entro y salgo de la ducha
me miro en el espejo
primero seco luego brumoso,
contrario a los consejos de mishima
me ejercito por las noches,
elaboré una rutina compleja y calculada,
una máscara que posee varias facciones;
frente al espejo me observo unos momentos:
el perfil de mis pectorales desnudos,
los valles que socaba la hipertrofia
el desarrollo involuntario del radial;
observar me hace fugazmente feliz
la manera en que mi abdomen,
imitando el interior de un guante,
forma un lugar perfecto para posar una mano,
como estrías de una palanca de cambios
la de esa camioneta toyota blanca
que mi padre vendió y me dolió tanto,
porque sentí que se iba algo de mí;
cuando fui a dejar ese automóvil a su comprador
miré mi derecha vacía y
a la izquierda las playas repletas de aves,
absurdamente llenas
de aves que volaban en bandadas;
estaba solo en ese auto sin cambios,
sin marchas que evidenciaran mi incompetencia
y los pájaros surcaban el cielo
como sinuosidades anatómicas
que puedo reconocer
porque construyen un tinglado
friccionando esas masas oblicuas que
limitan en mi abdomen.
es un orden comprensible,
una lengua muerta que aprendí a hablar,
a través de la dilatación de mi carne,
que se rompe y vuelve a liar;
mi cuerpo emite señales de humo
me grita el nombre de la miko que amo
acuno su bello rostro
memorizo la posición de sus lunares
y me cuenta el final de nuestro teatro kabuki:
dos amantes que se matan
incapaces de sobrevivir
en un mundo deshabitado
No hay comentarios:
Publicar un comentario