He soñado con lobos
otra vez, en una nueva noche.
Cierro los ojos y aparecen.
Abro los ojos y aparecen.
Tres machos
me observan,
me enseñan sus dientes de
color amarillo,
me hablan, me llaman por mi nombre,
me dan órdenes, me apuntan con la nariz.
Yo los sigo, les obedezco, les converso.
Avanzamos por el bosque a una aldea.
Los lobos se vuelven locos,
lo salpican todo, incluso a los niños,
hasta que sólo quedan lobos.
Al final del sueño, uno me muerde el brazo,
la bestia muere y luego lloro,
entonces recuerdo que un lobo siempre es un lobo.
En esta parte, me levanto,
tomo agua y me lavo la cara.
Me acuesto a intentar seguir soñando con lobos,
retomarlos, pero no puedo,
se pierden para siempre en la nieve
y esa nieve parece una venda.
Yo quiero ver a los lobos,
que me muestren el camino
y no me dejen solo.
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