viernes, 23 de septiembre de 2016

59

En el compacto mundo donde vivían todos ellos, resultaba difícil, a veces imposible, distinguir a un humano de otro humano. Todos se ven idénticos, predecibles, anodinos, hasta físicamente iguales, icónica igualdad es la que guardan, se decían entre ellos. Pues lo vano, lo pueril, su sosería infinita no era el problema, era otra cosa, el problema estaba en no poder encontrar a otro o a otros en ellos. Abominable situación la suya, la de los críptidos, la de los insepultos, por siglos, milenios, eones, vidas completas, inconmensurables flancos de tiempo, arrancando de un ameboide y despiadado enemigo, de una hostilidad informe y estúpida.


Vade retro noppera-bo. Vade retro homine. 

Rafael Garay, el último replicante.

De vez en cuando, un rayo de luz se materializa de la nada,
atravesando la pared como un fantasmal dedo exploratorio y se hunde nuevamente en la
nada.
S.P.

Llevo demasiado tiempo pensándolo, comentándolo con mis colegas blogueros, incluso antes de renunciar a la actividad coperil fui y se lo expuse a mis compañeros de labor, creo que le hablé una hora de eso a Pancho antes de desmayarnos de borrachos, cuando me llamó Pamela le di una lata eterna acerca del tema, pero es que a mí me deliran estas cosas. ¿Dónde está Rafael Garay? ¿En qué lugar perdido entre la frontera de Rumania y Hungría se encuentra? ¿Por qué necesitaba tanto dinero, por qué se paseó por la mitad de Viena con un abultado bolso color verde olivo? ¿Qué tenía ese bolso, por qué lucía tan pesado y a la vez tan frío, incluso inerte, sospechosamente estéril? ¿Es Rafael Garay una especie de Rimbaud, finalizará su viaje en alguna joven nación africana traficando marfil o como Dexter terminará en un aserradero después de ser absorbido por la tormenta? ¿Acaso Garay vio demasiadas veces Atrápame si puedes? ¿Es Rafael Garay la respuesta a nuestras plegarias por tratar de construir colectivamente una versión propia de Carmen Sandiego? ¿Este hombre canceroso, este hombre enfermo, nos genera fascinación a la vez que reproche por el hecho de que encumbra un relato al cual nuestras miserables y ramplonas vidas nunca podrán optar? ¿Qué es Rafael Garay, es economista de la Universidad de Desarrollo, es un vagabundo del dharma, un malhechor del oeste americano, es Billy the Kid o el antagonista de alguna película de Howard Hawks? Las respuestas se despliegan más deprisa que la mismas preguntas, porque el ex candidato es eventualmente un estafador y también, en algún universo paralelo donde Concepción posee la mayor concentración de ingenuos paletos progresistas, es el alcalde, el edil de una ciudad imaginaria, de un municipio infinito y ficticio, como una partida de SimCity o el ejercicio de despilfarro de tiempo que implica abrir un libro de ¿Dónde está Wally? ¿A dónde fue a parar el ingeniero oriundo de Concepción, fue un llamado numinoso al que atendió? A la mitad del mar negro, a la mitad de su vida y a la mitad exacta de su camino que en tierra se prolongaría por territorio soberano turco para posteriormente unirse a la resistencia kurda en Kobane y así acabar sus días fusilado por algún guardia fronterizo fiel a Erdogan, pero ese soldado notará la inverosimilitud de rasgos de la que Garay es dueño, el expresará primero en turco y luego en un prosaico inglés un quién eres y qué haces aquí, cómo fue a parar un hombre como él a este beligerante sitio, a esta crucial escena, pero de la boca de Rafael no saldrá ninguna palabra y en un torpe y poco veloz movimiento intentará meter su mano al bolsillo y en respuesta será fulminado por una ráfaga mortal de plomo, como una especie de San Sebastian futurista, caerá pesadamente en ese lugar donde el pavimento se une con la tierra, con la cara inundándose de arena, caerá, pero contrario a lo que el cabo creería, este chileno no iba a sacar un arma ni una granada de mano o detonar un explosivo, con su cuerpo en el suelo se develará abierto su certificado de soltero expedido por su embajada en Rumania, la última revelación, lo único que demostraba su calidad de poeta y bloguero, la única prueba de su performance se perderá en el desierto como lágrimas en la lluvia.


