Algunos días atrás llegué a mi casa notablemente borracho,
beodo y drogado, en el sopor de la borrachera me preparé un té antes de
acostarme, té que no bebí al final porque me quedé dormido casi que acto
seguido de poner la taza en el velador. En fin, me desperté al otro día con una
sensación terrible y con el tazón de té vacío, que di vuelta encima del
computador, posiblemente en un movimiento involuntario, descriptivo de la lucha
interna que se libraba en mi alma. El computador funciona, el teclado poco, tengo
que comprarme uno, inalámbrico ojalá. La cosa es que aprendí varías lecciones:
no colocar agua u objetos que contengan líquidos cerca del computador, salvo
que esté lo suficientemente sobrio como para controlar las cosas que se
encuentran a mi alrededor o el objeto en cuestión esté tapado; me di cuenta
igual que el oficio del escritor desde la invención de la máquina de escribir
no ha cambiado casi que en nada, lo que me resulta agradable de pensar, eso me
une de alguna manera con Henry Miller o con Céline, siempre es un humano frente
a un teclado, la página nunca ha sido tan importante, en la máquina estaba la
magia, el lenguaje, como precisamente señala Burroughs en "La máquina blanda";
también me fijé que uno puede perfectamente utilizar una computadora no tecleando absolutamente
nada, todo te lo ponen en la cara, el algoritmo hasta sabe lo que supuestamente
escribirías, de hecho hice el ejercicio de colocar la letra J -de las pocas que
aun funciona- y me apareció el tuiter de la Jimena y Jkanime como opciones, revisé
ambas; van a dar una versión restaurada de "Palomita Blanca" en Cinemark, cuestión que me
alegra harto, porque en este hoyo denominado Chile no se valora lo suficiente
el genio de Raúl Ruiz, esa película me gusta por varias razones, pero la
principal es que creo que la encuentro esperanzadora de alguna manera, ya basta de
cinismos, ese rezo final de la protagonista es el gesto definitivo,
probablemente por lo único que valga la pena rezar sea por amor, además con el
tiempo me he dado cuenta que me interesan cada vez menos las personas que no
escriben, así que María me parece una joven encantadora, siempre me da risa la
escena del profesor de música y la anécdota del fotógrafo, creo que ese actor sale en un corto que Ruiz
hizo para la televisión francesa, se llama "Carta de un cineasta o el regreso del amateur de bibliotecas", ahí el
personaje dice que abajo de la cordillera hay pirámides, igual aparece la casa
de la infancia del director, pero eso de las pirámides me llamó la atención, es
como la vida misma, tras lo rústico está lo sensible, lo delicado o como quieran
designarlo, acaso no sería fabuloso que nos pusiéramos a escarbar en la roca y
encontráramos pirámides o un zigurat, que después de todo siempre quede algo,
un sentimiento genuino, los ladrillos con que están hechas las cosas, una especie de verdad o realidad atómica o no sé, me
perdí, pero creo se entiende a lo que voy, es complejo expresarse bien si tengo
que escribir desde el teléfono.
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