Llevo días aquí, parapetado en la
inmovilidad y el vacío. Yo no asimilo bien este tipo de perdidas, si es que
esto se considera una pérdida, pero el dolor es similar, punzante, deja un
forado profundo en el corazón. Lo he pensado muchas veces, he tratado de verlo
en perspectiva, intento sacar la foto más amplia posible, pero no resulta, la ausencia
es demasiada, cala hasta muy hondo. Vengo sintiendo esta misma sensación desde
hace mucho tiempo, ya no soy un novato al respecto, desde niño he visto cómo se
apaga la vela y los vivos, los observadores, nos quedamos sin nada, con una
pobre sensación de satisfacción y un inmenso sentimiento de haber apostado todo
y sin embargo tener las manos vacías. Así son los finales de las series, los
finales de las temporadas, las resoluciones de las películas, pero sobre todo
los finales de las series. Quizá estoy más afectado porque terminé varias al
mismo tiempo, terminé de ver Sons of Anarchy, Utena, Stranger Things, Orange is
the New Black, además terminé de leer varios libros que tenía a medio leer hace
tiempo como el de los sacerdotes cristianos de Shusaku Endo y uno cortito de
cuentos de Bolaño, así que se me vino el mundo encima, se me puso cuesta arriba
la cosa. Yo no sé lidiar con esto, me afecta mucho por mucho tiempo, entro en
pánico y consecuencialmente me quedo inmóvil, no sé qué hacer, me siento vulnerable
–y vulnerado también-. Como no sé la manera correcta de afrontar esta situación
uno echa mano a los lugares comunes de la cultura popular, lo malo que el acervo
colectivo tiene puras frases de mierda que no encuentran espacio en un alma
sensible como la mía, pero qué da. Se supone que un clavo saca a otro clavo,
así que lo razonable sería ponerse a ver otra serie, salir de la parálisis que
provoca concluir, eso hace la gente para sacarse una pena de amor sin ir más
lejos, pero yo soy un romántico, esa solución no me satisface nada, esa
explicación me parece frívola, porque un clavo no saca a otro clavo, hasta los
clavos tiene medidas, tipos, funciones, hasta los clavos saben que son únicos, hasta
lo clavos son conscientes de que entrando en la madera ya no hay vuelta atrás,
imposible salir derecho, porque ni el amor ni el arte se pueden encontrar en
una vulgar ferretería y porque esta pena que siento no la voy a poder reparar
en un homecenter. Entonces vuelvo a donde estaba, tal vez lo mejor sea seguir
en la estasis en que me encontraba, tratar de resignificar cuesta mucho, quizás la cosa no se trata de clavos sino de loza quebrada, la sabiduría oriental
puede que sea más apropiada y lo que debo hacer sea un kintsugi con los trozos
de mi corazón roto y de esa forma abrirle la puerta a la nostalgia, finalmente
soy un samurái. Ahora puedo sentir un poco más de paz, porque cuando de nostalgia se
trata hay que volver a Tellier, el poeta de la nostalgia por excelencia,
porque, sí, siento nostalgia, pero del futuro, pero no de cualquier futuro, de
un futuro cyberpunk.
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