jueves, 12 de marzo de 2020
Es
raro pensar en la amistad, es raro cuando uno reflexiona un poco sobre los
vínculos, en lo endebles que son, pero lo fuerte que aparentan o demuestran ser
y que, cualquiera sea el caso, lo natural siempre será la disipación. Pensaba en D, que hoy vi, aunque
no hablamos hace casi un mes, no me pareció tanto tiempo, de todas formas, noté
cierto recelo. Claro que nada grave, sólo un rencorcillo por no llamar o no
decir algo en como treinta días, por whatsapp ni nada, mientras conversábamos parecía que D mascaba un
bocadillo amargo, un carpaccio de salmón con demasiadas
alcaparras. Con D pasamos San Valentín, es gracioso pensarlo, nos juntamos con
G también, pero esta no es una historia acerca de G, no viene al caso, porque
terminamos en una de esas casas del centro, imagino que los dueños eran croatas
o serbios, el anfitrión naturalmente que era chileno, hablo de sus abuelos, sus
ancestros eran yugoslavos o eso aparentaba. Era una casa grande, amplia y
ordenada, en realidad tenía pocas cosas, con un ligero hedor, olor a casa antigua
de casco viejo, como si hubiese un paño mojado debajo de algún retablo
indeterminado del piso. Como ya no fumo no quería estar afuera, el patio era estrecho, parecía asfixiante, nos quedamos con D en el estar revisando los libros que había en los estantes, casi todo
era literatura cristiana y folletos, yo había ido antes, así que ataqué el
queso y empecé a revisar los álbumes de fotos. Bajó la tía o la mamá de ese tal Vinko,
no sé, nos retó por andar revisando las fotos, nos quitó el álbum, el queso, nos echó al patio como perros, como si fuésemos dos sacos de pulgas, puso candado en el instagram familiar.
Le comenté a D que la señora estaba tratando de ocultar el pasado comunista de
la familia, porque tenía fotos de Tito, recortes de diario quiero decir. Nos
reímos, después nos fuimos caminando. Ahora D me contaba que tenía adolorida la
espalda, a D lo apalearon bastante, yo ando tranquilo y eso que cuando estaba
en el piso sentí que la presión me iba a reventar el esternón en mil pedazos y mis pulmones recién mullidos iban a esparcirse por todo ese asfalto que hervía. Con
D se ensañaron, se resistió más y la bofia odia a la gente morena, pero a la
gente rubia que se cree morena evidentemente que la odian un poco más. Hoy, al
final, D me dijo que tenía el poema listo para lo del concurso, le dije que lo
mandara al mail, que se lo iban a traducir y lo publicarían junto al mío, ya había hablado con las tipas. Debí
pedirle que me lo mandara para cerciorarme. Debí darle un abrazo. D es poeta, poeta
poeta, y me parte el corazón que la vida se encabrone tanto con él. Lo que más me entristece es la impresión que a veces me transmite D, como si me debiera algo muy costoso o tuviese una deuda impagable conmigo, un CAE de amistad. Ni se imaginan lo mucho que le debo yo a él, no saben el peso que me
quitó de encima desde el primer minuto que cruzamos palabra y que esto que escribo de seguro será la única boleta que quedará de esa
deuda.
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