Abducido, perdido, muerto, maldito, refutado y desmentido hasta el asco, erigido como héroe y como villano por Martín Cárcamo, renovador del mito del judío errante, marcado como Caín, víctima de la yerra social. Sumergido en los mares dominados por las fuerza de autodefensa de Japón o la marina de Guam o la armada estadounidense, quién sabe, en un intento tan valiente como absurdo por hacer apnea en la fosa de la marianas, sumergiéndose más y más en la oscuridad. Los poetas, los blogueros, los artistas modernos y posmodernos somos Rafael Garay, escapistas y timadores obcecados por la belleza, nos hundimos en la fosa abisal como si cada vez fuésemos más y más pesados, hasta se siente la presión en el cerebro, con la sangre efervescente de nitrógeno, la lección que nos entrega el cyberpunk es que no es necesario matar a Dios ni siquiera parecérsele, porque finalmente no es necesario ser ubicuo, basta con estar en el lugar preciso y en el momento adecuado, tal cual está Rafael Garay.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La tragedia de Carl Sagan.

Después de un millón de años en el futuro, cuando la humanidad ya no exista, cuando el planeta tierra no sea más que una roca seca expectante de un sol moribundo. Ahí, en ese futuro incierto, en un futuro donde la humanidad no sea más que un mito, una ensoñación que los extraterrestres padres le cuentan a los extraterrestres hijos antes de dormir, un futuro donde los humanos seamos burdos y estereotipados personajes de fábulas infantiles, donde los hombres y las mujeres no tenga mayor existencia que los arimaspos, será en ese futuro que un xenomorfo obsesionado por nosotros, deseoso de encontrarnos, vendrá a esta tierra inerte, pero su búsqueda será infructífera, ya no quedará nada de nosotros, cual Atlántida estaremos vetados de los libros de historia alienígena, obligados a no ser más que la ridícula obcecación inconducente de un lirano o un gris, pero a este gris o pleyadiano le será generoso el destino y encontrará una de la miles de cápsulas del tiempo que nuestra raza blemita precariamente hizo, este joven y entusiasta anunnaki se verá sorprendido a la vez que decepcionado al darse cuenta que el contenido de la caja no sean más que algunas bolsas bellota mal dobladas, un juego de potes tupperware de color vistoso y una colección de monedas de diez pesos con la figura del ángel de la libertad. Qué fraude, dirá este pobre hijo de Xenu, mientras tanto el Pioneer 10 llegará a un planeta habitado por seres iguales a Turrón de Millenium Show y el Pioner 11 destruido al chocar con otra sonda enviada por los gungan. Fatídico destino el del hombre.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

40

Cuando volvieron los templarios no duraron ni un mes, los quemaron a todos, cada uno murió atrozmente ahogado en gritos y un dolor indescriptible. Durante mucho tiempo se creyó que se habían vuelto brujos, que adoraban un carnero que llamaban Baphomet. Llega a parecer gracioso pensar que en verdad eran imágenes de Mahoma, que sencillamente se habían vuelto musulmanes, es gracioso, digo, porque los hubieran quemado igual. Su destino era el fuego, el fuego del sagrado corazón de Jesús, el fuego del ejército de Muḥammad el último profeta, el fuego de un aquelarre, el fuego que terminó por transformar en polvo sus huesos y su piel en una maraña pustulosa de llagas.

No hay país para viejos.


