Fue una semana terrible y no tenía demasiadas ganas de hacer gran cosa. De hecho, no hice gran cosa: no hice nada. Pero vi un par de películas y terminó siendo un fin de semana iluminador. Estuvo de cumpleaños Anne Carson y Gena Rowlands, al revés en verdad, y estuviste tú. En fin, pienso que 2046 y Reminiscencias de un viaje a Lituania son obras gemelas o complementarias, si se quiere. Sucede que hay una relación especular entre la obra de Wong Kar-wai y la experimentación de Mekas. Probablemente suene simplón lo que voy a decir, incluso evidente. A lo mejor todo esto te resulte extenuantemente obvio y me disculpo por eso, pero esto es un juego a fin de cuentas. Creo que ambas películas están absolutamente desentendidas de un presente real. Por un lado, en 2046 se construye toda una historia en base a una narración paradojal donde jamás se establece un ahora concreto. Siempre es un antes y cuando ese antes, ese pasado, avanza lo suficiente como para pisarnos los talones, entonces, el autor opta por el futuro, motivado posiblemente por la idea de que el amor jamás es actual y, además, de que el amor es ausencia, como dice Carson. En toda la obra de este cineasta chino se nos cuela una sola pregunta, sería una pregunta válida tanto para Happy Together como para Chungking Express: ¿de quién me he enamorado?
¿es acaso alguien real o algo por completo imaginado? ¿seré yo mismo tal vez?
Mekas en su película hace algo similar, pero inverso. Desde un inicio nos habla del presente, de uno arrebatado claro está, un presente perdido que el director está decidido a recuperar. Durante toda la cinta Mekas intenta con ánimo alegre reconstruir a punta de recuerdos, relatos, canciones y movimientos lo que algunas vez fue, pero que ya no existe más. Estos ejercicios ingenuos y melancólicos del director llegan a un punto irreversible quizás a la hora de película, cuando la evocación se revela inútil. No existe ningún presente para nuestro director, porque entiende que es un desplazado y no hay derecho al ahora para los desplazados, probablemente por ello retome tantas veces la frase de su tío arengándolo para auto-expatriarse a occidente. Cuando terminé la película me sentí profundamente triste, pero estaba a la vez satisfecho y pensé en esto que escribo sobre esta película y 2046. La clave en Reminiscencias de un viaje a Lituania está en el principio, en esa evocación personal de un niño en el bosque. De esta manera, se nos entrega la resignación final de Mekas: no tengo presente, porque no tengo lugar.
lo perdí hace mucho tiempo y no creo poder recuperarlo.
El tiempo posee una relación indisociable con el espacio, por lo tanto, no existe un "ser" sin un "estar". Ocurre lo mismo con Wong Kar-wai, su Hong Kong es siempre pretérito, no es un lugar que podamos visitar actualmente, ya que dejó de existir hace mucho; él también es un desplazado y lo comprende a la perfección. Ambos directores son rehenes de un mecanismo recursivo y hermoso, un mecanismo que quizás se explique entendiendo que ambas películas tratan de escritores y están hechas igualmente por dos escritores; son obras que más allá de ser sinceras u honestas, intentan tocar la verdad sin ningún miedo a equivocarse y a jugar en el proceso. Por eso se nos muestra de manera tan esencial el amor en ambas, porque, repito, el amor es ausencia. Ausencia de tiempo, ausencia de espacio. Siempre ausencia.