lunes, 16 de octubre de 2017

El regreso del amateur de bibliotecas.

Algunos días atrás llegué a mi casa notablemente borracho, beodo y drogado, en el sopor de la borrachera me preparé un té antes de acostarme, té que no bebí al final porque me quedé dormido casi que acto seguido de poner la taza en el velador. En fin, me desperté al otro día con una sensación terrible y con el tazón de té vacío, que di vuelta encima del computador, posiblemente en un movimiento involuntario, descriptivo de la lucha interna que se libraba en mi alma. El computador funciona, el teclado poco, tengo que comprarme uno, inalámbrico ojalá. La cosa es que aprendí varías lecciones: no colocar agua u objetos que contengan líquidos cerca del computador, salvo que esté lo suficientemente sobrio como para controlar las cosas que se encuentran a mi alrededor o el objeto en cuestión esté tapado; me di cuenta igual que el oficio del escritor desde la invención de la máquina de escribir no ha cambiado casi que en nada, lo que me resulta agradable de pensar, eso me une de alguna manera con Henry Miller o con Céline, siempre es un humano frente a un teclado, la página nunca ha sido tan importante, en la máquina estaba la magia, el lenguaje, como precisamente señala Burroughs en "La máquina blanda"; también me fijé que uno puede perfectamente utilizar una computadora no tecleando absolutamente nada, todo te lo ponen en la cara, el algoritmo hasta sabe lo que supuestamente escribirías, de hecho hice el ejercicio de colocar la letra J -de las pocas que aun funciona- y me apareció el tuiter de la Jimena y Jkanime como opciones, revisé ambas; van a dar una versión restaurada de "Palomita Blanca" en Cinemark, cuestión que me alegra harto, porque en este hoyo denominado Chile no se valora lo suficiente el genio de Raúl Ruiz, esa película me gusta por varias razones, pero la principal es que creo que la encuentro esperanzadora de alguna manera, ya basta de cinismos, ese rezo final de la protagonista es el gesto definitivo, probablemente por lo único que valga la pena rezar sea por amor, además con el tiempo me he dado cuenta que me interesan cada vez menos las personas que no escriben, así que María me parece una joven encantadora, siempre me da risa la escena del profesor de música y la anécdota del fotógrafo, creo que ese actor sale en un corto que Ruiz hizo para la televisión francesa, se llama "Carta de un cineasta o el regreso del amateur de bibliotecas", ahí el personaje dice que abajo de la cordillera hay pirámides, igual aparece la casa de la infancia del director, pero eso de las pirámides me llamó la atención, es como la vida misma, tras lo rústico está lo sensible, lo delicado o como quieran designarlo, acaso no sería fabuloso que nos pusiéramos a escarbar en la roca y encontráramos pirámides o un zigurat, que después de todo siempre quede algo, un sentimiento genuino, los ladrillos con que están hechas las cosas, una especie de verdad o realidad atómica o no sé, me perdí, pero creo se entiende a lo que voy, es complejo expresarse bien si tengo que escribir desde el teléfono.

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