Creo que tengo bloqueo creativo, a veces me pasa, como que tengo varias entradas a medio terminar, angustia bloguera.  A veces la literatura pierde el rumbo, a veces uno es como Pierrot y está conduciendo un auto que se dirige a un acantilado. De cualquier forma, hace algunos días me invitaron a la despedida del Hogarlex, el hogar de derecho. Obviamente acepté, fui muchas veces antes y encontré buen gesto de homenaje el emborracharme y jalar cocaína en ese espacio que me albergó tantas veces, hicieron un asado y había harta gente, se notaba un ambiente fraterno, claro que después todo decae naturalmente y la gente con alcohol se vuelve más tosca y errática, a las cinco de la mañana inevitablemente deviene la destrucción completa del ideario moral de la civilización occidental. No sé si quería contar eso, a lo mejor sí, está relacionado de alguna forma, en algún momento mientras me desvanecía en el sopor de los excesos me acordé que era septiembre o setiembre o etiembre. Me acordé cuando tenía que bailar cueca en el colegio y como cíclicamente rehuía de eso, yo creo que tengo una ausencia completa de patriotismo o arraigo patriótico, es como una enfermedad pienso, como que las celebraciones me parecen tan inocuas y vacías, o sea, me gustan las empanadas y tomar alcohol, pero porque me gusta tomar siempre y me gusta comer supongo, pero no me genera ningún entusiasmo real, me cargan las banderitas culias y la cueca después de un rato me parece tan agradable como escuchar el chirrido que hacen los cubiertos contra la loza, así que el ápice de alegría que me pudo haber producido el contexto de festividad nacional se desvanece rápido. Ahora bien, creo que es porque no le tengo ningún cariño a este país de mierda, como que nunca me he ido por demasiado tiempo, pero jamás sentí nostalgia las veces que viajaba, lo digo porque, por ejemplo, tampoco me produce nostalgia Iquique, lugar al que en ningún caso le poseo excesivo cariño, no lo odio ni lo encuentro groseramente feo, pero creo tenerle poco aprecio real, es como indiferencia a mi ubicación geográfica factual lo que siento. A lo que iba es que estaba en el Hogarlex, despidiendo la locación, pero pensándolo bien, por qué chucha estaba ahí, si siendo sincero nunca le he guardado afecto a ese lugar, un amigo se mató en la pieza de al lado y me echaron varias veces, algunas con mucha razón, como cuando le tiré piscola en el ojo a Zapata con una pistola de agua, y otras sin provocación alguna. Tomé mis cosas, me recompuse y partí decidido a enmendar el rumbo de mi vida, atravesé el pasillo y vi la puerta de la habitación de Juan, me detuve y toqué la manilla, abrí la puerta, puse la cabeza primero y luego el cuerpo completo, estuve harto rato ahí, hasta me metí dentro del closet, estuve un buen tiempo en el armario, lo que dura un vaso de cerveza. Habré estado una media hora en ese espacio frío y mohoso, ya ni me acordaba de la distribución de esa pieza, después recordé que me encontraba en plan de fuga. En fin, luego me fui, me despedí de Chicuelo y me fui a mi casa en Ainavillo, las calles estaban heladas, estaban húmedas, en esta ciudad es cosa de mirar un poco para encontrar musgo creciendo de las casas, musgo creciendo en la cara de sus habitantes, me daba la sensación de que Concepción era una versión grande de la habitación de Juan, era chistoso pensarlo, sería un poco como Synecdoche, New York. No recuerdo como andaba vestido, seguramente me veía bien, seguramente andaba de negro, así que encendí un cigarrillo y caminé con los brazos cruzados, de forma cautelosa dirigiéndome al abismo, interpretando en mi mente al personaje masculino de alguna película de Godard mientras me repetía en silencio: la vida es un país extranjero, Enzo; la vida es un país extranjero, Enzo; acuérdate de comprar pan cuando llegues a la esquina de Carrera, Enzo; la vida es un país extranjero.