lunes, 30 de noviembre de 2020

Ayer fui a votar y sentí que todo fue muy breve. Voté por una galla medio amiga de mi familia que se presentaba a Gobernadora por el Frente Amplio. Sé que quizá esto que voy a decir no tenga una conexión evidente, pero a partir de eso me acordé de una escena de Suspiria, esa cuando las tipas votan entre Markos y Blanc. Me gusta harto esa secuencia, igual la del final, pero esta de la que hablo me gusta más. No es que pretenda escribir una tesis sobre el supuesto naturalismo presente en la obra de Guadagnino, pero la escena es tremendamente ejemplar. O sea, cualquiera hubiese sencillamente recreado la escena tal cual como se supone que pasó para el narrador, convengamos que la película no le tiene ningún temor a lo explícito, pero el tipo compone una secuencia donde lo subjetivo y lo objetivo es muy difícil de discriminar, lo que genera una sensación basculante en uno, un intersticio entre dos polos; que es más o menos como funciona la memoria, a fin de cuentas. Hay un cuento de Jules Barbey que se llama El secreto de una partida de Whist donde se presenta un ejercicio similar de evocación narrativa del pasado y pienso que todo este montón de cosas que he escrito me hubiese encantado decírtelas sentados en el banco de una plaza mientras tomamos coca-cola.

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