1.- Respecto a las películas antiguas que van del 68 al 73, siendo bondadoso creo
que pueden rescatarse las dos primeras. Personalmente me gusta más la segunda
que la primera, supongo que por lo de la gente mutante/radioactiva, el cumísima
efecto de las máscaras/caras de los humanos, el culto a la ojiva nuclear y el
absurdo general del argumento, se nota la precaria cohesión de todo, pero por
alguna desconocida razón toca la tecla. Las restantes tres van haciéndose más y
más infumables progresivamente, la última es casi como morir en vida verla. Quería mencionar que siempre encontré que la primera película tiene
espacios en que argumentalmente se asemeja mucho a un corto de Disney del perro
Pluto, se llama Pluto's judgement day el
cortometraje en cuestión y trata de que el perro después de matonear gatos se
queda dormido y tiene una pesadilla en que es juzgado por gatos, como un
apocalipsis en que los gatos son los santos y los santores, me acuerdo que en
el Planeta de los simios, la primera, a Taylor lo someten a un juicio donde no lo dejan hablar y varias veces repite lo de estar en un sueño,
durante todo el proceso lanza bravatas y aduce estar soñando, niega la realidad
a la que se le somete, eso es muy Segismundo. Probablemente el tópico sea "a tus enemigos les tocará juzgarte" y muy probablemente sea más antiguo incluso que la animación, ahora que lo pienso Fuenteovejuna y La vida es sueño
tienen harto de eso, en verdad la temática debe estar abordándose desde tiempo inmemoriales, suena deuteronómico de hecho, pero la cuestión es que hogaño es totalmente vigente.
2.- En lo personal, la
nueva saga me gusta más, además se pone mejor sucesivamente. Hay varias
cosas que me gustan, una es la escena cuando Cesar luego del
alzamiento de Koba (en Dawn of the planet of the apes) vuelve a su antigua casa, donde vivía con James Franco, y
toma una videograbadora y ve imágenes de él con su antiguo amo o padre o la denominación que sea más adecuada, luego aparece su hijo y le pregunta dónde es eso o cuándo, no recuerdo bien la formulación exacta, pero le responde que era su hogar. Ahora, por qué me gusta, quizá porque me agrada la idea de que la infancia sea a final de cuentas nuestro hogar verdadero, nuestra única patria real es la infancia. De la última me gustó un poco todo, lo de Cesar/Moisés, lo de la niña Nova con Maurice y el mono con chaqueta que me recordó a Carlitos Zambrano.
3.- Como
es de público conocimiento yo soy bolchevique, recalcitrantemente bolchevique,
tan militante y comprometido con la poesía soviética que mi libro favorito del
ramo es el ¿Qué hacer? de Lenin. Ahora,
qué tiene que ver esta afirmación con el Planeta
de los simios. Pues bien, lo que pasa es que si observamos el conflicto que
se desarrolla en la segunda película (Dawn of the planet of the apes) volveremos
a una pregunta que se ha planteado durante largo tiempo por los sectores
revolucionarios -y reaccionarios también, por qué no incluirlos-: ¿es posible
la coexistencia simio-hombre? ¿Es acaso un estado elegible y deseable en
nuestro camino a la emancipación? Y aquí mi respuesta es ¡no!, el mismo “no” fundante.
No es posible bajo ninguna circunstancia la coexistencia pacífica entre bloques
tan antagónicos y cualquier visión que pretenda revindicar dicha política no es
más que revisionismo barato, respaldado por una intelectualidad timorata y una debilidad
de convicción profunda. Algunos en su momento pregonaron por la
desestalinización, yo por el contrario llamo a la lucha, al conflicto y a la más
radical kobatización del estado.
4.- Igualmente,
es de manejo público que a mí no me gustan los primates. Ninguno en ninguna
forma, todos me parecen insufribles y estúpidos, todos sin ninguna excepción, eso
incluye simios, mandriles, orangutanes, monos, camonos, gorilas, chimpancés y bonobos.
Todos son criaturas sucias e insulsas para mí. Los simios me generan una sensación
terrible, un asco profundo, como esa sensación que da cuando uno ve esas love
dolls japonesas o las muñecas de Hans Bellmer, ya saben, lo del valle inquietante
y todo eso. Su natural y evidente similitud a los humanos me parece atroz, además
que los monos han servido para la proliferación de ideas terribles, como por
ejemplo eso de que somos parientes de ellos, primos o qué sé yo, y que estamos
vinculados indisolublemente a su naturaleza y a la naturaleza misma inclusive.
Horroroso, en la historia del hombre la naturaleza siempre ha sido una enemiga, por suerte pudimos salir de la ciénaga de la idiotez y la crueldad de la intemperie, si hay que ver a los monos de alguna forma es como un sello, como
el registro indeleble de que nunca jamás hay que volver, ojalá en el
futuro vivir como los Supersónicos, lo más lejano posible de las inclemencias e inmisericordias del clima o el medioambiente, ojalá vivir en el espacio y que la tierra sea un yermo, un paisaje anecúmene, volver a lo de terra australis incognita.
5.- Siempre me ha llamado la atención la norma fundamental e inviolable de los simios, lo de simio no mata a simio. Cuando veo las películas, nuevas o viejas, siempre me salta en la cara la máxima y me produce extrañeza. Lo que intento decir es que cuando la escucho me suena como algo súper ajeno, pero en verdad los humanos tenemos la misma regla, es el quinto mandamiento. Bataille dice que lo de no matar es una norma propia de la primera civilidad humana y que está asociada al rechazo del hombre a la sangre, por eso el rechazo a la menstruación también, siempre le he encontrado sentido a eso, las palabras del escritor digo, su explicación me trae a la cabeza esa frase que le dice Dios a Caín cuando mata a su hermano, no tengo una biblia a mano pero dice algo así: ¿qué haz hecho? siento la sangre de Abel clamándome desde suelo. En fin, hablaba de lo de ape no kill ape y cuando uno lo escucha pronunciar suena lejano, como algo que nos faltara a los humanos convenir e interiorizar, pero ya existe, entonces me acuerdo igual de esa escena cuando los gorilas van a la zona prohibida, donde están los humanos, y proyectan esas imágenes de monos crucificados y en llamas, sufriendo caleta, y el orangután les dice a los soldados que les disparen, que terminen con su dolor y el general lo detiene y dice que no, que un simios jamás va a matar a otro simio. Eso da para preguntarse lo absoluto del valor de la vida o sobre la preservación de la especia, pero a mí todo me parece tibio, todo me deja inconforme, los humanos nos autoimpusimos la regla de no matarnos, pero nos infringimos daño y nos torturamos hasta perder el sentido, siempre cuidadosos de no sobrepasar el borde ¿por qué le tenemos tanto miedo a apretar el gatillo?
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