en cambio iba el texto de la hermana del Vela. Rara vez me gustó algo de lo que escribía Cotelo: mucha tripa y poca letra. Eso a la larga no resulta, no se sostiene, salvo que seas Nicomedes Guzmán o Nikolai Ostrovski; el tiempo me daría la razón en más de un sentido posible respecto de esa decisión. Posiblemente, lo que recuerde con mayor claridad sea la frase que me dijo alguien sobre el texto de Nico Díaz: nada tan sincero puede ser malo. Esa sentencia me hace mucho menos sentido que antes, porque la conclusión natural con el tiempo siempre será que la literatura es una gran mentira y la memoria una traicionera, se puede pretender ser real, real hasta la muerte como dice un buen poeta, pero jamás verídico, en parte porque la sinceridad es un valor ético y la ficción exige empeñar la verdad, esa verdad con minúscula. Sin una historia no hay poesía, eso decía Ezra Pound, yo traté de explicartelo una vez, aunque no supe expresarme ni articularlo apropiadamente, pero eso ya no importa. ¿Qué importa? Creo que se pueden espetar frases desafortunadas o tener una sintaxis deficiente y aun entonces conservar el estilo, hallar una formula que contenga y proteja lo que uno siente, además que, siendo honesto, ya no me interesa explicarme, perdí de forma absoluta la esperanza en ese ámbito de la vida humana. En ese momento mis pretensiones eran más sencillas, quería mirarte rápidamente a los ojos, ver mi reflejo en esa oscuridad, quería observar tus labios rojos, más rojos que cualquier sangre, para luego respirar hondo y sumergirme en el río. ¿Qué es lo que hay en el lecho del río? Mi hogar, mi lugar contigo, mi confianza en el camino, porque como maravillosamente escribiría Baldwin en La habitación de Giovanni, quizás nuestro hogar no sea un lugar sino simplemente una condición irrevocable.
domingo, 17 de marzo de 2019
Poe-Try.
1.- Todos hablan del poder de la mente y eso de que uno utiliza sólo un porcentaje minúsculo en comparación con el potencial de la misma, hasta se ha hecho más de una mala película que se sostiene sobre esa idea. Yo no dudo del lugar común, pero soy escéptico en relación a la utilidad de esa reflexión, me da la impresión de que no va a ningún lado, es pura autocomplacencia. Cualquiera sea el caso, pensé en esto porque el otro día, mientras dormía, soñé que le hacía cariño a un perro salchicha y cuando me desperté sentí una picazón terrible, así que empecé a rascarme con fuerza, era como si el perro de mis sueños hubiese intentado traspasar los cerrojos de lo puramente onírico, pero al final se quedó atascado en la verja y sólo llegaron las pulgas. Dudo que merezca una gran explicación; es obvio que se trata de una cuestión mental, de una comprobación miserable, ridícula y vívida de la manera en que la mente ejerce presión sobre la carne.
2.- Terminé de leer Tres noches hace algún tiempo. Lo recomiendo, pero no me voy a extender en eso, finalmente la lectura es un acto de fe. Pensaba la otra vez sobre una parte del libro donde Susan, la protagonista, reflexiona acerca de la escritura y como no voy a tipear el párrafo íntegro lo resumiré así: la escritura y, a fin de cuentas, la literatura está definida por el acto consciente de ordenar y seleccionar palabras para el futuro, para su uso futuro. Tampoco es algo que nadie haya esbozado antes, supongo que eso mismo confirma la idea, porque la mayoría de las definiciones son descriptivas y se enfocan en el resultado, quizá tenga que ver con esa visión unitaria del autor-obra, pero a nadie le ha importado generar una perspectiva más procesual del asunto. Me imagino que en las matemáticas debieron tener elaborado esa idea hace mucho tiempo, a la larga es extensible a cualquier sistema con morfología propia. Lo interesante del asunto es que, según lo dicho, el oficio no está determinado por el acto material de escribir sino que por el paso anterior. En conclusión, los párrafos y las oraciones son un cascarón y los libros un dispositivo.
3.- En esta misma línea, uno podría pensar que las ideas son más o menos las mismas todo el tiempo, por lo que se podría decir que la gramática es sólo un cascarón, o una armadura si se le quiere ver así, que permite la perdurabilidad de la semántica y, en consecuencia, del lenguaje.
4.- En la tarde me puse a ordenar los libros de la vitrina de mi pieza y pillé un libro de Edgar Allan Poe que me gusta harto. Lo compré hace algún tiempo, un año o dos, y es una compilación de comentarios y marginalias que realizó el escritor en los libros mismos que iba leyendo en su biblioteca de Baltimore. Mientras sacudía la madera y el vidrio me pregunté cómo nadie había aprovechado el juego de palabras que se da con el apellido del escritor y la palabra poesía en inglés, podrían titular un libro de introducción a la poesía estadounidense o derechamente un tratado sobre poética. Qué más da, una idea más que se pierde en el océano.
