jueves, 18 de febrero de 2021

otra lista: una bofetada al gusto del público.

00.- Cuando se habla de ciencia ficción, muchas veces, se hace necesario aclarar un par de cosas. Por ejemplo, la gente que dice gustar de la ciencia ficción, en verdad, no le gusta ni de cerca.

 

01.- Yo prefiero la denominación: literatura futurológica o, no sé, literatura de la futurología. Pero, siendo sincero, la etiqueta "ficción" es suficiente, no veo razón para picar más fino que eso.

 

02.- El concepto de futuro genera un vacío insondable que, por razones que jamás terminaríamos de explicar, nadie logra llenar. El pasado, al contrario, no es una entidad obtusa: son personas y palabras específicas.

 

03.- La ciencia ficción es una categoría hueca a momentos. Los estudios literarios más entusiastas han logrado prolongar su vida útil heroicamente, ya como tipología autónoma, ya como una rama de la literatura fantástica. Yo pienso que no hay que ser tan rígidos, simplemente no tiene sentido.

 

04.- La ciencia ficción prosperó esencialmente en los llamados países desarrollados, en especial en Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, pero ejemplos de este género pueden encontrarse en casi todas las literaturas nacionales, lo que vuelve muy ridícula toda discusión sobre su origen.

 

05.- Algunos rastrean esquemas narrativos o tropoi propios de la ciencia ficción en textos como el poema de Gilgamesh, o sea, al menos tiene 4000 años de antigüedad este género de factura tan pretendidamente “moderna”.

 

06.- La ciencia ficción no es nada nuevo, nunca lo ha sido. La ciencia ficción no es patrimonio de occidente, nunca lo fue (además, qué vendría a ser occidente a estas alturas). Lo que sí es nuevo y, por decirlo de alguna manera, autóctono al género, es su relación con el lenguaje, principalmente: su relación con el discurso del presente y la certidumbre; el habla de lo verídico, la narración de lo probable y el discurso científico.

 

07.- Una vez un amigo de la Toña me dijo que a mí no me gustaba lo suficiente la ciencia ficción, lo dijo con un dejo de desprecio y superioridad intelectual. Me dio rabia en el momento. Me lo dijo en el Martínez, más encima, hace varios años atrás. Ahora le encuentro razón, pero sigo pensando que es un imbécil.

 

08.- La ciencia ficción tiene cuatro fundadores, todos perfectos hombres blancos. Aunque, en estricto rigor, son dos: Hugo Gernsback y Donald Wollheim, que fueron los que hicieron la pega de inventar todo esto. Los autores propiamente dichos.

 

09.- Sí, la ciencia ficción fue fundada por dos editores judíos de medio pelo. Al menos eso nos pretenden contar. Los otros dos son Verne y H. G. Wells. De cualquiera manera, es falsa toda la historia esa de que ellos fueron los fundadores, Mary Shelley publicó Frankenstein o el Prometeo moderno en 1918. Ocurre que la ciencia ficción oficial es un megarelato, además, no cualquier tipo de megarelato, sino uno autofágico. 

 

10.- Debido a este debate, la ciencia ficción oficial elaboró el concepto, no menos útil, de los “pioneros de la ciencia ficción”, con el propósito de separarlos de sus fundadores y las ridículas novelas de “ciencia ficción dura”. Por lo tanto, tenemos que creer que unos tipos supuestamente fundaron algo que una galla había hecho cincuenta años antes. Es por eso que los textos actualmente registran ambas fechas, lo que es extraño y confuso, pero tiene sentido, de alguna manera, porque es de ciencia ficción de lo que hablamos, a fin de cuentas.

 

11.- Y no termina allí, los Premios Hugo localizan en el año 1926 el hito fundacional de la “ciencia ficción moderna”. En 1879 Eduardo Holmberg publicó Horacio Kalibang y los autómatas en la Argentina, que es el antecedente, en estricto rigor filológico, más confiable sobre "ficción científica" en el continente. Como eso lo arruinaría todo, sitúan en Horacio Quiroga el límite interior de la ciencia ficción latinoamericana (los muy patudos), que, de cualquier forma, nos deja en 1910 con el Hombre artificial. Edgar Rice Burroughs presentará recién en 1912 Bajo las lunas de marte.

 

12.- Entonces, saltándonos las expresiones vernáculas, existen al menos tres ciencias ficciones reconocibles: una oficial que nace a principio del siglo veinte y se considera a sí misma la continuadora de Wells y Julio Verne; la otra, fundada por Mary Shelley, que sigue un camino propio en Inglaterra y Europa; y, finalmente, el Futurismo italiano y soviético.

