Yo soy el profeta,
porque me enteré antes que tú
porque lo supe todo el tiempo
pero no pude aprenderlo de memoria
entonces, me preguntas si podría olvidarlo
olvidarte y olvidarnos,
te preguntas a ti misma,
me lo pregunto yo,
por supuesto,
y hasta, a lo mejor,
se lo pregunte algún amigo
mirándose o
sentado en su escritorio de 100 x 70 x 75.
¿Podría yo olvidarte?
¿yo?
el mismo que arruinó nuestras vidas intentando odiarte;
infructífero,
agotador,
extenuante.
No podría olvidarte,
porque significaría olvidarme,
así que me aferro
como el hueso se aferra a la carne
y no fue más que esa nuestra profecía:
observar un mundo destruido.
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