domingo, 26 de agosto de 2018

A propósito de los caballos.

Creo que nunca deja de ser impresionante lo que puede transmitir una película, lo que puede hacer el movimiento frente a nuestros ojos. Hoy en la tarde vi Lean on Pete, la tuve un montón de tiempo descargada, en reposo, supongo que esperaba que pasara algo, así que cuando la pusiste en tu lista fue gesto suficiente para mí. Es extraño lo mucho que me gustó, creo que me gustó bastante más que The Rider, aunque tengo casi la certeza de que son películas que se comunican, pero hay un fisura entre ambas, así que en esta pasada me quedo con Lean on Pete. Cuando la terminé de ver no comprendí lo destrozado que estaba yo, creo que esperé durante mucho rato que el personaje se derrumbara, que Charley al final fuese un humano completamente disociado al del principio, pero no ocurre o ocurre, pero muy tímidamente en el final, de todas maneras ese llanto pausado no me dolió tanto, no fue lo que me derrumbó. Pensé mucho esto, lo que estoy escribiendo, para que pudiese vehiculizar la sensación tan intensa que tengo en el pecho. Creo que es terrible ver como alguien se desploma, pero la gente está sumamente mal acostumbrada al melodrama, a los sentimientos que nacen desde la boca del estómago, pero en este caso no es así, esta es una sensación periférica, pero no por ello menos profunda, de hecho todo lo contrario. Lo que me impresiona es que uno puede verse completamente destruido sin existir indicios o cambios externos, sin constatar el derrumbe propiamente tal, pero uno sabe que adentro todos los elementos están desmontados, porque no es necesario que se caiga un edificio para que este deje de ser un edificio, basta algo mucho más simple y delicado, basta la realidad que poco a poco te envenena, como una lesión en las entrañas que no sale en las radiografías y que al final termina por matarte. A lo que voy es que yo vivo constantemente con esa sensación desértica, con esa visión de mi alma como un pueblo fantasma, como el escenario perfecto para arrojar un cadáver, siento ese frío que siente Charley, esa desesperación muda que cada vez que recuerdo me hace agitar la cabeza. Pensé en varias otras películas relacionadas con Lean on Pete y me pasó por la mente Midnight Cowboy y también Lonely are the brave: la autoconmiseración, la fuga, el abandono. Aunque yo creo que todo se trata finalmente de caballos, los caballos de Carver, esos caballos que vinieron a anunciarnos que esto es lo peor que nos ha podido tocar y que a su vez es lo único que nos podía tocar, pero que aun así, arrinconados cual Gregory Peck al final de Duel in the sun, podemos contemplar la belleza, aunque que sea por una fracción minúscula de tiempo, experimentarla como mártires caminantes o como edificios deshabitados, experimentar el viento que nos presiona la cara, experimentar en definitiva La soledad del corredor de fondo.