 

13.-La trifurcación genera, a su vez, tres consecuencias: la ciencia ficción gringa y europea, quizá suene evidente, pero siempre es científica; también, siempre es optimista (aún en sus modalidades más críticas); y, por último, siempre es narrativa. No existe una rama lírica para la ciencia ficción oficializada. El Futurismo, por definición, se contrapone al todo liberalismo: es irracional, anticientífico, pesimista y fundamentalmente poético. 

 

14.- Imagínense que en 1927 Julio Garmendia publicó La tienda de muñecos. Los muy recientes expertos del género, que proliferaron como los tábanos, decidieron que lo del venezolano era “realismo fantástico”, desclasificándolo del almanaque hasta 1994.

 

15.- Ese amigo estúpido de la Toña me dijo eso, recuerdo, porque no me había leído Solaris. Igual creo que ese amigo de la Toña jamás entendió una idea muy importante: apreciar las más grandes, bellas y sofisticadas obras de la literatura universal no significa, ni de cerca, que puedas generarlas tú, menos todavía entenderlas.

 

16.- El antecedente de Shelley es Esquilo, obvio, pero su continuador, según yo, es Kurt Vonnegut. Daría mi vida por esta idea. Yo pienso que todo el New wave británico es, en el fondo, continuador de esa narrativa, pero es porque Shelley, como Ballard, por ejemplo, no buscan la generalidad en sus textos, son escritores que se guían por la voz. Corrijo... Son escritores guiados por las voces.

 

17.- Definitivamente, el año ’73 fue el año de la ciencia ficción, la oficial, quiero decir. Ocurrieron suficientes cosas para creer que se articularon como un grupo definido y jerarquizado; el punto Jonbar dentro de su megarelato. Le robaron el premio a Thomas Pynchon y, a la vez que proscribieron al autor, se lo dieron a un amigo de la casa. Qué decir de lo que pasaba en Chile: el año de la ciencia ficción fascista.

 

18.- El Futurismo (italiano y ruso) fue la versión de vanguardia de la ciencia ficción. Fue en 1908 cuando el manifiesto que escribió Marinetti se publicó en Francia. Tanto él como Mayakovski odiaban a la gente como Verne y Dumas. Odiaban a los burgueses, a los editores y a los lectores. Y en ese orden. Evidentemente, el Futurismo se comporta como la antípoda de la ciencia ficción oficial (space opera y anticipación), tanto así, que Marinetti y Mayakovski llevaron su idea de movimiento y progreso, cada cual, en sus respectivos países, a los límites más elevados que la ciencia ficción tiene registro.

 

19.- Ciencia ficción como política de estado. Claro, Marinetti era un fascista, pero la experiencia del Prolekult, del otro lado de los Urales, fue algo demasiado maravilloso como para describirlo con mis míseras y burdas palabras. Imagínate ser una campesina ucraniana o bielorrusa que ve aparecer a Lenin con su comitiva desde las entrañas mismas de una mole de acero, carbón y fuego, con los cuadros de Goncharova pintados en cada costado, una trabajadora que probablemente jamás vio un tren en su vida, me parece sublime, terrorífico también, pero sublime al final.

 

20.- En realidad me gusta la ciencia ficción, sólo que a nadie le agrada que lo presionen, menos por tan poco. Algo que me gusta harto de la ciencia ficción es que, por cuestiones que podríamos suponer, pero jamás afirmar, es del tipo de expresión literaria que menos escritores realizan, en el sentido de “escritores profesionales”, siempre son periodistas, fanáticos, científicos venidos a menos, maestros mediocres, etc. Lo que digo es que alguien, no sé, como Pérez Reverte o Vargas Llosa, jamás escribirían una novela de ciencia ficción.

 

21.- En Chile siempre dicen que Hugo Correa es el padre de la ciencia ficción, pero yo lo pongo en duda. En Chile jamás proliferó la narrativa fantástica, no existe escuela ni posta alguna (Donoso es un archipiélago por sí solo); por el contrario, hay una larga tradición de novela realista y social. En Sudamérica, por los sucesivos golpes de estado, se vivió una muerte de todas las forma de expresión cultural, entre ellas, la paradójicamente incipiente ciencia ficción sudamericana, eso dura dos décadas al menos. Para hablar de ciencia ficción chilena hay que leer a Elena Aldunate y a Héctor Pinochet, porque “padre es el que cría”, dicen.

 

22.- El Neuromante marca un hito de decadencia en el género, de agotamiento, aunque el ciberpunk es algo evidentemente ideado por Philip K. Dick, no por Gibson. Así que el ciberpunk vendría a ser nuestra Jerusalén y como dice acertadamente Spider Jerusalem: el futuro nos impone ir a lugares donde no deseábamos estar.

