Creo que tengo bloqueo creativo,
a veces me pasa, como que tengo varias entradas a medio terminar, angustia
bloguera. A veces la literatura pierde
el rumbo, a veces uno es como Pierrot y está conduciendo un auto que se dirige
a un acantilado. De cualquier forma, hace algunos días me invitaron a la
despedida del Hogarlex, el hogar de derecho. Obviamente acepté, fui muchas
veces antes y encontré buen gesto de homenaje el emborracharme y jalar cocaína en
ese espacio que me albergó tantas veces, hicieron un asado y había harta gente,
se notaba un ambiente fraterno, claro que después todo decae naturalmente y la
gente con alcohol se vuelve más tosca y errática, a las cinco de la mañana inevitablemente
deviene la destrucción completa del ideario moral de la civilización occidental.
No sé si quería contar eso, a lo mejor sí, está relacionado de alguna
forma, en algún momento mientras me desvanecía en el sopor de los excesos me
acordé que era septiembre o setiembre o etiembre. Me acordé cuando tenía que
bailar cueca en el colegio y como cíclicamente rehuía de eso, yo creo que tengo
una ausencia completa de patriotismo o arraigo patriótico, es como una
enfermedad pienso, como que las celebraciones me parecen tan inocuas y vacías, o sea, me
gustan las empanadas y tomar alcohol, pero porque me gusta tomar siempre y me
gusta comer supongo, pero no me genera ningún entusiasmo real, me cargan las
banderitas culias y la cueca después de un rato me parece tan agradable como escuchar
el chirrido que hacen los cubiertos contra la loza, así que el ápice de alegría
que me pudo haber producido el contexto de festividad nacional se desvanece
rápido. Ahora bien, creo que es porque no le tengo ningún cariño a este país de
mierda, como que nunca me he ido por demasiado tiempo, pero jamás sentí
nostalgia las veces que viajaba, lo digo porque, por ejemplo, tampoco me
produce nostalgia Iquique, lugar al que en ningún caso le poseo excesivo cariño,
no lo odio ni lo encuentro groseramente feo, pero creo tenerle poco aprecio
real, es como indiferencia a mi ubicación geográfica factual lo que siento. A lo
que iba es que estaba en el Hogarlex, despidiendo la locación, pero pensándolo bien,
por qué chucha estaba ahí, si siendo sincero nunca le he guardado afecto a ese
lugar, un amigo se mató en la pieza de al lado y me echaron varias veces,
algunas con mucha razón, como cuando le tiré piscola en el ojo a Zapata con una
pistola de agua, y otras sin provocación alguna. Tomé mis cosas, me recompuse y
partí decidido a enmendar el rumbo de mi vida, atravesé el pasillo y vi la
puerta de la habitación de Juan, me detuve y toqué la manilla, abrí la puerta,
puse la cabeza primero y luego el cuerpo completo, estuve harto rato ahí, hasta
me metí dentro del closet, estuve un buen tiempo en el armario, lo que dura un
vaso de cerveza. Habré estado una media hora en ese espacio frío y mohoso, ya
ni me acordaba de la distribución de esa pieza, después recordé que me encontraba en plan de fuga. En fin, luego me fui, me despedí
de Chicuelo y me fui a mi casa en Ainavillo, las calles estaban heladas, estaban
húmedas, en esta ciudad es cosa de mirar un poco para encontrar musgo
creciendo de las casas, musgo creciendo en la cara de sus habitantes, me daba la sensación de que Concepción era una versión
grande de la habitación de Juan, era chistoso pensarlo, sería un poco como Synecdoche,
New York. No recuerdo como andaba vestido, seguramente me veía bien,
seguramente andaba de negro, así que encendí un cigarrillo y caminé con los brazos
cruzados, de forma cautelosa dirigiéndome al abismo, interpretando en mi mente al personaje
masculino de alguna película de Godard mientras me repetía en silencio: la vida es
un país extranjero, Enzo; la vida es un país extranjero, Enzo; acuérdate de
comprar pan cuando llegues a la esquina de Carrera, Enzo; la vida es un país extranjero.
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