viernes, 8 de enero de 2021

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es verano y la pieza se llena de pollilas, que naturalmente mueren, caen al piso, cuando el calor es insoportable y recuerdo que es esta época del año. siempre es así, creo que nunca pasamos un verano juntos ¿cómo llegan las polillas? no sé, pero como llegan se van, desaparecen del piso sin jamás colmarlo, porque, después, yo he visto, lo he notado: las hormigas van y separan cada parte del cuerpo que compuso alguna vez al insecto, como si fuese un taller de desabolladura en alto hospicio, escondido entre el cemento y el calor reverberante. pienso en el cuento de la hormiga y el elefante, que philip k. dick escribía sobre una civilización de hormigas que nunca se enteran que están viviendo sobre un elefante, ácaros, más bien. a veces me caminan hormigas por los brazos, nunca saben que es uno el de abajo, soy su altísimo, porque las hormigas son sordas y pienso con patética nostalgia que nunca puse mi cabeza sobre tus piernas, mirando al mar ¿o sí? entonces, cierro la ventana

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