viernes, 19 de mayo de 2017

Vertigo.

      1) Ayer vi Vértigo, hablo del programa de televisión. Sí, lo vi. ¿Por qué lo vi? No lo tengo muy claro, pero lo más probable es que lo haya hecho por la figura de Checho Hirane. Del programa no me acuerdo mucho, no lo vi completo, prefiero la película que el programa en lo personal, pero quería hablar de Checho Hirane. Me delira ese humorista -además existen pocas oportunidades para hablar de él-, es un tipo rarísimo, porque de entre todos los miembros del sindicato de trabajadores de la comedia nacional socialistas chilena él debe ser, por lejos, el más destacado. Sabida es su vinculación con la dictadura militar, conocida es su fotografía en la que aparece vestido de soldado, marchando el día de las glorias del ejército. ¿Qué mierda pasa por la cabeza de Checho Hirane? No sé, yo creo que es un asiduo consumidor de la filmografía de Kubrick, me recuerda harto al sargento Hartman de hecho. Quería contar que este sujeto animó a finales de los noventa un programa que se llamaba Videos y Penitencias, no me acuerdo íntegramente de la dinámica, pero una de las “penitencias” era estar sentado en un sitial y ser sometido a una especie de variante del método Ludovico, cual Alex DeLarge, que consistía en soportar la rutina de alguno de sus aviesos colegas humoristas. Así que si alguno de ustedes tenía la legítima duda sobre el nivel de complicidad de Checho Hirane con la dictadura, con la violación sistemática a los derechos humanos, pues bien, los invito a buscar videos del programa, porque si ser obligado a escuchar una rutina completa del Charola Pizarro no es tortura o un crimen de lesa humanidad, la verdad yo no sé entonces qué es.
     
     2) A propósito de Vértigo, que aunque no es de mis favoritas de Hitchcock me gusta harto, siempre me trae a la cabeza una frase de Cioran que reza: el verdadero vértigo es la falta de locura. Me parece totalmente aplicable al personaje de Stewart, sobre todo si consideramos la forma en que termina esa película, aunque yo iría un paso más allá y diría que la máxima es totalmente aplicable a la vida. Ahora, lo que más me llama la atención, además del ambiente onírico en que se desenvuelve desde los créditos iniciales, son algunos detalles argumentales. Por ejemplo, el primer personaje que aparece es el delincuente que persiguen Stewart y su compañero, es gracioso el hecho que nunca sepamos qué mierda hizo el sujeto como para que dos policías, que considerando que son policías gringos, persiguen tan pasivamente, no hay un solo disparos ni siquiera le gritan, llega a parecer cómica la situación de la muerte del policía, me viene a la mente esa persecución absurda al inicio de The Other Guys que termina con un salto al vacío. A lo mejor, Vértigo siempre fue una película cómica, nadie la supo entender bien. Me quedo con la escena cuando Kim Novak vuelve a ser Madeleine Elster, vuelve a ser rubia y vuelve a usar el peinado inicial, toda esa escena es tremenda. ¿Real o copia? ¿original o plagio? ¿mentira o verdad? Dicen por ahí que la originalidad no es más que el arte de saber ocultar bien tus fuentes, por su parte, en la película dicen que no hay que quedarse con recuerdos de nuestros crimenes.
    
     3) Por último, como una amalgama de todo lo antes pronunciado, me acordé de una historia que cuenta Rodrigo Eitel sobre su madre. Me parece surrealista el relato, como si lo hubiese sacado de una película de Buñuel. Todos hemos escuchado en mayor o menor medida que durante el gobierno de la unidad popular la beligerancia entre las facciones en pugna era una cuestión cotidiana. En fin, Eitel relata que su madre un día tomó micro para ir al colegio –la mujer en cuestión era de clase acomodada, extraño de partida que se fuera en micro al colegio en esa época, considerando la familia de la que provenía-, al subirse a la micro y en alguno lugar del recorrido una supuesta turba de energúmenos se topa con el autobús, sin ninguna razón aparente y en su desaforo, desaforo que sólo la adhesión al materialismo histórico genera, detienen e intentan volcar el vehículo, no pudiendo cumplir su propósito, y no siendo suficiente ya el absurdo de la historia, la chusma lanza proyectiles contra los ocupantes. Ahora, pudieron tirar piedras -eso pensaría uno-, adoquines, trozos de mobiliario público, pero no, de entre todo el abanico de cosas existente en el universo la turba allendista elige papas, pero no contentos con la letalidad natural de una papa le insertan hojas de afeitar o gillette –aunque no sabemos si precisamente fue esa la marca, no nos consta, ni la historia misma nos consta-. Ahí se acaba la historia, después el tipo pasa a otro tema o era una anécdota que reforzaba un punto, no sé. Siempre me ha dado risa eso. ¿Por qué papas con gillette? Es como algo que usaría batman, o sea, algo que usaría batman si en vez de haber caído a una cueva de murciélagos cuando niño hubiese caído a un campo de papas.

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