Estoy mirando fijo una hoja en blanco, aunque realmente no
sea una hoja, es la pantalla de mi computadora y tengo abierto Word, pero estoy
mirando fijo el fondo albo que me proporciona el programa, juego a escribir
algunas líneas, escribo y borro, borro y escribo, me la llevo haciendo eso un
buen rato sin redactar en verdad nada. Por suerte a la mitad de mi performance
de Sísifo llega Rigoberto con droga, tomamos té y fumamos y se me pasa el día
en eso, pero eventualmente Rigoberto se va y quedo de nuevo con la pantalla iluminándome
la cara y vuelvo a pisar sobre mis huellas, continúo sin avanzar un línea y mis
tecleos se vuelven más erráticos debido al consumo previo de drogas. No se me
ocurre nada, me digo a mí mismo, de qué chucha voy a escribir. Así que por un
segundo se cruza cual relámpago la idea de que tengo que conseguir trabajo
de nuevo, el ocio me está matando, hay días que veo hasta cuatro películas, no
llevo ni un mes de vuelta en Concepción y el exceso de tiempo me tiene ahogado,
pero luego, al igual que en la naturaleza, llega el trueno, el sonido de mi
propia voz diciéndome que debo trabajar me abre los ojos. Qué mierda estoy
pensando, qué clase de basura flota en mi mente que crea la necesidad
artificial de tener que trabajar, antes de irme a Iquique por un mes renuncié a
la pega que tenía acá, me acuerdo que cuando estaba en el umbral me dije a mí mismo algo así como que jamás iba a volver a pisar ese basurero lleno de
ingenieros sobreactuados y compañeros de labor insufribles, me hubiera
encantado envenenar a toda esa manga de patanes, pero me contuve, no lo hice,
sencillamente me fui. En fin, me llama la atención ese mito generalizado que se
tiene, está de alguna manera inserto en el sentido común de todos, de que el
ocio genera aburrimiento, que sin tareas la gente se vuelve loca, obvio que
debe estar ligado al pragmático culto al trabajo y más todavía al rechazo al
ocio que el capital ha sembrado en todos sus siervos, pero lo que más me
espanta es el poco horror que genera esto, imagínense que es tan evidente lo
poco dignificante de la dedicación empecinada al trabajo que un trabajador
después de trabajar como perro durante años no recibe una pensión decente al momento
de retirase, a ese nivel está vedado el ocio en nuestras vidas, lo extirparon
de cuajo, la único opción posible al trabajo es la muerte. Los griegos eran
súper alérgicos al trabajo, de hecho era hasta mal mirado dedicarse mucho a los
negocios, Platón en la República sanciona con pena de cárcel la actividad
comercial, que la iglesia católica igualmente condenó hasta entrada la edad
media. Como dijo Álvaro Campos por ahí, las bases de la cultura en el psicoanálisis
son el eros y ananké, el amor y la necesidad, el trabajo es una cuestión que
existe sólo en proporción a la necesidad humana que lo requiera y por lo mismo
es tan repudiable trabaja demás. Creo ser un hombre más afín con las
actividades metafísicas, en todas las dimensiones y connotaciones de la
palabra, así que a veces soy reticente hasta para escribir, sólo anoto cosas
sueltas y leo o veo muchas películas o sencillamente no hago nada, pongo música
y miro un buen rato el techo, si hay buen tiempo quizá salgo a caminar, pero
esencialmente no hago mucho y les juro que no me aburro, algunos momentos creo
estar aburrido, pero lavo la loza u ordeno mis libros y se me pasa. Me siento
muy ese Henry Miller que describe Anais Nin en sus diarios, un tipo muy
ordenado, muy limpio, muy dedicado a las labores más improductivas y
despreciadas por la sociedad, eso a su vez me trae a la cabeza Bartleby, me siento muy él y prefiero no
hacer nada, boicotear el sistema desde mi pieza, lo que a su vez me recuerda ese
cuento de Kafka, Un artista del hambre,
del tipo que su show en el circo era no comer, no hacer nada, congrego con
todas esas figuras, estoy tratando de buscar la trascendentalidad de Emerson,
me siento una especie de Boecio moderno o posmoderno, busco la verdad de Milton
en la inactividad, de hecho llamo a todos sin sorna alguna a detenerse, a
quedarse en sus casas y regodearse en la absoluta libertad a que nos somete el
tiempo.
Uffff entradaza que se sacó. Le cuento que resoné con cada idea que se mandó, cada papita que escribió. Celebro todo, vieja.
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