miércoles, 24 de mayo de 2017

Día nacional del completo.

Todos los años me llama poderosamente la atención lo mismo, me maravillo viendo como un pueblo completo se vuelca a la realización de una actividad religiosa, una especie de procesión laica. Todos los años los consorcios de comida eligen por medio de una tómbola un día al azar del calendario y lo designan como día del completo o día nacional del completo, da lo mismo la denominación. Teniendo establecida la fecha al unísono bajan los precios de los completos y ¡boom! Un montón de gente hace unas filas larguísimas para comerse una de esas mierdas. No puede no llamarme la atención, o sea, más allá de lo estúpida o no de la cuestión, me llama la atención que sean tan largas las filas, que se agolpen tanto las barras de las sucursales de Domino y Doggis. Nadie en verdad celebra el día nacional del completo, nadie se lo toma tan en serio, quizá de manera excepcional alguien puede que haya cargado particularmente el día con algún tipo de peso emocional, alguien cuya madre se haya muerto ese día o, peor aún, alguien que haya perdido su madre el día del completo mientras se encajaba en la boca uno de estos sándwich. Todo el resto de los humanos no le damos mayor importancia, pero igual la gente va, aunque resulte hasta anti económico, es extraño, un expediente x del pueblo de chile.  Porque si uno lo piensa y sopesa la perdida de tiempo y el mínimo ahorro económico que reporta la oferta tarifaria de ese día se dará cuenta del sin sentido del asunto, pero suponiendo que, por ejemplo, alguien planifica ir al Domino más lejano e inaccesible de la octava región, digamos que una extraña sucursal construida en Talcamávida, posiblemente una franquicia que un tipo compró para efectos de limpiar cautelosas inversiones en drogas, sigamos suponiendo y pensemos que en ese terreno idílico, donde no existen las colas, el sujeto hipotético hace valer la oferta y se compra su completo a mil pesos en lugar de mil quinientos. Ahora, cuántos completos es posible comer sin antes morir o vomitar, además qué objeto tiene comer tantos completos, ni siquiera se pueden guardar, un completo es de consumo en espacios de tiempo bien delimitado, quién sinceramente se comería más de dos completos, a lo sumo tres. En fin, se preguntaran en éste punto por qué me puse a hablar de ésto, por qué el Enzo empezó a hablar del día del completo, qué intenta decirnos, pues bien, lo que pasa es que los completos-completos, por así nombrarlo, son los italianos, hablo de los que tienen tomate, palta y mayonesa. El pan junto a esos tres ingredientes hacen el producto de consumo perfecto, cuando uno piensa en un completo se le viene a la mente la imagen del que tiene palta y una delgada línea de mayonesa o una palada de mayonesa, según el gusto, pero en todos los casos lleva palta, Platón tendría que convenir conmigo que el completo real siempre va con palta, la idea del completo conlleva lógicamente a la de la palta. De hecho, la variedad italiano siempre es un poco más cara que su hermana pobre la con tomate y chucrut, que en lo particular me gusta, pero es claro su linaje inferior. Acordemos entonces que la palta es lo que importa y esto nos conducirá forzosamente al tema de la palta en la literatura maya y de Ixquic, personaje del Popol Vuh que convencida por rumores de los dones del fruto del palto se pondrá en camino a encontrarlo, una vez hallado el árbol terminara por fecundarla a ella, dando a luz  a los dioses gemelos, los dioscuros de la cosmología maya y aquí la historia ya suena conocida para la mayoría. Lo que intento figurar es que el relato se replica incesantemente: en La Biblia, en el Popol Vuh, en el Libro de Urantia, etc. El consumo de palta, y por consiguiente el de completos, tiene un cariz religioso, una plataforma simbólica se aloja en el acto, una forma de reconstrucción del pacto iniciático con lo sagrado, con lo mítico, posiblemente sea eso lo que llame a los hijos de esta tierra a atiborrar los locales o puede que no y sólo este divagando y la falta de sueño y los efectos de la marihuana estén hablando por mí. Nunca lo sabremos del todo, pero creo que tengo un punto y que en esta esmirriada franja de tierra cualquier estupidez tiene potencial litúrgico. 

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