"Había escrito otra cosa aquí. Estaba enojado esa vez porque leí algo que terminé odiando y me carga cuando me pasa eso, me pongo tan recursivo, como cuando me enojé con el Pancho por lo de Saer. Fue por un texto sobre por qué leer, eso fue lo que me enojó tanto. Ya no estoy enojado, daba lo mismo al final, además, concluí al menos un par de cosas. Por un lado, siento que no me gusta esa gente que se define a través de la lectura, aunque entiendo que es un aliciente muy necesario, pero es una posición muy cómoda para mi gusto, yo soy mucho más escéptico al respecto, al menos me gusta creer eso, probablemente sea igual de naif que todos estos sujetos atrincherados en los fondos del fomento a la lectura. También pensé en la ternura, en lo desprovisto de ternura que estaba esa posición que me enojaba tanto, porque la inocencia voluntaria no es ternura, la ternura se ubica en el momento inmediatamente anterior al amor y, desde luego, que se pueden denominar con mismos o distintos nombres a distintas o mismas cosas, pero yo estoy hablando de algo muy puntual; yo hablo de amor. Mientras hacía la monografía de literatura, por ejemplo, pensaba en el sentimiento que me evocaba el descubrimiento de la relación entre Samuel Antonio y Baldomero, había allí una belleza fraternal que me terminó derritiendo, de la misma forma que lo hacen los versos de La Manca, quizá por el despojo que avizora esa ronda de Gabriela Mistral. Pensaba, fundamentalmente, en la ternura como un hito que marcaba nuestra desgracia, ese pasillo justo antes del amor. Ahora claro, la ternura debe engendrar deseo, pero esto tampoco es una trayectoria lineal, no estoy hablando de cohetes o cuerpos celestes, o tal vez sí, después de todo. Hace años, le dije a la Toña que yo pensaba que el amor funcionaba como la gravedad, pero al igual que todas las explicaciones, esa visión fue perdiendo sentido para mí con el tiempo. Ahora lo pienso así: en el mundo hay dos personas que se sienten menos solas, porque cuentan con un recuerdo certero del hecho de que por algunos escasos segundos: dos fue uno; y que todo, de repente, adquirió sentido a partir de eso, pero notan que ahora solo hay ausencia, una nueva y particular ausencia, entonces, los amantes finalmente descubren, que esa nueva ausencia es la prueba fehaciente de su amor, que no es más que un deseo irrefrenable, terrorífico y hermoso a la vez. Visto así, es un melodrama. Visto así, no somos mucho más que dos amantes crucificados."
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