viernes, 15 de septiembre de 2017

Titanomaquias.

¡Pastores del campo, triste oprobio, vientres tan sólo! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad.
Hesíodo.


Hace tiempo ya que vi la última temporada de los titanes (Shingeki no kyojin, no los Titanes del ring), esa serie hace que brote en mí el mismo sentimiento siempre, es todas las veces igual, posiblemente sea una especie de neurosis o alguna clase de impotencia. Vi el último capítulo y me quedé pensado callado sin concluir nada, así que revisé el episodio de nuevo y los anteriores a ese intentando hallar algo, buscando un detalle que no alcancé a percibir la primera vez, pero seguí igual de absorto y ansioso que antes. No sé si se alcanza a transmitir mi angustia, pero es real, me da la impresión de que no puedo absorber las figuras, le he dado vuelta al asunto de los gigantes, hasta volví a leer la Teogonía en un intento desesperado por comprender mejor el mensaje, pero no logro traducirlo. Caminé transido por la Plaza Condell intentando descifrar lo que me querían decir los gigantes, no estoy seguro si serán los nefilim del Antiguo Testamento o los titanes de Hesíodo, podrían tener conexión con la figura del Golem cabalístico o con la tradición aragonesa de quemar muñecos gigantes de papel. En un principio me vi tentado por una explicación psicoanalítica del asunto, como el protagonista se puede trasformar en titán, entonces es fácil suponer que los gigantes son el ello y Eren, Mikasa y Armin representan el yo*, pero no se completa la alegoría porque la historia tiene una extensión narrativa que supera esta dinámica, además el aparato psíquico, que aunque se encuentra en conflicto y tensión constante, intenta a toda costa sobrevivir, las contracción y el trauma existen como herramientas para la subsistencia del ser, de la mente humana. Dicen que la explicación más sencilla siempre es la correcta, pero la ley de parsimonia termina siendo una afirmación capciosa en este tipo de cuestiones.

La literatura humana está plagada de colosos, desde el poema de Gilgamesh a Gargantúa y Pentacruel, pasando por Jack y las habichuelas mágicas a la Odisea, así que hay bastante de donde escoger, de todas maneras la mayoría de los filólogos postulan que esta figura mitológica se ve enfrentada de alguna manera u otra al hombre, así que Polifemo o Paul Bunyan terminan expresando lo mismo, el inmemorial tropo trágico del hombre contra la naturaleza. La literatura como toda ciencia tiene por ulterior objetivo la búsqueda de la verdad, pero a la vez como toda disciplina artística provee un medio de expresión y autoproclamación, lo que nos lleva a concluir que lo que pretende la literatura es generar un andamiaje que permita sostener una verdad autosuficiente, lo que no es más que una mentira elevada a la categoría de verdad, traspasar la verdad y experiencia subjetiva a un campo de aplicación generalizado. En algún momento de la segunda temporada aparece un tipo que es policía militar y conoce a los tres protagonistas desde que eran niños, el sujeto le dice a Armin y Mikasa que su relación ha sido siempre igual, que están en constante batalla contra los patanes de turno, a lo que Armin responde que eso es parcialmente cierto porque los titanes no son los matones del barrio a los que se tenían que enfrentar en su infancia. También es Armin el que concluye en el bosque que para ganar son necesarios sacrificios, le dice a Erin antes de enfrentar a Annie que la victoria conlleva renunciar a ciertas cosas, en este particular caso, el triunfo está determinado por la capacidad de deshumanizarse -al fin de cuentas los titanes no son humanos, así que es fácil desembarazarse de la empatía-. Lo cierto es que los matones y los titanes son lo mismo, de hecho la etimología de la palabra titán deriva del verbo griego que equivaldría en español a “abusar”, así que titanes significaría literalmente “los que abusan”, lo que es cierto es el núcleo del mensaje: para matar al enemigo es necesario abandonar tu humanidad, es indispensable transformar al enemigo, maquillar al humano de monstruo. Los titanes son humanos**, tan humanos como tú y yo, pero es necesario precarizar su humanidad, es más sencillo conciliar el sueño pensando que le cortamos la cabeza a un dragón, aunque al final del día y ante la luz del sol el gigante se desinfle y nos demos cuenta inevitablemente que son nuestros iguales.


¿De qué van los titanes? El tema principal de la serie es la antropofagia, somos una raza caníbal y genocida, en el calostro materno viene incluida la masacre, nos comimos a los neandertales y ante cualquier sutil diferencia colocamos figuras de origami sobre el otro, porque es más fácil dispararle a un tigre de papel que a un niño. La metáfora y la alegoría son necesarias sino corremos el riesgo de terminar como Lady Macbeth y vernos plagados de sangre que no podemos limpiar o condenarnos al insomnio como en El Maquinista. Por suerte a mí lo único que me quita el sueño es el amor, sabemos que la ley que rige a los monos es la de la violación, que es el trauma ontogénico del humano. El agape, storge, filia y eros nacen de la misma diosa, el nacimiento de Afrodita es precedido de la castración de Urano, es evidente que no podemos extirpar la violencia ni la sangre de los hombres, pero sí podemos emascular la patanería y el abuso, podemos librar esa última titanomaquia.

* El Superyó me imagino que serían las tropas de reconocimiento.
** Ahora además sabemos que los titanes de la serie en verdad son humanos, lo que contribuye convenientemente al punto que trato de señalar.


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