viernes, 23 de septiembre de 2016

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En el compacto mundo donde vivían todos ellos, resultaba difícil, a veces imposible, distinguir a un humano de otro humano. Todos se ven idénticos, predecibles, anodinos, hasta físicamente iguales, icónica igualdad es la que guardan, se decían entre ellos. Pues lo vano, lo pueril, su sosería infinita no era el problema, era otra cosa, el problema estaba en no poder encontrar a otro o a otros en ellos. Abominable situación la suya, la de los críptidos, la de los insepultos, por siglos, milenios, eones, vidas completas, inconmensurables flancos de tiempo, arrancando de un ameboide y despiadado enemigo, de una hostilidad informe y estúpida.


Vade retro noppera-bo. Vade retro homine. 

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