Todos los años me llama poderosamente la atención lo mismo,
me maravillo viendo como un pueblo completo se vuelca a la realización de una
actividad religiosa, una especie de procesión laica. Todos los años los
consorcios de comida eligen por medio de una tómbola un día al azar del calendario
y lo designan como día del completo o día nacional del completo, da lo mismo la
denominación. Teniendo establecida la fecha al unísono bajan los precios
de los completos y ¡boom! Un montón de gente hace unas filas larguísimas para
comerse una de esas mierdas. No puede no llamarme la atención, o sea, más allá
de lo estúpida o no de la cuestión, me llama la atención que sean tan largas
las filas, que se agolpen tanto las barras de las sucursales de Domino y
Doggis. Nadie en verdad celebra el día nacional del completo, nadie se lo toma
tan en serio, quizá de manera excepcional alguien puede que haya cargado
particularmente el día con algún tipo de peso emocional, alguien cuya madre se
haya muerto ese día o, peor aún, alguien que haya perdido su madre el día del
completo mientras se encajaba en la boca uno de estos sándwich. Todo el resto
de los humanos no le damos mayor importancia, pero igual la gente va, aunque
resulte hasta anti económico, es extraño, un expediente x del pueblo de
chile. Porque si uno lo piensa y sopesa
la perdida de tiempo y el mínimo ahorro económico que reporta la oferta
tarifaria de ese día se dará cuenta del sin sentido del asunto, pero suponiendo
que, por ejemplo, alguien planifica ir al Domino más lejano e
inaccesible de la octava región, digamos que una extraña sucursal construida en
Talcamávida, posiblemente una franquicia que un tipo compró para efectos de
limpiar cautelosas inversiones en drogas, sigamos suponiendo y pensemos que en
ese terreno idílico, donde no existen las colas, el sujeto hipotético hace
valer la oferta y se compra su completo a mil pesos en lugar de mil quinientos.
Ahora, cuántos completos es posible comer sin antes morir o vomitar, además qué
objeto tiene comer tantos completos, ni siquiera se pueden guardar, un completo
es de consumo en espacios de tiempo bien delimitado, quién sinceramente se
comería más de dos completos, a lo sumo tres. En fin, se preguntaran en éste
punto por qué me puse a hablar de ésto, por qué el Enzo empezó a hablar del día
del completo, qué intenta decirnos, pues bien, lo que pasa es que los
completos-completos, por así nombrarlo, son los italianos, hablo de los que tienen
tomate, palta y mayonesa. El pan junto a esos tres ingredientes hacen el
producto de consumo perfecto, cuando uno piensa en un completo se le viene a la
mente la imagen del que tiene palta y una delgada línea de mayonesa o una
palada de mayonesa, según el gusto, pero en todos los casos lleva palta, Platón
tendría que convenir conmigo que el completo real
siempre va con palta, la idea del completo conlleva lógicamente a la de la
palta. De hecho, la variedad italiano siempre es un poco más cara que su hermana
pobre la con tomate y chucrut, que en lo particular me gusta, pero es claro su linaje inferior. Acordemos entonces que la palta es lo que importa
y esto nos conducirá forzosamente al tema de la palta en la literatura maya y de Ixquic, personaje del Popol Vuh que convencida por rumores de los
dones del fruto del palto se pondrá en camino a encontrarlo, una vez hallado el
árbol terminara por fecundarla a ella, dando a luz a los dioses gemelos, los
dioscuros de la cosmología maya y aquí la historia ya suena conocida para la
mayoría. Lo que intento figurar es que el relato se replica incesantemente: en
La Biblia, en el Popol Vuh, en el Libro de Urantia, etc. El consumo de palta, y
por consiguiente el de completos, tiene un cariz religioso, una plataforma
simbólica se aloja en el acto, una forma de reconstrucción del pacto iniciático
con lo sagrado, con lo mítico, posiblemente sea eso lo que llame a los hijos de
esta tierra a atiborrar los locales o puede que no y sólo este divagando y la
falta de sueño y los efectos de la marihuana estén hablando por mí. Nunca lo
sabremos del todo, pero creo que tengo un punto y que en esta esmirriada franja
de tierra cualquier estupidez tiene potencial litúrgico.
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