 

23.- La ciencia ficción de forma natural, en todos los rincones del mundo, en África e Hispanoamérica, en Oriente Próximo y a través de las cuencas del río Mekong, ha fructificado. Cuando digo que al fandom no le gusta verdaderamente la ciencia ficción, intento evidenciar que ellos están enamorados de un escenario, de una puesta en escena más bien, pero no de un género, menos aún de una expresión literaria o artística genuina, son como esos turistas que nunca salen del resort; unos lateros, honestamente.

 

24.- A uno le gustan más los autores que exploran o problematizan sobre el concepto mismo del género o sobre el “futuro”, no sé. Pienso que, en los Estados Unidos, por lejos, los escritores que más han roto la valla son Dick, William Burroughs, Le Guin y Thomas Pynchon. En esa misma línea o incursiones están Borges y Lem, incluso, Ted Chung. Bien lejos de esa escenificación masificada que, en buena medida, el mercado editorial y cinematográfico han generado, una escenificación que es absolutamente cóncava, como las ventanas de una estación espacial, una escenificación que no tiene nada que ver con el cine ni con la literatura. 

 

25.- Imagínate catalogar cosas como Ruido de fondo o Cosmópolis, que han sido leídas y representadas como relatos de ciencia ficción, al menos en sus recodificaciones teatrales y cinematográficas, textos donde DeLillo jamás ha querido afirmar ni vetar lecturas, donde el autor abandona el buque, porque no vale la pena, porque ya no le interesa, porque sabe muy bien que en los lectores (los consumidores, realmente) no hay nada que disputar, no existe ninguna lucha que valga la pena librar allí, entre los "lectores", los desagradables "lectores", los malditos "lectores" que creen que el arte está para ellos: a sus pies. 


26.- Tololo significa "al borde del abismo" o "cercano al abismo", esas serían interpretaciones aceptables del concepto, de la palabra. Me interesa la ciencia ficción, porque late un en mí un sentimiento irrefrenable de querer destruirla por completo, hacer papel picado con esas antologías asquerosas, transformar esta aberración en la religión mistérica que siempre fue, aunque eso me coloca a mí mismo en un desfiladero, frente a una tarea muy superior en comparación con mis pobres capacidades.


27.- Las historias con temáticas cibernético-virtual tienden a hacernos reflexionar sobre nosotros mismos, acerca del yo, todo el resto de la ciencia ficción gira en torno al otro. Alien, que podría funcionar perfectamente como un slasherse torna una dura reflexión de lo solo que estamos, lo vulnerable que somos ante todo lo que nos rodea y, más terrible que eso, de lo débiles e impotentes que resultamos ser frente a los demás, frente a sus decisiones, voluntades y palabras.


28.- Tampoco es que se trate de eso, es mi lectura superficial y afectada. Alien, de seguro, trata de otra cosa, quizás de nada, pero la reflexión va encaminada a develar algo más o menos evidente: el espacio exterior, el insondable espacio exterior, es igual de oscuro, hostil y vació que el espacio interior. Toda la soledad de la tierra, cada capital de miseria, albergada en todo ser vivo, genera un edredón perfecto para cubrir al universo. Me gusta pensar que la ciencia ficción nos debería poder enseñar ese gélido abrazo entre ambas certezas, como para no morir de frío.


29.- En fin, no creo que haya buena o mala ciencia ficción. Está repleto de manuales y tratados de cómo escribir una buena novela o cuentos perfectos, divagaciones ridículas acerca del género, que salvo en los estudios formalistas serios, de hace un siglo y medio atrás, no rinden ningún fruto. Igual que los talleres, diplomados y cursos de escritura "creativa", igual que los planes de fomento "lector", igual que todo esa ideología gramatológica, que es tan lucrativa, pero absolutamente estéril. Qué saben estos tipo del pliegue o del amor, si se la pasan preocupando de hacer "pies forzados" o completar la "arquitectura de los escenarios". Estos gallos quieren hacernos volver al tiempo de Amazing Stories, en el mejor de los casos, nos quieren hacer volver a Métal Hurlant.


30.- Sabrás perdonarme, pero mis obras favoritas de ciencia ficción siempre hallan un punto de síntesis en el amor, una grieta de afecto y vulnerabilidad, como en Stars my destination de Bester o El hacedor de estrellas de Stapleton o, incluso, la versión de Solaris de Tarkovsky. Supongo, me gustan, porque de alguna forma me hablan de ti o de lo mucho que te extraño y de que mi único futuro es orbitar ese amor y esa ausencia, como si yo mismo fuese un satélite. ¿Artificial o real? No tengo idea, ahora que suene: satellite of love.

 

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