¡Pastores del campo, triste oprobio, vientres tan sólo! Sabemos decir
muchas mentiras con apariencia de verdades; y sabemos, cuando queremos,
proclamar la verdad.
Hesíodo.
Hace tiempo ya que vi la última
temporada de los titanes (Shingeki no kyojin, no los Titanes del ring), esa
serie hace que brote en mí el mismo sentimiento siempre, es todas las veces
igual, posiblemente sea una especie de neurosis o alguna clase de impotencia.
Vi el último capítulo y me quedé pensado callado sin concluir nada, así que
revisé el episodio de nuevo y los anteriores a ese intentando hallar algo, buscando
un detalle que no alcancé a percibir la primera vez, pero seguí igual de
absorto y ansioso que antes. No sé si se alcanza a transmitir mi angustia, pero
es real, me da la impresión de que no puedo absorber las figuras, le he dado
vuelta al asunto de los gigantes, hasta volví a leer la Teogonía en un intento desesperado por comprender mejor el mensaje,
pero no logro traducirlo. Caminé transido por la Plaza Condell intentando
descifrar lo que me querían decir los gigantes, no estoy seguro si serán los
nefilim del Antiguo Testamento o los titanes de Hesíodo, podrían tener conexión
con la figura del Golem cabalístico o con la tradición aragonesa de quemar muñecos
gigantes de papel. En un principio me vi tentado por una explicación psicoanalítica
del asunto, como el protagonista se puede trasformar en titán, entonces es
fácil suponer que los gigantes son el ello
y Eren, Mikasa y Armin representan el yo*,
pero no se completa la alegoría porque la historia tiene una extensión narrativa
que supera esta dinámica, además el aparato psíquico, que aunque se encuentra en
conflicto y tensión constante, intenta a toda costa sobrevivir, las contracción
y el trauma existen como herramientas para la subsistencia del ser, de la mente humana. Dicen que la explicación más sencilla
siempre es la correcta, pero la ley de parsimonia termina siendo una afirmación
capciosa en este tipo de cuestiones.
La literatura humana está plagada
de colosos, desde el poema de Gilgamesh
a Gargantúa y Pentacruel, pasando por
Jack y las habichuelas mágicas a la Odisea, así que hay bastante de donde
escoger, de todas maneras la mayoría de los filólogos postulan que esta figura
mitológica se ve enfrentada de alguna manera u otra al hombre, así que Polifemo
o Paul Bunyan terminan expresando lo mismo, el inmemorial tropo trágico del
hombre contra la naturaleza. La literatura como toda ciencia tiene por ulterior
objetivo la búsqueda de la verdad, pero a la vez como toda disciplina artística
provee un medio de expresión y autoproclamación, lo que nos lleva a concluir
que lo que pretende la literatura es generar un andamiaje que permita sostener
una verdad autosuficiente, lo que no es más que una mentira elevada a la categoría
de verdad, traspasar la verdad y experiencia subjetiva a un campo de aplicación
generalizado. En algún momento de la segunda temporada aparece un tipo que es
policía militar y conoce a los tres protagonistas desde que eran niños, el
sujeto le dice a Armin y Mikasa que su relación ha sido siempre igual, que
están en constante batalla contra los patanes de turno, a lo que Armin responde
que eso es parcialmente cierto porque los titanes no son los matones del barrio
a los que se tenían que enfrentar en su infancia. También es Armin el que
concluye en el bosque que para ganar son necesarios sacrificios, le dice a Erin
antes de enfrentar a Annie que la victoria conlleva renunciar a ciertas cosas,
en este particular caso, el triunfo está determinado por la capacidad de
deshumanizarse -al fin de cuentas los titanes no son humanos, así que es fácil
desembarazarse de la empatía-. Lo cierto es que los matones y los titanes son
lo mismo, de hecho la etimología de la palabra titán deriva del verbo griego
que equivaldría en español a “abusar”, así que titanes significaría
literalmente “los que abusan”, lo que es cierto es el núcleo del mensaje: para
matar al enemigo es necesario abandonar tu humanidad, es indispensable transformar
al enemigo, maquillar al humano de monstruo. Los titanes son humanos**, tan
humanos como tú y yo, pero es necesario precarizar su humanidad, es más
sencillo conciliar el sueño pensando que le cortamos la cabeza a un dragón,
aunque al final del día y ante la luz del sol el gigante se desinfle y nos demos
cuenta inevitablemente que son nuestros iguales.
¿De qué van los titanes? El tema
principal de la serie es la antropofagia, somos una raza caníbal y genocida, en
el calostro materno viene incluida la masacre, nos comimos a los neandertales y
ante cualquier sutil diferencia colocamos figuras de origami sobre el otro,
porque es más fácil dispararle a un tigre de papel que a un niño. La metáfora y
la alegoría son necesarias sino corremos el riesgo de terminar como Lady
Macbeth y vernos plagados de sangre que no podemos limpiar o condenarnos al
insomnio como en El Maquinista. Por
suerte a mí lo único que me quita el sueño es el amor, sabemos que la ley que rige
a los monos es la de la violación, que es el trauma ontogénico del humano. El agape,
storge, filia y eros nacen de la misma diosa, el nacimiento de Afrodita es
precedido de la castración de Urano, es evidente que no podemos extirpar la
violencia ni la sangre de los hombres, pero sí podemos emascular la patanería y
el abuso, podemos librar esa última titanomaquia.
* El Superyó me imagino que serían las tropas de reconocimiento.
** Ahora además sabemos que los titanes de la serie en verdad son humanos, lo que contribuye convenientemente al punto que trato de señalar.
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