en general, no existe algo que me altere demasiado
no me tomo nada tan a pecho,
nada tan en serio
o al menos eso intento
imagino que así lo sobrellevo,
pero, bueno...
algunas veces,
en esos días planos como arandelas,
uno se queda mirando más de la cuenta a través de la ventana de la sala
y puede ver a toda esa gente tan sola observando el mar:
mujeres abatidas,
hombres desolados,
personas ciertamente aisladas;
parecen clavadistas intentando encontrar el fondo de la alberca
mirando fijo y sobre lo alto
una especie de hondura heredada,
una distancia inescrutable
que cada una de las olas azotando el roquerío
viene a confirmar,
pero cuando el mar se retira y la espuma se diluye
se exhibe finalmente lo ineludible:
su insuficiencia,
su absoluta incapacidad de hallar el fondo.
supongo que yo también soy un clavadista
y solamente tengo una mejor vista
No hay comentarios:
Publicar un comentario