En el compacto mundo donde vivían todos ellos, resultaba
difícil, a veces imposible, distinguir a un humano de otro humano. Todos se ven
idénticos, predecibles, anodinos, hasta físicamente iguales, icónica igualdad
es la que guardan, se decían entre ellos. Pues lo vano, lo pueril, su sosería
infinita no era el problema, era otra cosa, el problema estaba en no poder
encontrar a otro o a otros en ellos. Abominable situación la suya, la de los críptidos,
la de los insepultos, por siglos, milenios, eones, vidas completas,
inconmensurables flancos de tiempo, arrancando de un ameboide y despiadado
enemigo, de una hostilidad informe y estúpida.
Vade retro noppera-bo. Vade retro homine.
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