5.- La otra vez le leí un tuit al Cristian Delgado acerca de Letterboxd, decía algo así como que estaba lleno de gente pretenciosa, seres humanos posesos de petulancia que calificaban con nota uno a películas como Green Book o Bohemian Rhapsody. No es que me preocupe ser tachado de pretencioso, porque en algún nivel debo serlo, pero me ofende la ingenuidad y lo atávico de la observación. A mi, después de ver If Beale Street could talk, me dieron ganas de ponerle un uno a todo, sobre todo a Green Book, pero tampoco voy a ponerme a divagar sobre que la critica objetiva no existe, que se debe tomar posición todas las veces posibles, que esa entelequia - la objetividad- es sólo la condensación diacrónica del gusto del hombre blanco. Green Book es una falta de respeto tan brusca que me llega a confundir el hecho de que actúen quienes actúan, ni siquiera voy a comentar cómo se presenta la homosexualidad del personaje, porque pienso que desde Alex Mercader en Machos que no se construía un personaje homosexual tan higienizado y desprendido de su homosexualidad, si se hubiese presentado al personaje como daltónico o alérgico al maní hubiese sido exactamente igual, algo anecdótico, innecesario, prescindible, adjetivos que le ciñen bastante bien a esa película.
6.- Debería escribir sobre If Beale Street... y sobre James Baldwin. Creo que tengo una buena idea, pero es un secreto.
2.- Terminé de leer Tres noches hace algún tiempo. Lo recomiendo, pero no me voy a extender en eso, finalmente la lectura es un acto de fe. Pensaba la otra vez sobre una parte del libro donde Susan, la protagonista, reflexiona acerca de la escritura y como no voy a tipear el párrafo íntegro lo resumiré así: la escritura y, a fin de cuentas, la literatura está definida por el acto consciente de ordenar y seleccionar palabras para el futuro, para su uso futuro. Tampoco es algo que nadie haya esbozado antes, supongo que eso mismo confirma la idea, porque la mayoría de las definiciones son descriptivas y se enfocan en el resultado, quizá tenga que ver con esa visión unitaria del autor-obra, pero a nadie le ha importado generar una perspectiva más procesual del asunto. Me imagino que en las matemáticas debieron tener elaborado esa idea hace mucho tiempo, a la larga es extensible a cualquier sistema con morfología propia. Lo interesante del asunto es que, según lo dicho, el oficio no está determinado por el acto material de escribir sino que por el paso anterior. En conclusión, los párrafos y las oraciones son un cascarón y los libros un dispositivo.
3.- En esta misma línea, uno podría pensar que las ideas son más o menos las mismas todo el tiempo, por lo que se podría decir que la gramática es sólo un cascarón, o una armadura si se le quiere ver así, que permite la perdurabilidad de la semántica y, en consecuencia, del lenguaje.
4.- En la tarde me puse a ordenar los libros de la vitrina de mi pieza y pillé un libro de Edgar Allan Poe que me gusta harto. Lo compré hace algún tiempo, un año o dos, y es una compilación de comentarios y marginalias que realizó el escritor en los libros mismos que iba leyendo en su biblioteca de Baltimore. Mientras sacudía la madera y el vidrio me pregunté cómo nadie había aprovechado el juego de palabras que se da con el apellido del escritor y la palabra poesía en inglés, podrían titular un libro de introducción a la poesía estadounidense o derechamente un tratado sobre poética. Qué más da, una idea más que se pierde en el océano.
5.- La otra vez le leí un tuit al Cristian Delgado acerca de Letterboxd, decía algo así como que estaba lleno de gente pretenciosa, seres humanos posesos de petulancia que calificaban con nota uno a películas como Green Book o Bohemian Rhapsody. No es que me preocupe ser tachado de pretencioso, porque en algún nivel debo serlo, pero me ofende la ingenuidad y lo atávico de la observación. A mi, después de ver If Beale Street could talk, me dieron ganas de ponerle un uno a todo, sobre todo a Green Book, pero tampoco voy a ponerme a divagar sobre que la critica objetiva no existe, que se debe tomar posición todas las veces posibles, que esa entelequia - la objetividad- es sólo la condensación diacrónica del gusto del hombre blanco. Green Book es una falta de respeto tan brusca que me llega a confundir el hecho de que actúen quienes actúan, ni siquiera voy a comentar cómo se presenta la homosexualidad del personaje, porque pienso que desde Alex Mercader en Machos que no se construía un personaje homosexual tan higienizado y desprendido de su homosexualidad, si se hubiese presentado al personaje como daltónico o alérgico al maní hubiese sido exactamente igual, algo anecdótico, innecesario, prescindible, adjetivos que le ciñen bastante bien a esa película.
6.- Debería escribir sobre If Beale Street... y sobre James Baldwin. Creo que tengo una buena idea, pero es un secreto.
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